Avanzan los conservadores en Europa y crece la ultraderecha

La derecha se impuso en 24 de los 27 países de la Unión, entre ellos España, Italia, Alemania y Portugal. Partidos racistas y xenófobos consiguieron una importante cantidad de votos. Y también los verdes. Fuerte derrota de los socialistas.
Las elecciones europeas confirmaron ayer la hegemonía de la derecha en el mayor parlamento democrático del mundo. En la Eurocámara electa por los ciudadanos de 27 países crecen los conservadores y varios partidos nacionalistas, de extrema derecha, euroescépticos y también los verdes. Caen los socialistas.

La derecha gobernante se impuso sin sorpresas en Alemania, Francia e Italia, y derrotó desde la oposición a la izquierda en el poder en España, Austria y Portugal. Al término de cuatro días de comicios en los 27 países de la UE, la izquierda, minoritaria en un continente claramente dominado por los gobiernos conservadores, confirmó sus peores temores, con una sonada derrota que podría acentuarse con los resultados de las elecciones británicas, todavía por anunciarse oficialmente.

Los resultados de estas elecciones, en las que tenían derecho a voto hasta 388 millones de personas, son también la constatación del creciente desinterés de la calle con las instituciones europeas, a pesar de que los eurodiputados recién elegidos tendrán, por las últimas reformas institucionales, más competencias que nunca y más de un 70% de la legislación que se aplica cada día a los ciudadanos la deciden las instituciones europeas.

La mayoría de los europeos, según los sondeos de los últimos meses, consideran que la UE no está haciendo lo suficiente para enfrentar la crisis económica y el auge imparable del desempleo. La Comisión Europa saliente, de tendencia mayoritariamente liberal, ha reaccionado tarde y con timidez a la crisis y apenas ha conseguido coordinar las medidas nacionales para que no se desatara una espiral proteccionista.

A elevar la participación tampoco ayudaron los líderes políticos, ni gobernantes ni opositores. Se cuentan con una mano los partidos que hicieron campaña en clave europea, pues la mayoría de los partidos gobernantes basó su discurso en temas nacionales y los opositores pusieron sus esperanzas en desgastar a los gobiernos.

Si la clase política no se toma a la UE en serio, difícilmente podrá exigir a sus ciudadanos que lo hagan. Así, la abstención siguió creciendo y alcanzó la tasa récord del 57%. En algunos países llegó a superar el 75%.

El presidente saliente del Europarlamento, el alemán Hans-Gert Poettering, estimó que la baja participación obliga a los "partidos políticos y a la prensa a examinar los medios para mejorar la forma" de comunicar la importancia de la Eurocámara, llamada a convertirse en la más poderosa de la historia, de ratificarse el Tratado de Lisboa.

Varios gobiernos fueron castigados en las urnas, como el británico, el español, el portugués, el danés, el esloveno o el griego. Berlusconi en Italia resistió al último gran escándalo provocado por las fotografías de su mansión de vacaciones, pero perdió votos (ver página 20)

En Austria se hundieron los socialistas y los resultados de Alemania, a tres meses de las legislativas, muestran que la gran coalición entre democristianos y socialdemócratas tiene los días contados por la debilidad de estos últimos.

En el Reino Unido creció con fuerza el UK Independence Party, que aboga por sacar a las islas británicas de la Unión Europea y que cabalga la ola del descontento social por la crisis económica. También podría entrar en la Eurocámara el xenófobo British National Party (ver Fuerte castigo...).

Holanda vio como la extrema derecha se convertía en la segunda fuerza política y en Rumanía los extremistas de derecha -que quieren "solución final para los gitanos"- también consiguieron escaños, así como en Hungría, en varios países más del este de Europa, Bélgica, Francia y, por primera vez, el Reino Unido. Su discurso populista basado en el miedo a los inmigrantes en tiempos de crisis y desempleo masivo resultó efectivo.

En cifras paneuropeas, el centro derecha controlará casi el 40% de los escaños, que sumados a los 80 de los diputados liberales les dan casi la mayoría de la cámara. Los socialistas tendrán poco más del 20% y los verdes menos del 8%. El resto se lo repartirán opciones de extrema derecha, extrema izquierda y pequeños partidos que quedarán fuera de los grandes grupos políticos.

El 7 de junio pasará a la historia como una noche negra para la izquierda europea. A pesar de que la crisis financiera se identifica con las políticas económicas liberales, la izquierda perdió terreno considerable en Alemania, Francia, Gran Bretaña, España, Austria, Holanda y Bélgica.

La reacción europea a la crisis económica se está basando en políticas económicas tradicionalmente socialdemócratas, pero evidentemente la izquierda no ha sabido explicar a los ciudadanos sus planes para sacarlos de la crisis.

Sólo gana la izquierda, por castigar a la derecha en el poder, en Grecia, Dinamarca y Eslovaquia. En el resto de Europa su derrota es clara. "Es una noche triste para la socialdemocracia europea", dijo en Bruselas Martin Schulz, líder de los socialdemócratas en la Eurocámara.

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