No hay atajos para bajar el riesgo país

Por Hernán de Goñi

Vamos por el atajo o por el camino largo? Cuando la pregunta la recibe un empresario, la opción siempre es la segunda. Construir una fábrica, por ejemplo, demanda una larga planificación previa y una mínima certidumbre sobre sus resultados medida en años. En la gestión de gobierno, en cambio, hay una predilección inocultable por el atajo, por el hecho básico de que cada dos años hay que mostrar obras.

La gastada idea de crear un banco de desarrollo (relanzada por el ministro Boudou, quien propone redireccionar dinero de los futuros jubilados) deja en pie los interrogantes de siempre. El principal banco de la Argentina es público, y su misión es resignar ganancias a cambio de fomentar actividades y proyectos que tienen un valor estratégico. Esto significa que el riesgo de darle plata a alguien sólo porque un grupo de funcionarios elige su proyecto lo asume el Estado y no los depositantes del Nación. ¿Hace falta otro banco más? Está claro que sería óptimo que haya más crédito. Pero eso sucederá el día que el Estado se ocupe de bajar su propio nivel de riesgo en lugar de aumentarlo y haga fluir los

$ 20.000 millones que el sistema financiero privado tiene para prestar. Si uno va por el atajo, no le queda poder para pedirle al resto que no lo haga.

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