“Un avance extraordinario”.

“Un avance extraordinario”.
Según el director del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) de la Universidad de La Plata, el juzgamiento de un guerrillero congoleño marca el final de una etapa en la cual los dictadores gozaban de impunidad.
La Corte Penal Internacional (CPI) debutó la semana pasada con el inicio de su primer juicio, acusando de crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad a un ex rebelde y guerrillero congoleño, Thomas Lubanga. Aunque la CPI tardó diez años en llevar a juicio a su primer sospechoso, para el profesor y abogado Norberto Consani, director del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) de la Universidad de La Plata, se trata de un hecho histórico. “Antes, decenas de dictadores alrededor del mundo actuaban con total impunidad; hoy, muchos de ellos saben que tienen la espada de Damocles sobre sus cabezas”, señala en un diálogo telefónico desde San Luis.

–¿Qué lugar ocupa la Corte Penal Internacional (CPI) en el sistema jurídico de la Justicia universal?

–La CPI es un avance extraordinario en la historia de la humanidad. Actualmente, es el único tribunal permanente con mandato y capacidad para juzgar genocidios, crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad. Personalmente, creo que después de un siglo XX tan traumático y devastador con su carga de genocidios y regímenes totalitarios, la CPI es el mejor homenaje que todos los pueblos pudieron hacerle al concepto y el ejercicio de una Justicia universal.

–Si el tribunal se creó en 1998, ¿por qué recién comienza a actuar 10 años después?

–Bueno, los tiempos en el Derecho Internacional Público (DPI) no siempre son los que uno quisiera. De todas maneras, es importante aclarar algo. El Tribunal se crea en la Conferencia de Roma en 1998, pero para que entre en funcionamiento se deben reunir los avales de una mínima cantidad de países. Ese número recién se logró en el 2002 y ello a pesar de la inmensa oposición y el despliegue de influencia que Estados Unidos hizo para que la Corte no pudiera ver la luz. De hecho, países como Estados Unidos, Rusia, China e Israel no firmaron el tratado constitutivo. A propósito de este primer caso con el que el tribunal debuta, el mismo es de suma importancia por las similitudes que reviste con muchos otros conflictos en Africa, por ejemplo en lo que hace al reclutamiento de niños para engrosar las filas de ejércitos irregulares, por lo que sería dable esperar la apertura de otras causas similares.

–Numerosas ONG alrededor del mundo acusan a Israel de cometer crímenes de guerra en Gaza. De hecho, varias denuncias ya fueron presentadas en tribunales españoles para juzgar a militares y funcionarios israelíes por incursiones previas en territorio palestino. El fiscal del tribunal, el argentino Luis Moreno Ocampo, dijo que va a evaluar el tema. ¿Qué posibilidades hay que altos mandos israelíes sean llevados al banquillo?

–Es difícil. Y aquí es donde la política metió la cola. Si bien la CPI es independiente de la ONU, cualquiera de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad puede vetar e interrumpir un proceso iniciado por el tribunal; de alguna manera, ese fue el resguardo de los “grandes” al momento de crear esta instancia. ¡Y aun así algunos de ellos no lo firmaron! No hace falta que aclare entonces qué pasaría si una denuncia hacia miembros del gobierno israelí es llevada hasta la Corte.

–¿Qué les diría entonces a quienes sostienen que la Justicia internacional se calla cuando se trata de pesos pesado?

–Que en muchos casos es cierto, que ésas son las leyes de la política y, en las relaciones internacionales la relación de fuerzas se hace sentir mucho. Pero no por ello hay que confundir las cosas. Antes, decenas de dictadores alrededor del mundo actuaban con total impunidad masacrando muchas veces a sus propias poblaciones, y de eso en Sudamérica sabemos mucho. Hoy, muchos de ellos saben que tienen la espada de Damocles sobre sus cabezas. Y eso no es menor. El ser humano ya no es simplemente un engranaje del Estado, sino que es “el” valor a conservar. Por lo tanto, el instrumento está; que pesen ciertas condicionalidades es una cosa, pero hay que tratar de usarlo al máximo. Puede que algunos no caigan, pero muchos otros sí. Y eso es un avance extraordinario.

–Sin embargo...

–Sin embargo cuando caiga alguno de los grandes, ahí va a cambiar la cosa. Puede que parezca imposible que se juzgue a un Rumsfeld hoy en día. No obstante, siendo un optimista como lo soy, creo que en la arena internacional existe lo que yo llamaría “una delgada línea roja”. Y en cualquier momento puede cruzarse. Hace 20 o 30 años imaginar que la humanidad iba a tener un tribunal permanente de estas características era inimaginable. Hoy existe, está juzgando y es único. Existen, es cierto, los tribunales especiales para juzgar crímenes de guerra y de lesa humanidad, como los que funcionaron y aún funcionan para los casos de la ex Yugoslavia, Camboya, Ruanda, etc. Pero éstos son temporarios: una vez que completaron su misión, se disuelven. La CPI permanece y, a diferencia de la Corte Internacional de Justicia, también con sede en La Haya, la CPI no inicia procesos contra Estados sino contra individuos concretos.

–¿Tiene actualmente la Corte algún caso en curso que parezca empantanado?

–Lamentablemente sí. La Corte hizo, por ejemplo, un pedido de procesamiento al presidente de Sudán, Omar Bashir, por las masacres que se vienen sucediendo en la región de Darfur, calificadas de genocidio por el tribunal. Pero lo cierto es que China posee fuertes intereses comerciales y petroleros en el país africano, por lo que bloquea cualquier iniciativa que pueda afectar a su aliado. Como se ve, Estados Unidos no es el único país que pone frenos a iniciativas perjudicando seriamente los derechos humanos en el mundo cuando sus intereses económicos se anteponen.

–¿Y en Sudamérica? ¿Ve algún caso que merezca la atención de la CPI?

–Ciertamente el caso de Colombia es un candidato firme. Las masacres que se están develando cometidas por los paramilitares, sumadas a los casos de ejecuciones sumarias del ejército conocidos como “falsos positivos” –por hacer pasar a campesinos muertos como guerrilleros– parecen reunir muchos elementos para merecer la atención de la CPI. De hecho, el fiscal Moreno Ocampo visitó ese país hace algunos meses para interiorizarse en la situación. No creo que haya sido una escala casual. Si bienel funcionamiernto del CPI puede parecer algo muy técnico, se trata de preservar vidas humanas”, advierte.

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