Una audaz decisión política en un tiempo de escasa confianza social

Por: Eduardo van der Kooy

El nuevo proyecto de Cristina y Néstor Kirchner de estatizar el total de las jubilaciones en la Argentina no tendrá, tal vez, su mayor obstáculo tanto en el sistema político como en el estado de ánimo colectivo que el propio Gobierno supo generar en estos diez meses.

'Qué significa eso? Que el matrimonio presidencial, sobre todo durante el conflicto con el campo, dilapidó capital político y fomentó una crisis de credibilidad con la sociedad que todavía no parece superada.

La confianza es un condimento clave de cualquier determinación en el poder. Mucho más cuando esa determinación, como es el caso de las jubilaciones, toca los bolsillos y el futuro de los ciudadanos de esta Nación.

En la desconfianza imperante existe una historia y un presente. La historia a vuelo de pájaro demuestra dos cosas: la recurrente pendularidad de las políticas en la Argentina que la tornan poco previsible a los ojos del mundo; la incorporación o la extracción del Estado como si se tratara de un simple módulo al cual nunca se le intenta modificar el contenido. Carlos Menem denostó en los 90 al Estado y produjo una salvaje desarticulación. Los Kirchner han decretado hace rato que el Estado debe jugar un papel político y económico clave pero no han podido o no se ocuparon todavía de demostrar que ese Estado es mejor y más eficiente que el que dejó el menemismo después de su dolorosa cirugía. 'Por qué los jubilados deberán suponer que por la estatización sus haberes estarán a resguardo de cualquier desmanejo del Gobierno de turno o de los cíclicos temporales que debe afrontar la Argentina?.

Está, además, la desconfianza que en esta época han sabido cultivar los Kirchner. Esa sensación rucredeció durante el pleito con el campo y, luego de una meseta, pareciera en alza desde que el Gobierno se anotició de que las aguas de la crisis financiera internacional avanzarían también sobre las costas de nuestro país. Hay una notable voracidad fiscal y de rastreo de recursos en el Gobierno porque la crisis mundial alteró casi todos los planes que venía pergeñando el matrimonio.

'Qué planes? Aquellos que apuntaron a descomprimir un frente externo descuidado muchos años por el ex presidente. Un mundo del cual Kirchner creía no necesitar: los ex ministros Miguel Peirano y Martín Lousteau podrían dar fe de las veces que fueron desairados cuando propusieron la cancelación de la deuda con el Club de París y la reapertura de la negociación con los bonistas que resistieron el canje de la deuda.

Por apremio antes que por convicción, Cristina y Kirchner tomaron esas dos determinaciones. Pero la crisis financiera internacional las ha neutralizado. El Gobierno tendrá el año próximo vencimientos externos que rondan los 20 mil millones de dólares. Requerirá algún tipo de financiamiento para un poco menos de la mitad de ese monto. Tal financiamiento es con esta realidad casi una quimera.

Otros antecedentes tampoco ayudan a la palabra fiable del Gobierno. El conflicto con el campo fue, está a la vista, un disparate de todos los actores. Pero detrás de la pelea se hizo mucho mas sólida la impresión de que Cristina y Kirchner buscaban engrosar las arcas del Estado antes que detonar, como proclamaron, una nueva distribución de la riqueza.

En esa ausencia de confianza también incide, quizás, el estilo individualista del Gobierno. La decisión de estatizar las jubilaciones se hizo de manera abrupta y efectista, como sucedió con el Club de París y los bonistas.

Un cambio de reglas jurídicas y legales tan profundo como el que implica la estatización de las jubilaciones hubiera requerido un marco de análisis y de debate generoso. Los Kirchner suelen amar los impactos políticos, pero impactos como los de estas horas causan perplejidad en el exterior. Son más frecuentes en un régimen como el de Hugo Chávez que en una democracia más o menos normal.

Nada de esto significa un aval a un sistema de capitalización que desde hace muchos años trasuntaba gruesas fallas acentuadas con los efectos de la crisis mundial. Un dato es ilustrativo: sólo el 23% del medio millón de afiliados que retuvieron las AFJP cobraba íntegramente sus jubilaciones. El resto eran compensadas con fondos del Estado.

Un problema similar afronta Chile, de donde Domingo Cavallo tomó el modelo para la privatización. Las jubilaciones han perdido en el país trasandino desde la crisis un 21%. Se están buscando soluciones pero nadie avizora un giro de 180 grados.

El debate que el Gobierno no quiso dar antes de tomar la decisión se producirá en el Congreso. Es muy probable que, más allá de esas discusiones y de algunos cambios necesarios al proyecto, el oficialismo lo pueda sancionar en Diputados como lo hizo con las jubilaciones móviles, con Aerolíneas Argentinas y la Ley de Presupuesto. Tiene una base de 145 votos que difícilmente decaiga.

Los Kirchner podrán vivirlo como otra victoria política, aunque esa victoria resulte ajena a la credulidad popular.

Comentá la nota