Si asumen los testimoniales... ¡qué problema!

Si asumen los testimoniales... ¡qué problema!
El reemplazante de Scioli, por ejemplo, sería un legislador
¿Y si de verdad resulta que asumen todos? ¿Y si el 29 de junio el kirchnerismo prueba que era cierto que sus candidatos bonaerenses no tenían nada de testimoniales? El escenario de la provincia, sin Daniel Scioli ni su vicegobernador, Alberto Ballestrini, sería inédito. La provincia quedaría en manos de un desconocido para el gran público: Federico Scarabino, vicepresidente del Senado provincial, ex ministro de Gobierno de Felipe Solá, hoy kirchnerista.

Pero no mandaría por mucho tiempo: la Constitución provincial exige convocar a una Asamblea Legislativa dentro de los 30 días. En esa reunión, un senador o un diputado sería ungido gobernador interino hasta diciembre de 2011.

Todo eso, por supuesto, es muy poco probable, pero es una hipótesis desde que Néstor Kirchner, con el propósito de sortear las impugnaciones a sus candidatos testimoniales, aplicó el argumento de que Scioli y el resto de los postulantes que ocupan cargos ejecutivos podrían asumir las bancas que ganaran.

La crisis institucional se multiplicaría por 45: ésa es la cantidad de municipios que quedarían acéfalos en caso de que sus intendentes renunciaran para convertirse en concejales o legisladores provinciales.

Hay un agravante: no existe la figura del viceintendente. Por eso, para encontrar reemplazante habría que remontarse a las elecciones que consagraron al jefe comunal. En esta caso el sucesor sería quien lo acompañó como primer candidato a concejal en 2007.

Así lo establece el artículo 15 de la ley orgánica que rige todos los municipios de la provincia y dice que "al intendente lo reemplazará el primer candidato de la lista de concejales del partido al que perteneciera, que hubiera sido consagrado conjuntamente con aquél". El problema es que en muchos casos aquel concejal ya no está en el Concejo Deliberante. La ley prevé entonces que lo reemplace el segundo, el tercero y así sucesivamente.

En Esteban Echeverría, por ejemplo, si Fernando Gray dejara su cargo, debería asumir Fabiana Bertino. Ella era primera candidata a concejal en 2007, pero nunca ocupó su banca: pidió una licencia y se mudó a la Secretaría de Desarrollo Social, que aún dirige. Debería entonces poner fin a su licencia si tuviera intenciones de suceder al intendente.

En Avellaneda, la situación es idéntica: el lugar de Baldomero Alvarez de Olivera sería ocupado por Jorge Ferraresi, que antes tendría que renunciar a su cargo de secretario de Obras Públicas comunal.

Y lo mismo pasa en San Vicente. Daniel Di Sabatino, el intendente, también le dejaría el lugar a un funcionario, su secretaria de Salud, Olga Goñi. Hace dos años, Goñi competía por una banca en la Legislatura local. Ahora, vuelve a presentarse. Pero su postulación será forzosamente testimonial: es candidata a diputada provincial, pero suplente.

"Si se produjeran estas acefalías totales provocadas voluntariamente, nos enfrentaríamos a instancias de suma gravedad institucional", dijo a LA NACION el profesor de derecho público Ricardo Pablo Reca, ex decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata.

Reca explicó que los pasos por seguir en los diferentes municipios son siempre los mismos: los que establece el "vetusto régimen" previsto por una ley orgánica sancionada hace más de 50 años, incompatible con la autonomía municipal que hoy consagra la Constitución nacional, y dijo que la renuncia de los intendentes sería aún más grave que la del gobernador. "La responsabilidad de ellos con los electores se acentúa por la singularidad de su legitimación. Se los votó a ellos y sólo a ellos".

La paradoja de Balestrini

Aunque renunciara a su cargo de vicegobernador, a Balestrini le quedaría todavía una posibilidad de suceder a Scioli.

Todo indica que en junio será elegido, con comodidad, diputado provincial (es primero en la lista de la tercera circunscripción). Como tal, integraría la Asamblea Legislativa que debería convocar Scarabino para nombrar un gobernador. La Asamblea tiene un límite: sólo puede designar a uno de sus miembros. Y éste podría ser, por qué no, el propio Balestrini.

Una situación imprevista por la legislación se produciría si Scioli, en lugar de renunciar el 10 de diciembre, cuando debería jurar en el Congreso, lo hiciera antes. La Constitución provincial dice que "si la vacante tuviere lugar en la primera mitad del período en ejercicio", la ciudadanía volverá a votar gobernador y vice "en la primera elección de renovación de la Legislatura que se realice".

Pero si Scioli se fuera después de las elecciones del 28 de junio, habría que elegir un gobernador, pero en elecciones que ya pasaron.

Qué dice la Constitución bonaerense

* Acefalía. Si el gobernador de Buenos Aires renunciara, debería asumir el vicegobernador. Pero en caso de que éste tampoco pudiera ejercer el cargo, el mando recaería en forma interina en el vicepresidente primero del Senado de la provincia. Hoy ejerce ese puesto el peronista Federico Scarabino.

* Elecciones anticipadas. Si la renuncia del gobernador ocurriera antes de la primera mitad del mandato (en el actual, sería el 10 de diciembre próximo), el senador que asuma como interino debe llamar a elecciones anticipadas para determinar quién será el nuevo jefe político de la provincia.

* Asamblea Legislativa. En cambio, si la renuncia ocurriera después de la primera mitad debe convocarse a todos los legisladores provinciales para una asamblea en el término de 90 días. De entre los presentes debe elegirse a quién ejercerá el poder durante el resto del mandato.

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