Un ataque suicida en Paquistán dejó otros 41 muertos

Crece la preocupación por la fuerte ofensiva de los talibanes; fue el cuarto atentado en una semana
ISLAMABAD.- En el cuarto atentado en una semana en Paquistán, un atacante suicida mató ayer a 41 personas e hirió a otras 45 cuando hizo estallar un coche bomba cerca de un vehículo del ejército paquistaní, en el noroeste del país.

El ataque tuvo lugar cerca de un concurrido mercado del distrito de Shangla, situado en la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP), e iba dirigido contra un convoy que pasaba por un puesto de control.

El ministro de Información de la provincia, Mian Iftikhar Hussain, dijo que unas 41 personas murieron en el ataque, seis de ellas militares, y otras 45 resultaron heridas.

Shangla está en el valle de Swat, lugar que ha sido el centro de una intensa ofensiva militar contra los talibanes. A pesar de que el ejército afirma que ha logrado erradicar los focos de violencia en gran parte del valle, ataques como el de ayer dan muestra de su capacidad para organizar sangrientos atentados.

Una prueba del creciente poder de la insurgencia se vio el sábado pasado en Rawalpindi, cuando un grupo de extremistas vestidos con uniformes militares lanzaron un audaz ataque contra el fortificado cuartel general del ejército en esa ciudad cercana a Islamabad.

El asalto duró más de 22 horas y, tras un intenso tiroteo, las fuerzas de seguridad lograron liberar a más de 40 rehenes. Sin embargo, 23 personas murieron, entre ellas nueve atacantes y 11 miembros de las fuerzas de seguridad.

El ataque fue reivindicado ayer por los talibanes, que declararon que el del sábado fue apenas el primero de una ola de atentados para vengar la muerte del jefe talibán en Paquistán, Baitullah Mehsud, con un misil lanzado por la CIA en agosto pasado.

"Este es nuestro primer pequeño esfuerzo y un regalo para los gobiernos de Paquistán y Estados Unidos", dijo Azam Tarek, vocero de los talibanes en Paquistán.

El ataque de ayer, el cuarto de grandes dimensiones en pocos días en Paquistán, dejó nuevamente en evidencia las dificultades que enfrentan las autoridades para contener a los insurgentes. El lunes pasado, en Islamabad, un atacante suicida arrastró consigo a la muerte a cinco empleados del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU. Cuatro días después murieron más de 50 personas en otro atentado suicida en la poblada ciudad noroccidental paquistaní de Peshawar.

Ante este recrudecimiento de la violencia, el ejército paquistaní anunció anteayer que prepara el lanzamiento de una gran ofensiva terrestre contra los talibanes y los terroristas de Al-Qaeda en la región del Waziristán del Sur.

Alarma generalizada

Pese a que el ex jefe de los servicios secretos paquistaníes Ashraf Javed Qazi destacó que los insurgentes estaban "cercados y acorralados" y que el ataque en Rawalpindi no fue más que un "desesperado intento" de contrarrestar la presión militar, a los paquistaníes los impactó que la insurgencia lograra avanzar hasta el corazón del aparato de seguridad de la potencia atómica.

También en el exterior el ataque despertó serios interrogantes acerca de la seguridad de las armas atómicas paquistaníes y de sus instalaciones nucleares.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, intentó minimizar las preocupaciones. "Seguimos confiando en el gobierno paquistaní y en el control de los militares sobre sus armas nucleares", declaró anteayer en Londres.

El canciller británico, David Miliband, respaldó la posición de Clinton y afirmó que, más allá de que Paquistán enfrente una "amenaza mortal", no hay peligro de que sus armas nucleares caigan en manos de los talibanes.

Esta intensificación de la violencia tiene lugar en momentos en que el presidente estadounidense, Barack Obama, al que se acaba de otorgar el Premio Nobel de la Paz, ha lanzado una importante revisión de la estrategia en Afganistán y Paquistán, ocho años después de la ofensiva militar que expulsó a los talibanes del poder tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

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