Autocrítica, caras largas y reproches en la Legislatura.

En el PJ acusan al Ejecutivo de no escuchar y pasan factura por la "campaña sucia".
La Legislatura, convertida hasta la semana pasada en uno de los campos de la batalla electoral, ayer retomó su ritmo de trabajo con una calma y una parsimonia pocas veces vista. No había que ser demasiado perspicaz para saber quiénes habían sido los vencedores y quiénes los vencidos.

De un lado, las caras largas y los suspiros casi entrecortados lo decían todo. Del otro, la intención de acortar la mueca de la sonrisa parecía en vano. Eso sí, de los ánimos caldeados poco quedó y el ambiente intentaba ser conciliador.

Al menos entre los eventuales contrincantes, porque hacia el interior del justicialismo los ánimos estaban que ardían. Suposiciones, comentarios maliciosos y rumores estuvieron a la orden del día. Mientras esperan una convocatoria del Ejecutivo para aportar su visión, los diputados peronistas aprovecharon la reunión de bloque para hacer catarsis y analizar la derrota.

"Después del 28, hablamos", habían dicho hace un tiempo algunos oficialistas que no compartían ni los modos ni algunas decisiones en áreas como educación y salud, pero que no quisieron decir nada antes para evitar grietas en medio de una campaña electoral. Muchos creen ahora que esa negativa a escucharlos se le volvió en contra al oficialismo y convirtió la posible diferencia de cinco puntos en una de 20.

El único que mencionó en la sesión de ayer al resultado del domingo fue el senador Vicente Russo, quien dijo haber acusado recibo del mensaje de las urnas y le pasó la pelota a los legisladores nacionales electos acerca de la necesidad de plantear "un país diferente".

Mientras que el diputado justicialista disidente Daniel Cassia salió con los tapones de punta y criticó a algunos "compañeros" (incluido Omar Félix) que "hacen críticas y pedidos de cambios con la votación puesta", cuando ya no hay mucho por hacer. "Yo hace rato que vengo diciendo que el rumbo es incorrecto", expresó.

Ánimos crispados

El panorama parece más áspero en la Cámara de Senadores que en la de Diputados debido a que desde la primera salieron las acusaciones al senador nacional Ernesto Sanz, calificadas como parte de la campaña sucia y repudiadas ahora por más de un justicialista. Aunque la Cámara Baja no se quedó atrás en la intención de embarrar la cancha, allí la relación entre el oficialismo y la oposición siempre ha sido más amena.

"Para nosotros no cambia nada porque siempre hubo una buena relación. Lo que queremos ahora es un cambio en la actitud tanto del Ejecutivo como de la vicegobernación", comentó Andrés Marín, presidente del bloque Confe.

En el Senado, los rumores apuntaban, incluso, a la presidencia de la bancada justicialista y hasta mencionaban la posibilidad de pedir un cambio de autoridades debido a que el actual responsable, Luis Ruzo, quedó expuesto políticamente después de ponerse al frente de las acusaciones contra Sanz y el ex fiscal de Estado Pedro Sin.

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