Avanza el plan del Gobierno para financiarse con depósitos bancarios

Por Carlos Pagni

La aceleración que adquirió el gasto público y las dificultades para acceder al mercado internacional han llevado al Gobierno a replantear sus mecanismos de financiamiento.

Cristina Kirchner firmó anteayer el decreto de necesidad y urgencia (DNU) Nº 1801 para ampliar el presupuesto nacional en $ 25.000 millones. Para sostener ese incremento en las erogaciones, que no estaba previsto en el proyecto que aprobó el Congreso el año pasado, ya no se recurrirá a una suba equivalente de los ingresos, como ocurría en anteriores oportunidades. Ahora el Tesoro depende de que el Banco Central (BCRA) emita $ 10.000 millones, una suma equivalente a los US$ 2500 millones en Derechos Especiales de Giro (DEG) que transfirió el Fondo Monetario Internacional para fortalecer las reservas de sus socios durante la crisis financiera.

Es una forma de justificar una transferencia que, en otras condiciones, el BCRA no podría realizar. Los $ 15.000 millones restantes se solventarán con un sacrificio del superávit primario: éste ya no será de $ 36.000 millones, como se había previsto, sino de $ 10.000 millones.

El DNU de ampliación presupuestaria es un clásico de fin de año. Hasta ahora esa expansión se financiaba con recursos que también eran mayores que los calculados en la versión original del presupuesto. Pero esta vez ese incremento no fue suficiente. En consecuencia, el Ministerio de Economía depende de que el Banco Central emita $ 10.000 millones. Para especialistas como el ex ministro de Economía Martín Lousteau este mecanismo promete más inflación.

Las dificultades de financiamiento están llevando también al Ministerio de Economía a mirar los excedentes de liquidez de los bancos como fuente de recursos. Amado Boudou estudia un plan de colocación de letras del Tesoro en el sistema financiero local a partir de enero.

La estrategia consiste en capturar los fondos que los depositantes confían a las entidades, pero que éstas se abstienen de prestar. Boudou, que ya anticipó su intención en conversaciones informales con algunos banqueros, calcula que por esta vía conseguiría unos $ 8000 millones a lo largo de 2010. Hacienda remuneraría ese dinero con una tasa de entre 12 y 16%, según el plazo de cada colocación. Pagaría entre 1 y 2% más que lo que el BCRA paga por la colocación de Lebacs. Este cambio de rumbo en el programa de financiamiento da una idea de las dificultades de Boudou. El ministro se había propuesto, como declaró en público varias veces, que la Argentina volviera a abrevar en el mercado voluntario de deuda antes de fin de año, con la colocación de un bono bajo legislación internacional. Pero Néstor Kirchner, que es quien decide también en esta materia, se rehúsa a convalidar una tasa superior al 9,5%, como la que exigen los bancos (Brasil paga 5% por los fondos que le prestan).

Obstáculos

Hay varios obstáculos para bajar el costo del crédito. Uno es la demora en el acuerdo con los tenedores de bonos en default ( holdouts ). Si bien las negociaciones están encaminadas, es difícil que la operación concluya antes de febrero. Cuando eso suceda, Economía podría acceder a un préstamo de US$ 1000 millones de los mismos bancos que realizan el canje.

El acercamiento al Fondo Monetario Internacional, sobre el que tantas expectativas había creado Boudou en la reunión de Estambul, entró en receso. Ni siquiera cabe esperar, en lo inmediato, la revisión del artículo IV. El desencuentro obedece a razones estéticas y sustantivas. Entre las primeras están los requisitos de cumplimiento imposible planteados por Kirchner: "El no quiere que vengan los técnicos del Fondo y se instalen en el Sheraton a hacer declaraciones, como sucedió siempre", explica una autoridad de primer nivel del Palacio de Hacienda. Sin embargo, el escollo más difícil de remover es la negativa del Gobierno a sanear sus estadísticas. Es imposible, entonces, que el FMI se pronuncie sobre la economía argentina sin formular reparos importantes.

También el acuerdo con el Club de París comenzó a empantanarse. El entendimiento debe ser unánime, pero no cuenta con el beneplácito de Italia. Las relaciones de los Kirchner con el gobierno de Silvio Berlusconi, que nunca fueron buenas, están en un pésimo momento. El motivo principal es el avance del oficialismo sobre Telecom Italia, obligada a deshacerse de su participación en Telecom Argentina en beneficio de empresarios cercanos al Gobierno. Fuentes con excelente información sobre este diferendo afirman que Berlusconi manifestó su malestar por esta operación en una carta que nunca le fue contestada.

Bloqueado el vínculo externo, a Boudou se le volvió cada vez más apetecible la liquidez excedente de los bancos. Especialistas del sistema financiero calculan que, descontados los encajes obligatorios, las entidades cuentan con una capacidad prestable ociosa de $ 30.000 millones. Es casi el doble del promedio histórico.

En los bancos se preparan para que el Gobierno acceda a parte de esos recursos colocando letras. Algunos de sus ejecutivos aconsejan adelantarse y ofrecer un acuerdo de financiamiento al ministro de Economía. Uno de ellos lo explicó así ante LA NACION: "Deberíamos evitar el modelo de conducta de las AFJP, que se resistieron a financiar al Estado y terminaron perdiendo todo. La solución debería salir de nosotros mismos para evitar males mayores". En el sistema financiero temen que los Kirchner avancen en el Congreso con una reforma a la ley de entidades financieras, inspirada en las ideas de Guillermo Moreno, quien ha convencido a la Presidenta de la idea de que sólo una intervención del Estado conseguirá que los bancos presten el dinero que atesoran.

Para dar más densidad a este fantasma, Carlos Heller y Mercedes Marcó del Pont han dejado trascender desde hace meses que elaboran una reforma del sistema bancario para presentar en el Parlamento. Imposible, hasta ahora, conocer un borrador de ese látigo.

Negocio redondo

En el mercado hay expertos que, pragmáticos, miran el horizonte sin atemorizarse. Uno de ellos, ex funcionario de Economía durante la gestión de Kirchner, explica: "No habría que presionar a nadie. Prestar fondos al Gobierno por un año a una tasa del 14,5 por ciento es un excelente negocio. Sobre todo si ese dinero está depositado en el Banco Central sin recibir remuneración alguna. En los bancos internacionales se preguntan desde hace tiempo por qué todavía no se adoptó esa salida".

Al escuchar este argumento, un economista de un banco comercial responde: "Es verdad. Pero es posible que la Presidenta o su esposo decidan capturar ese dinero con una escenografía agresiva. Pegarles a los bancos siempre es simpático y en el actual contexto internacional, más. No olvide que Kirchner necesita todos los días un nuevo argumento para conseguir el aval de la izquierda".

Más allá del modo amigable o compulsivo con el que el Gobierno lleve adelante su plan, éste tendrá una consecuencia inevitable, que los economistas anticipan: más inflación. Los expertos llegan a esa conclusión al cabo de este razonamiento: si los bancos le van a prestar al Tesoro, dejarán de prestarle al Central. Por lo tanto, la autoridad monetaria tendrá más dificultades para vender sus Lebacs. La venta de Lebacs fue el camino gracias al cual el BCRA esterilizó los pesos que debía emitir para comprar los dólares que liquidan los exportadores. Ahora esos pesos tendrán los efectos de una expansión monetaria irreversible.

Por esta vía se alcanzan otras evidencias. Para 2010 debe preverse más tensión gremial y un incremento de la pobreza. Pero son problemas a los que, en la perentoria necesidad de cubrir sus gastos exorbitantes, los Kirchner no pueden prestar atención.

Comentá la nota