El "atril móvil", la fórmula para reimpulsar a Cristina

No importa lo que Cristina Kirchner diga o qué obra esté inaugurando. La estrategia del Gobierno en la nueva era de la comunicación kirchnerista es saturar a la audiencia con una consigna: que la Presidenta trabaja todo el tiempo y en todos los lugares.

La caída en la imagen presidencial había sido tan estrepitosa luego del conflicto con el campo que el kirchnerismo creyó encontrar con algunos cambios comunicacionales la forma de crecer en las encuestas, esa obsesión del matrimonio Kirchner.

¿Qué hicieron? Sacaron a rodar un ?atril móvil?. Sin poder despegarse de todo un hito que hizo famoso su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, Cristina aceptó las sugerencias del núcleo que le aporta ideas. La comunicación es un tema tabú para el matrimonio. Sólo la diseñan ellos, aunque aceptan alguna opinión que puede llegar ahora del jefe de Gabinete, Sergio Massa, o del secretario de Medios, Enrique Albistur.

Desde el 17 de julio, día en el que cayó el proyecto de retenciones móviles, sólo una vez la Presidenta usó un salón de la Casa Rosada para hacer un acto. Fue cuando presentó el hoy postergado pago de la deuda al Club de París, un hecho que, en boca de un ministro, no podía hacerse desde otro lugar que no fuera el suntuoso Salón Blanco.

En los tres meses posteriores a la derrota parlamentaria, Cristina Kirchner salió con su atril a recorrer ministerios, empresas, dependencias públicas, provincias, municipios, y todo lugar que la mostrara fuera de Balcarce 50. A veces con hasta tres actos en la misma tarde.

?No importa que ante tanta actividad no se llegue a captar el mensaje, sino que lo que importa es mostrar que la Presidenta está haciendo cosas?, se sinceró un funcionario ante LA NACION.

Así se explica en la Casa Rosada la simultaneidad de actividades, pegadas una a la otra, que encabeza la Presidenta en los últimos meses. En un mismo día, por ejemplo, Cristina Kirchner puede estar en un acto en el restaurado edificio de la Escuela Naval, en Retiro, volver a su despacho y recibir a empresarios, correr hacia el Ministerio de Trabajo a poner en marcha un nuevo programa para la industria del software, y salir rumbo a la localidad de Moreno, al filo de la noche, para lanzar un plan agropecuario. Todo eso pasó hace una semana, en la misma tarde. ?La estrategia es comunicar el vértigo de la gestión?, sintetizó una fuente oficial.

?Esta casa es lúgubre, oscura. Había una necesidad de mostrar a la Presidenta en otros ámbitos, lugares más abiertos, al aire libre, que den sensación de transparencia?, contó un ministro a LA NACION.

Aunque sólo quedó en un primer intento, la conferencia de prensa que dio Cristina Kirchner, primera en la historia kirchnerista, siguió esa estética. Se hizo de día en la quinta de Olivos, delante de un enorme ventanal del quincho de la residencia presidencial, con la arboleda y el parque detrás.

Nuevos voceros

El otro capítulo de la comunicación oficial lo protagonizan los nuevos voceros. Después de varios trabajos con focus groups que encargó la Casa Rosada, el Gobierno descubrió que la gente no quería escuchar hablar más de conflictos, cansada de la disputa eterna con el campo.

Fue entonces cuando se descartó la idea de que los principales ministros invadieran las radios por la mañana, como lo hizo durante cinco años la dupla Alberto y Aníbal Fernández, que instalaban agenda y salían a contestar con ataques verbales las embestidas de la oposición.

En los pasillos del palacio de Gobierno explican que con la tan instalada idea de que quien decide es el ex presidente, la posición oficial sobre los temas coyunturales la tiene que dar Cristina Kirchner. Para eso, nada mejor que el ?atril móvil?.

Y ahora, son los funcionarios de cada área específica quienes salen a responder las veces que se considera necesario. Así sucedió con el último paro del campo. El secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, y el director de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), Ricardo Echegaray, debieron contestarles a los dirigentes rurales.

A eso se suman los cambios de actitud de la propia Presidenta, con tonos de voz más bajos y discursos menos confrontativos.

Lejos de los grandes actos, Cristina Kirchner decidió salir a inaugurar obras tan pequeñas como un paso a nivel, un jardín de infantes y hasta una pileta. ?Hay una necesidad de mostrarla más cerca de la gente?, agregó un funcionario.

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