La avenida más ancha

Hay que reconocerlo: Aldo Rico conserva el mismo corazón y el mismo pensamiento. Esta semana el ex carapintada volvió a brillar en los medios de comunicación con sus ideas de siempre. Reynaldo Sietecase.
Hay que reconocerlo: Aldo Rico conserva el mismo corazón y el mismo pensamiento. Es lo que escribió Nazim Hikmet: “Pasé como una bala estos diez años de encarcelamiento/ pues salvo este mal al hígado/ conservo el mismo corazón y el mismo pensamiento”. Claro que cuando el poeta turco imaginó esos versos acababa de salir de prisión por su activismo comunista. Aldo Rico, en cambio, no estuvo preso y se dedica a combatir al comunismo. Los separa un abismo, los acerca una frase. Esta semana el ex carapintada volvió a brillar en los medios de comunicación con sus ideas de siempre.

Acaba de ganar las elecciones internas del Partido Justicialista en San Miguel contra lo que definió “el aparato” de la municipalidad. Su víctima electoral se llama Joaquín de la Torre, quien llegó a la intendencia en las listas del Frente para la Victoria el año pasado y había decretado “el fin del riquismo”. Pero los muertos que mata De la Torre gozan de buena salud y van por más.

Rico aspira a gobernar San Miguel –como lo hizo en 1997 y en 2003– pero esta vez quiere llegar para quedarse mucho tiempo: “Hay que atornillarse en el poder hasta que te saquen”, anunció. El primer paso es participar el año que viene como candidato a concejal encabezando las listas del peronismo. El Movimiento por la Dignidad Nacional (Modin), sello que creó a comienzo de los 90, descansa en paz.

Para sorpresa de muchos, su regreso a las grandes ligas de la política fue auspiciado por el diputado Carlos Kunkel, un hombre que militó en el sector revolucionario del peronismo durante los 70 y estuvo varios años preso durante la última dictadura militar.

“Soy muy amigo de Kunkel”, explica Rico y remata: “Kunkel piensa como yo y yo pienso como Kunkel, somos peronistas”.

A Aldo Rico le molesta que lo asocien con el pensamiento de derecha. “No soy de izquierda ni de derecha, soy peronista”, insiste. Anda como el personaje de Osvaldo Soriano en No habrá más penas ni olvido, ese hombre que angustiado ante el inminente estallido del conflicto con otro sector del peronismo de su pueblo se plantea: “Dicen que somos bolches. ¿Bolches? ¿Cómo bolches? Pero si yo siempre fui peronista…, nunca me metí en política”. Rico está en política desde hace veinte años. Además de intendente fue diputado, convencional constituyente y durante cuatro meses ministro de Seguridad del gobernador Carlos Ruckauff, cargo que dejó en medio de fuertes críticas. Antes se reveló dos veces contra el gobierno de Raúl Alfonsín, en la Semana Santa del 87 y en el 88, acciones que todavía reivindica: “Me sublevé en defensa de mis hombres”. Entonces era teniente coronel y exhibía con orgullo su desempeño en la guerra de Malvinas.

No cambió nada. Como en aquellos años, piensa que hay que darles una solución política a los juicios a los militares, “hay que superar las secuelas de la guerra civil”, afirma. Guerra, dice, y cuestiona la doctrina judicial que habla de represión estatal y crímenes de lesa humanidad. Es la teoría de los dos demonios en su estado puro. Sólo en esta cuestión acepta que puede tener alguna diferencia con el Gobierno.

Para el ex intendente, si se juzga a unos hay que juzgar “a los otros” (Montoneros y otras organizaciones guerrilleras) y, en todo caso, aplicar una amnistía para todos los bandos. No lo puedo evitar, pienso en la extraña pareja que forma con Kunkel. Rico aporta una nueva explicación: “Los que mejor entendemos esto somos los soldados. Él fue combatiente como yo y los combatientes nos entendemos. Como nos entendemos con los veteranos ingleses con los que luchamos en Malvinas”.

Pero volvamos al plano menos cruento de las ideas. Hace unos meses, Rico señaló: “Afortunadamente los Kirchner tomaron mis ideas y las llevan adelante”. De esa manera explica la buena sintonía que mantiene con el oficialismo. “Yo me opuse al modelo de transferencia del patrimonio que se hizo durante el gobierno Menem –quien, en su momento, lo indultó por los levantamientos de los ochenta– y si la Presidenta recupera lo que vendimos o entregamos vilmente, Aerolíneas Argentinas, las jubilaciones, yo la voy a acompañar. Ojalá que vayamos por YPF, la renta petrolera no puede estar en manos extranjeras.”

Aldo ha vuelto y camina altivo por la ancha avenida del peronismo. Como la 9 de Julio, la avenida más ancha del mundo.

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