Aunque lo maquillen, la caja está en déficit

Las cifras del resultado fiscal de junio no dejaron demasiado margen para las dudas. El superávit primario de las cuentas públicas (o sea antes de contabilizar el pago de intereses de la deuda) fue de 909 millones de pesos. Pero, en realidad, el déficit hubiera llegado a 2.000 millones de pesos, de no haber sido por el giro de utilidades realizado por el Banco Central. Desde el 2002 que las cuentas presentan superávit de manera continua.
Ahora, las incógnitas se centran en julio. No sólo el gasto público continúa creciendo aceleradamente (el mes pasado, el de las elecciones, lo hizo un 45%), sino que la recaudación se vería fuertemente afectada. El impacto de la caída del consumo como consecuencia de las medidas adoptadas por la gripe serán notables, y esto ya fue reconocido por el titular de la AFIP, el ultrakirchnerista Ricardo Echegaray. También sufrirían la ciudad y la provincia de Buenos Aires, tanto por la menor recaudación del impuesto a los Ingresos Brutos como de Sellos.

Pero es probable que el gobierno acuda a alguna fuente adicional para evitar que semejante impacto sobre la recaudación se vea reflejado en el balance fiscal. Es probable que vuelva a recurrirse a algún apoyo del Central, que aún debe remitir 1.400 millones de pesos de ganancias obtenidas el año pasado.

La incógnita, en todo caso, es cómo se las arreglará el gobierno para seguir maquillando las cifras de la caja en este tercer trimestre. El objetivo, por supuesto, es evitar que aparezca la palabra "déficit" en los titulares de los diarios. Sería un golpe más tras la derrota electoral y también afectaría al nuevo ministro de Economía, Amado Boudou.

Pero es inevitable que continúen las presiones sobre las cuentas públicas y que el superávit tienda a desaparecer. Por lo pronto, el gasto aumenta a un ritmo que prácticamente triplica la suba de los ingresos, y existen pocas posibilidades de revertir esta tendencia en lo que resta de 2009. La recaudación difícilmente presente mejorías significativas, ya que se ve impactada por la recesión y por la baja de la inflación, además del golpe generado por la gripe A.

La pregunta, entonces, es qué posibilidades tiene el gobierno de ajustar el gasto. Más allá de que pueda producirse algún ahorro tras las elecciones, lo más complicado pasa por los reclamos de las provincias. Y la primera de la lista es la provincia de Buenos Aires.

Los Kirchner tienen muy claro que una crisis en el distrito de Daniel Scioli también arrastaría a la Nación. El déficit provincial llegará este año a 5.500 millones de pesos. Y no hay otra alternativa que tapar ese agujero con apoyo de la Tesorería nacional. A la lista se suman otras provincias que también presentan déficit en pleno crecimiento, sobre todo luego del gasto incurrido en los comicios.

Boudou se encargó de defender el aumento del gasto, indicando que más de 3.000 millones de pesos fueron para invertir en bienes de capital. En la práctica, la falta de inversión privada debe ser reemplazada, al menos parcialmente, por el esfuerzo del sector público. Y el propio Banco Central reconoció en su último Informe de Inflación, que la caída de la actividad seguirá "deteriorando el comportamiento de las cuentas públicas".

El déficit fiscal y el maquillaje de las cuentas públicas serán el tema más acuciante para la Casa Rosada en lo que resta del año. Por lejos, la situación de la caja le gana ya en importancia a la reformulación del INDEC. Lo del instituto de estadísticas pasó a ser, en realidad, una suerte de símbolo de la desprolijidad con la que se maneja el gobierno, y resume la falta de credibilidad de los inversores. Pero la disminución de la inflación provoca que ambos datos, el real y el que divulga el gobierno, comiencen a confluir.

Con un pilar de la política económica totalmente resquebrajado, como es el superávit fiscal, y sin acceso al financiamiento en los mercados de crédito para financiar el gasto público, el cierre de 2009 puede resultar todavía más complicado para el gobierno. Salvo que un renovado viento de cola que pueda llegar desde el exterior vuelva a darle envión a una economía que no presenta síntomas de mejora.

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