El avión de Jaime, rumbo a Río de Janeiro

Luego de estar cuatro meses estacionado en la base de la Fuerza Aérea Uruguaya emplazada al lado del Aeropuerto Internacional de Carrasco, el avión en el que se movía el ex ministro de Transporte, Ricardo Jaime, partió el viernes por la noche con destino a Río de Janeiro.
Los responsables locales de la aeronave habían recibido una intimación de la Fuerza Aérea Uruguaya para que abandone suelo oriental en virtud de que la ley señala que ningún avión con matrícula extranjera puede permanecer más de 120 días en ese territorio.

Hasta los primeros días de agosto, según pudo establecer Clarín, el cuestionado Lear jet Bombardier, con matrícula norteamericana N786YA, había realizado cuatro operaciones en el aeropuerto internacional de Carrasco, una en el aeropuerto de Melilla (que se encuentra ubicado en las afueras de Montevideo) y 19 sobrevuelos sobre espacio aéreo uruguayo.

El origen y día de los vuelos a la terminal aérea de Carrasco fue el siguiente: el 17 de marzo llegó desde el aeropuerto de San Fernando; el 25 de marzo lo hizo desde Florianópolis; y el 25 de abril volvió a viajar desde San Fernando.

El 22 de mayo, proveniente otra vez de San Fernando, fue la cuarta entrada en el año a suelo uruguayo.

Esta entrada significó la estadía en territorio oriental más extensa de todas: al menos estuvo más de dos meses parado en uno de los hangares de la Base Aérea N° 1, mientras que en las otras tres oportunidades que arribó por el aeropuerto internacional de Carrasco, e inclusive también cuando lo hizo por Melilla, estuvo sólo unas horas.

En el bimestre agosto-septiembre el avión en cuestión habría hecho algún otro vuelo más (aparentemente con destino a Brasil), para retornar luego al aeropuerto de Carrasco.

Esto entonces es lo que explicaría el hecho de que este fin de semana se cumplieron los 120 días de permanencia que marca la ley uruguaya, días que se suman en año calendario.

Según señala el diario El País, citando fuentes aeronáuticas, el avión voló rumbo a Brasil sólo con la tripulación y sin ningún pasajero.

La estadía por el lapso de cuatro meses en suelo uruguayo significó para los dueños del avión un gasto aproximado de US$ 6.000, en concepto de estadía y alquiler del hangar y las instalaciones de la Base Aérea.

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