"Atrasar lo que se había adelantado es inexplicable"

"El atraso de las internas santafesinas es una suerte de «pánico electoral» (del gobernador Hermes Binner), que duplica gastos, obliga a los ciudadanos a hacer en dos semanas lo que puede realizarse en una y modifica un cronograma electoral en plena ejecución, con argumentos sospechosos e institucionalmente débiles", consideró el secretario legislativo del Senado provincial, Diego Giuliano.
Para Giuliano (doctor en ciencias jurídicas y sociales, y profesor de derecho constitucional y ciencia política), el cambio de fechas constituye "una picardía electoral que reconoce un solo motivo: el factor Reutemann", ya que las internas y las nacionales podrían haberse hecho el mismo día.

—¿Era posible unificar las elecciones nacionales y las primarias santafesinas?

—Era perfectamente viable desde lo jurídico y lo práctico. Celebrar elecciones simultáneas en Santa Fe es la práctica común de los últimos años, contando las autoridades electorales nacionales y provinciales con una vasta experiencia para implementarlo. El principio siempre fue la simultaneidad. La excepción es el desdoblamiento. Cuando las elecciones nacionales coinciden con las provinciales, tradicionalmente se celebran un mismo día, con igual padrón, mesa y autoridad de comicios. Se trata de una posibilidad legal que rige desde 1959 a nivel nacional con el objetivo de ahorrar gastos, sintetizar procesos y evitar una doble movilización.

—¿Qué razones llevaron al atraso del cronograma?

—Exclusivamente políticas. Separar un acto electoral que coincide en fecha y lugar es un despropósito sólo explicable desde una perspectiva de conveniencia electoral. Las primarias, que por su naturaleza son el paso previo y necesario para la elección de autoridades, corresponden al ámbito provincial y son controladas por el Tribunal Electoral, distintas a una interna partidaria, que es regulada por la carta orgánica de cada partido. Por eso, puedan celebrarse simultáneamente con una elección nacional. Las dificultades que se pretextan son administrativas, diría que burocráticas y perfectamente salvables. La simultaneidad no requiere duplicar urnas ni mesas electorales, ni lugares de votación, ni designar otras autoridades comiciales. Si hubiere diferencias de padrones en 15.000 o 20.000 electores por la fecha de corte, tal cual se reconoce, estamos hablando del 0,8 por ciento del padrón provincial. Bastaría con un padrón complementario para los nuevos electores no inscriptos a nivel nacional. El hecho de que en las primarias sea excusable el sufragio no dificulta el procedimiento, puesto que quien no desea votar en la interna debe realizar el trámite legal, debiendo sí votar en las nacionales por ser éstas obligatorias. El atraso de una semana planteado por la Casa Gris no es explicable desde lo técnico. Sólo se justifica en razones de beneficio o utilidad partidaria.

—¿Cómo se explica, entonces, el desdoblamiento?

—Realizar una elección nacional y otra provincial con siete días de diferencia es un desatino sólo explicable para impedir que la candidatura de Carlos Reutemann traccione votos locales. Una picardía electoral. Debería recuperarse la calma y, apelando a la madurez institucional, dejar de jugar a las escondidas. La secuencia no registra antecedentes. El 16 de febrero de 2009 el gobierno provincial adelantó las elecciones provinciales para separarlas lo máximo posible de las nacionales, en las que Reutemann sería candidato. Luego aparece un hecho nuevo: la Casa Rosada propone adelantar estas últimas al 28 de junio, lo que—aunque aún no fue resuelto— las haría coincidir con las primarias santafesinas. Ante esto, la Casa Gris atrasa lo que antes adelantó, siempre por el mismo motivo: el factor Reutemann. El adelanto nacional se debate y sanciona en el Parlamento, el atraso del cronograma provincial es la decisión de una sola persona, Binner, que en una suerte de "pánico electoral" duplica gastos, obliga a los ciudadanos a hacer en dos semanas lo que puede realizarse en una y modifica un cronograma electoral en plena ejecución, con argumentos sospechosos e institucionalmente débiles.

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