Atenas y Peñarol se la pasan abollando el aro.

Igualan 2-2 una reñida final, friccionada, sin calidad y con muy baja eficacia.
Difícilmente pueda convertirse en la mejor final de la historia de la Liga Nacional esta que sostienen Atenas y Peñarol y que anteanoche quedó igualada 2 a 2, tras la victoria de los marplatenses, en el Polideportivo, de esta ciudad, por 77-68.

Seguramente recibirá su condecoración por la cantidad de público que reunió, récord en sólo cuatro juegos, con cerca de 50.000 personas; o tal vez logre un lógico reconocimiento por tratarse de una lucha extremadamente pareja y emocionante, con finales atrapantes y resultados inciertos hasta el final.

Pero no será la mejor en cuanto a la calidad de juego y el espectáculo que generaron, aspecto que seguramente no se modificará en los cotejos restantes. Todo fue muy trabado, friccionado, con defensas demasiado ásperas, jugando al límite del reglamento y sin acciones lucidas, que despierten la admiración del público. Todos fueron partidos entrecortados, lentos, con muchos tiros libres, prácticamente sin contraataques y una increíblemente baja eficacia. En la jerga del básquetbol hay una frase muy gráfica para estos casos: "Están abollando el aro".

Anteanoche Peñarol acertó 3 de 19 triples y Atenas 2 de 17. ¡Espantoso! En el balance de la serie, los cordobeses bajaron su eficacia promedio de la temporada de 36% a 28% (sólo embocaron 25 de 90) y su rival de 40% a 30% (20 de 67). Además, los cordobeses, también fallaron más tiros libres que en el resto de la campaña: 63 de 95, un 66%, contra el 73% histórico del año. "Supongo que tiene que ver con la tensión y las emociones", apuntó Rubén Magnano. "El que quiera ver lindos partidos y volcadas, que vaya al Juego de las Estrellas", fue la exagerada conclusión de Sergio Hernández. "Esta serie es muy táctica, con defensas excelentes, que no se dan en otras partes del mundo", agregó.

Ayer Román González, el pivote de Peñarol, señaló: "Estos días habrá que aprovecharlos para descansar y recuperarse de los golpes". Román y su "estampilla" de la serie, Djibril Kante, se la pasaron pegados y abrazados seguramente más tiempo que con sus familias en estas dos semanas. Observar esa lucha pegajosa, a puro músculo y manotazos, degenera el buen básquetbol.

Lo cierto es que figuras de la Liga, como el MVP David Jackson, parecen novatos atrapados en una maraña de manos y cuerpos que le impiden hacer su juego. Y si bien Atenas siempre se destacó por su forma ruda de defender, su rival fue tomándole la mano a ése estilo y también empezó a usar la presión, el forcejeo y las mañas.

Por eso, no habrá show, no subirán los rating de TV, no se masificará la Liga como pretenden sus dirigentes y sólo se sentirán felices y satisfechos los que ganen. Seguirá sobrando adrenalina, paridad y emoción, aunque al final de cada partido el hielo no alcance para calmar dolores y borrar moretones y haya que volver a pintar los aros.

* Sebatián Vega es la revelación de de la serie

El alero de Peñarol, Sebastián Vega, nacido en Gualeguaychú, de 20 años y 2 metros, es la revelación de la final y uno de los pocos que mejoró su estadística. En la serie tiene 7,2 puntos y 4.2 rebotes, en 12m, mejorando el 3,5 y 1.8, en 12.2m. que sumó en el año.

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