Avanza el Plan 0km oficial, pero mandarán los autos brasileños

Hay muchas consultas en las concesionarias y mucho entusiasmo entre los vendedores, pero los especialistas prefieren aguardar un poco antes de jugar un pronóstico sobre el resultado del Plan 0km. Avanzan, en cambio, con otra conclusión: se venderán más autos de origen brasileño que de producción argentina. En palabras de un trabajo de la consultora abeceb.com, "parte del esfuerzo del plan será capitalizado por las filiales brasileñas".
El título que Guillermo Moreno le había puesto al principio -"Auto económico"- ya revela que el programa apunta a sectores de ingresos medios. Lo mismo que el requisito de no haber adquirido un 0km en los últimos cinco años. O contar con ingresos personales y comprobables de por los menos 2.500 pesos mensuales.

Como en cualquier plan, las cuotas son un dato clave: más cuando sólo entran quienes en estos años no pudieron comprarse un auto nuevo. Y el sello made in Brasil asoma claramente observando, en el trabajo de abeceb, qué hay disponible para pagos de entre 721 y 810 pesos por mes. De los cuatro modelos incluidos en esta franja, tres son fabricados e importados desde Brasil y apenas uno de producción argentina.

Por arriba de los $ 810 crece la participación de los nacionales. Pero en el listado completo y según las ventas del año pasado, siguen ganando los de afuera: 17 % contra 13 %. Por donde se lo mire, pues, la ventaja mayor queda en otro lugar, aunque la plata salga de aquí. Claro que tal como está la industria local, más que nacional multinacional, con producción y ventas por el piso e inversiones frenadas, cualquier soga viene bien. Y no es poca, si se llega a las 100.000 unidades.

Aún sin ideas precisas sobre el impacto en la actividad interna, fuentes cercanas al sector ya entreven algunos beneficios. Dicen que con toda la consulta que hay, el método es lograr que nadie se vaya sin un auto, de dentro o afuera del plan. Eso aportaría liquidez, que podría quedar en el mismo circuito. Y la apuesta mayor es que cambie el color oscuro subido de las expectativas.

Igual que toda la retahíla de anuncios oficiales de apuro, el plan es una apuesta a revivir la demanda interna. Para las exportaciones recién ahora asoman trascendidos sobre líneas de financiamiento fondeadas por el sistema previsional, a pesar del peso que tienen en el PBI y en la generación de trabajo. Como si no hubiese sido posible articular mercado interno y externo dentro de un programa global.

Más de un funcionario sabe que así es como debe manejarse la economía. Que hace tiempo la crisis internacional es un dato de la realidad. Y que, además, el enfriamiento de la actividad propia fue un proceso largamente anunciado.

También era posible prever, porque no faltaron luces de alerta, que las empresas exportadoras iban a enfrentar serias dificultades para financiar sus ventas al exterior, las medianas nacionales y hasta algunas grandes. Y ahora, más que antes, el crédito les sale carísimo o directamente no existe.

Brasil acusa un problema parecido, especialmente en sectores donde el financiamiento resulta esencial, como el automotriz y la aviación. Pero lo encaró con acción: el Banco Central presta divisas contra garantías atadas a los ingresos por exportaciones; dólares contra dólares.

Es un espejo también por otras cosas. La Asociación de Comercio Exterior brasileña calcula que este año las exportaciones caerían 17 %, agregado al desplome del 38 % de 2008. Así de duro está el mercado mundial. Y en este escenario, donde mandan las recesiones y será tremenda la pelea por colocar bienes, está desde luego la Argentina. Muy sojadependiente, falta de estrategias de mediano y largo plazo, con un gobierno peleado con el campo y sin sacar partido de su sector más competitivo, el agroindustrial.

Además de producción y trabajo, las exportaciones generan divisas. Ya se sabe que serán escasas este año, que el Estado necesitará captar toda la oferta posible para pagar deudas en dólares y contener la salida de capitales. Con el financiamiento externo, todo muy apretado. Tanto que parece inevitable que el juego se lleve reservas del Banco Central.

Así, muchas cosas que no se previeron antes ahora son sacadas de apuro, como el Plan 0km o los tarifazos vertiginosos para achicar la montaña de subsidios: efectos, al fin, de un modelo de gestión siempre gobernado por el cortoplacismo. Un sistema extraño, donde chocan planes de funcionarios, los equipos actúan más disociados que coordinados y en el que el factor dominante son las ideas de unos pocos.

Lo que está claro es que buena parte de la plata y la carga desordenada caen sobre la ANSeS. De nuevo, las urgencias del momento por sobre el largo plazo.

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