La Autovía Nicolás Avellaneda está mal señalizada y crea peligros

La apurada inauguración de la Autovía Nicolás Avellaneda antes del 28 de junio, queda hoy en evidencia con la simple constatación de la continuidad de los trabajos con la permanencia de elementos, maquinarias y zonas sin terminar que, amen de carecer incluso de iluminación, presentan en tramos verdadero riesgo de accidentes.
La obra ya mereció dos inauguraciones para los tramos desde el Puente General Belgrano hasta avenida Sarmiento y desde allí hasta la Ruta 11, pero en los dos tramos hay sectores inconclusos. Tambores pintados para señalización, permanecen en la calzada principal en zonas sin iluminación nocturna ni balizamiento alguno.

Incluso en el primer tramo habilitado desde Sarmiento al Puente hay varios puntos en obra aun, zonas sin señalización y otras de peligrosa determinación, con elementos sin iluminar y sobre la calzada.

Las calles colectoras no están terminadas y sus accesos sin pavimentar tanto los que conectan con las calzadas principales como los accesos a los predios frentistas, como el que ocupa el mismo obrador de la obra.

Tránsito confundido

La falta de señalización es casi total y no hay indicadores de la ubicación de los accesos, de las colectoras o del modo de retomar hacia uno u otros sentido de circulación.

La circulación local se complica por falta señalización y luminarias especialmente en el acceso al Hipermercado Libertad.

Justamente por la falta de terminación de la colectora, no hay acceso definido desde la rotonda con avenida Sarmiento y el tránsito tiene a seguir hasta la bajada a calle de acceso al Hipermercado, lugar que ahora tiene tráfico en contramano.

Al Hipermercado se debería ir por la colectora desde la rotonda de Avenida Sarmiento, ya que el tradicional acceso es ahora también la salida para el tránsito que pretende retomar a Resistencia por Sarmiento o seguir a Corrientes.

Los emocionados discursos que merecieron las supuestas inauguraciones, reflejadas con grandes titulares, no alcanzaron para ocultar la evidencia de los trabajos incompletos y del riesgo que generan en la población desprevenida de la continuidad de las obras.

La emoción comunitaria por la concreción de la esperada infraestructura, se puede tornar rápidamente en decepción por un despliegue que incluyó una patética disputa mediática por la asignación de méritos políticos por la concreción de la obra. La sensación de la burla y el descrédito, podrán persistir como un mal aliento, aunque estén lejos aun las próximas elecciones.

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