Dos ataques distintos, la misma sensación de pavor

Primero Berlusconi, después, el Papa. ¿Qué pasa por estas latitudes? ¿Hay tantos locos sueltos, o son demasiadas las fallas de seguridad?
Estas preguntas flotaban ayer en Italia, que reaccionaba con gran inquietud ante dos episodios seguramente distintos, pero inevitablemente unidos por un mismo hilo.

Fue inevitable, de hecho, no vincular la agresión al premier, Silvio Berlusconi, ocurrida hace menos de dos semanas en la Piazza del Duomo de Milán, con la que sufrió Benedicto XVI, en la Basílica de San Pedro, sin consecuencias físicas.

En ambos casos, los responsables fueron considerados "desequilibrados", categoría que suele asignarse a quien intenta, o se presume que intenta, cometer un magnicidio. Si no tienen nada en común el Cavaliere , de 73 años, y el Papa, de 82, tampoco lo tienen Massimo Tartaglia, el hombre que golpeó el rostro de Berlusconi con una miniatura de la catedral de Milán, de 42 años, y Susanna Maiolo, la atlética suizo-italiana de 25 años que hizo caer al Papa durante la Misa de Gallo.

"Pienso que debemos realmente contrastar estas fábricas de mentiras, de extremismo y de odio", dijo Berlusconi ayer, al intervenir telefónicamente en el principal noticiero italiano para comentar la agresión al Pontífice que, según él, provocó la "incredulidad" de todos los italianos. El Papa recibió mensajes de augurios y solidaridad de parte del mundo político italiano, conmovido por el episodio.

Si tienen algo en común el ataque al Cavaliere y el incidente sufrido por el Papa es la evidente falla de seguridad. Debido al concordato, es la gendarmería vaticana la que investiga los hechos, y la policía italiana sólo intervendrá por expresa solicitud.

La gendarmería está intentando reconstruir los movimientos de la mujer, para entender si llegó sola a la Basílica. Y también, como sucedió con Berlusconi, está reexaminando el dispositivo de seguridad para determinar cómo fue posible que la mujer saltara la valla, pero, sobre todo, lograr hacer caer al Papa.

Según las imágenes, los gendarmes vaticanos estaban posicionados a lo largo del recorrido papal, pero ninguno de ellos estaba a los costados de Benedicto XVI. Así como Tartaglia aprovechó de un hueco para agredir al Cavaliere , Maiolo aprovechó de otro hueco para saltar hacia el Pontífice. En ambos casos, algo falló.

Una última cosa en común: así como surgieron en Facebook grupos pro Tartaglia, ayer también aparecieron centenares de grupos pro Susanna Maiolo, que desataron polémicas. El más visto era uno titulado "Yo amo a Susanna Maiolo".

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