Atrapados con salidas complicadas

Por: Néstor O. Scibona.

A medida que transcurren los días, está cada vez más claro que la creación del Fondo del Bicentenario fue una autocrática e improvisada jugada que salió mal y que el gobierno kirchnerista se empeña en no admitir, sin la más mínima autocrítica. De ahí que haya optado por redoblar la apuesta y denunciar un complot por parte de todos aquellos que rechazan la decisión, ya sea por vía institucional, judicial o mediática.

La dinámica de la crisis remite a los comienzos del conflicto con el campo allá por marzo de 2008. En aquel momento, el matrimonio Kirchner no previó la espontánea reacción de los productores contra la resolución 125; ni de las clases medias rurales y urbanas que se alinearon en contra de su gobierno; ni luego el voto "no positivo" de Julio Cobos. Así, un conflicto que se podría haber desactivado en cinco días se prolongó durante cinco meses y provocó enormes daños a una economía hasta entonces en expansión y un altísimo costo político al Poder Ejecutivo. Ahora, la imprevisión oficial resultó aún más extendida. Abarca a un Congreso donde el kirchnerismo perdió la mayoría propia; a la inesperada resistencia legalista de Martín Redrado, quien había sido cooperativo hasta fin de 2009; a jueces que se animan a dictar fallos en contra del oficialismo; a los previsibles pedidos de embargo de fondos buitre y a una opinión pública cada vez más polarizada frente a una crisis político-institucional que gana en complejidad. La gran incógnita es cuánto tiempo y desgaste de los protagonistas podrá transcurrir sin afectar a la actividad económica que había iniciado su despegue tras la recesión de 2009 (la cual también fue desconocida por el kirchnerismo) o al incipiente reflujo de capitales que se verificó en los últimos meses. Para colmo, el canje de deuda que imaginaba como la gran noticia del verano quedó en suspenso y jaqueado por cuestionamientos del organismo regulador (SEC, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos.

Como entonces, los Kirchner quedaron otra vez atrapados en su propio laberinto: inflexibles, sin autocrítica y sin diálogo, aferrados a una teoría conspirativa sin demasiado contacto con la realidad, y que hasta varios de sus voceros recitan con menos convicción que sus jefes políticos.

Sin embargo, hubo y todavía hay salidas para la crisis. La pregunta sin respuesta es si están dispuestos a utilizarlas o insistir en su táctica de todo o nada, que ahora equivale a atacar y acumular desgaste. El Poder Ejecutivo podría haber recurrido a las utilidades contables del Banco Central de 2009 para financiar este año al Tesoro, acompañándolas con un programa fiscal y financiero para ahuyentar cualquier riesgo de default . También podría haber reconvertido el pomposo Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad (Fobide) en un mecanismo de garantía de pago, sin uso directo de las reservas, como en algún momento se insinuó desde algunos despachos oficiales. O bien intentado un incierto acuerdo previo con Redrado para evitar su ruidoso despido por desacato y transformarlo en una licencia hasta que completara su mandato en septiembre de 2010, sin que ambas partes recurrieran a la no menos incierta y prolongada vía judicial.

Nada de esto siquiera fue considerado y toda salida de la crisis se hace entonces más complicada.

La vía judicial es larga y tortuosa y no parece la más factible en las actuales circunstancias. Por un lado, la Justicia hasta podría darle una mano al kirchnerismo si hace naufragar el DNU que creó el Fondo del Bicentenario: le permitiría desde victimizarse hasta ensalzar la independencia de poderes; pero también barajar y dar de nuevo para sortear el problema de los embargos. Por otro, si la cuestión escala hasta la Corte Suprema, entraña para el Gobierno el riesgo de que se replantee constitucionalmente el concepto de necesidad y urgencia que se invoca en estos decretos para sustituir a una ley, lo cual complica la estrategia K de recurrir a DNU para gambetear al Congreso. No obstante, tampoco resuelve en lo inmediato la insólita situación de bicefalía en la presidencia del BCRA, que va por cuerda separada y motivó que Mario Blejer diera un paso al costado hasta que se resuelva el litigio judicial. Ni mucho menos qué ocurriría con los embargos externos si los 6500 millones de dólares de reservas se transfieren finalmente a la cuenta abierta en el Tesoro.

Una salida política sería, en cambio, más rápida, pero no menos complicada. Para el kirchnerismo la política es como un vehículo sin freno ni marcha atrás; de ahí que circule permanentemente como los autitos chocadores de los antiguos parques de diversiones. Si se recurriera a otra metáfora, basada en títulos cinematográficos, el conflicto podría sintetizarse como Retroceder nunca, rendirse jamás vs. Alguien tiene que ceder .

Los bloques legislativos de la UCR adscribieron a este último al anunciar que estarían dispuestos a admitir la salida de Redrado, a cambio de la convocatoria al Congreso para debatir el Fondo del Bicentenario en sesiones extraordinarias. A su vez, el diputado oficialista Agustín Rossi le quitó el cerrojo a esta salida, cuando el viernes dijo que no podía confirmar ni negar que la presidenta Cristina Kirchner estuviera analizando esa posibilidad. Pero sería exagerado hablar de un acuerdo en ciernes. Sobre todo porque colocaría al kirchnerismo frente a una oposición dispuesta a hacerle pagar todos los costos políticos de ningunear al Congreso en temas institucionalmente tan sensibles; y también a blanquear por qué tanto apuro por apoderarse de reservas del BCRA ante la ausencia de superávit fiscal y de financiamiento voluntario para el Tesoro.

A pesar del respiro transitorio que aportó el juez Griesa sobre el fin de semana, el riesgo de embargos por parte de bonistas que rechazan el canje, favorecidos indirectamente por el Fobide, agrega más vericuetos al laberinto de la crisis. Si con las reservas se constituyera un fondo de garantía como proponen muchos economistas, la salida estaría más despejada; pero ello obligaría al ministro Boudou a explicitar una política económica y fiscal, en reemplazo del permanente aumento del gasto.

Nada de esto estaba en los planes del kirchnerismo hasta hace apenas unas semanas. Antes de que estallara la crisis, los Kirchner estaban ocupados en otras cuestiones domésticas para subir o bajar el pulgar. Entre ellas, una que pasó casi inadvertida: en el acuerdo extrajudicial para reestructurar la deuda en default de Transportadora de Gas del Norte (TGN), por 340 millones de dólares, la Anses actuó en forma similar a los fondos buitre. Aunque la empresa ya había conseguido 88% de aceptación local e internacional para su propio canje, el organismo (que heredó de las AFJP apenas 7% de acreencias), impugnó la propuesta, votó en contra y pidió una medida cautelar, que luego fue apelada por TGN en plena feria judicial. O sea que el propio Gobierno que condujo a la empresa al default al congelar sus tarifas por años se opuso luego al arreglo de la deuda. Las teorías conspirativas, por lo visto, no sólo tienen protagonistas ajenos a la quinta de Olivos.

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