Aspirinas para el Coco

Aspirinas para el Coco
Basile no quiere sufrir otra vez las pelotas aéreas. Por eso ayer se dedicó a trabajar con la defensa, para evitar que le lleguen por esa vía aprovechando la falta de volantes externos.
La práctica, dividida en dos, mostró al Coco en el lugar que más le preocupa, que más dolores de cabeza le da. De un lado hubo fútbol reducido para algunos. Pero no, Basile no estuvo ahí, claro que no. Atento, persistente en el detalle, siguió de cerca cómo la defensa rechazó o intentó hacerlo cada uno de los centros que le llegaban desde la derecha y desde la izquierda. Eso mismo, las bandas y su consecuencia inmediata (centro, cabezazo, peligro de gol) es lo que más lo inquieta a Sir Alfio por estas horas. No las quiere anchas ni con más velocidad, sino cerradas, con freno para el rival. Y por eso ayer puso manos a la obra. No es casual. La estructura externa de su equipo ya sufrió contra Argentinos, que llegó a ponerse 2-0 explotando ese déficit. Y encima ahora viene Lanús, que tiene con qué lastimar por los costados. Aspirinas, entonces, se necesitan.

El Coco no come vidrio. Y, como él mismo dice... "Tampoco soy un gil. Cualquiera que sepa un poco de fútbol sabe que si pongo a Insúa y a Riquelme juntos no es lo mismo que hacerlo con Bilos o Cardozo. Sé que estoy arriesgando. Pero prefiero los dos y no dejar uno en el banco. El tiempo dirá". Ahí, entonces, una parte de la historia. Es cierto, Boca arriesga con Insúa y Riquelme, pero fundamentalmente lo hace porque no tiene volantes externos naturales, con recorrido, especialistas. El chileno Medel, quien hoy ocupa esa franja derecha, dicen que solía serlo pero ya no lo es. Tampoco Gaitán. Ni Chávez, a pesar de su sacrificio.

Puestos ahí, pueden hacerlo, pero no lo sienten. Lo del chileno puede parecer extraño tratándose de un jugador amado por Bielsa, un tacticista extremo. Sin embargo, no debe sorprender: Gary cumple mejor cuando tiene una función asignada, bien reconocible. Ahí se transforma en un perro de presa y puede comerse a Rooney si se lo propone, como hizo en el debut contra el Manchester, cuando le tocó ser un poco lateral y un poco stopper. En cambio, no sabe disponer de la libertad, tiende a cerrarse y a desordenarse. No se termina de acomodar. Lo reconoció Basile. Lo sacó en ambos partidos. ¿Cuándo falla el doble cinco, en definitiva? Cuando los costados no se ocupan o se pierden. Y Boca sufre a partir de ahí.

Por eso, la cuestión no es sólo arriesgar con Insúa y Riquelme, sino equilibrar con Medel y Battaglia. ¿Deberá para eso cambiar el equipo de memoria el Coco? Por lo pronto, Basile ya dio indicios de posibles cambios: al sacar a Medel, el último domingo, probó con Seba de ocho y Rosada de cinco. Distinto a lo que había hecho con Vélez. Parece sentirse más cómodo Bombón en mitad de cancha, al no tener aún ritmo para recorrer la banda. Y Battaglia, se sabe, se adapta a todo, más allá de que solito, en el medio, viene siendo figura. ¿Y entonces? ¿Hay que tocar lo que mejor funciona? ¿No hubiera sido más fácil comprarle a Battaglia volantes reales para que le cubrieran los costados?

Lo que está claro es que con este esquema que plantea el Coco, más un 4-2-4 que un 4-3-1-2, se necesita doble un cinco aceitado para cerrar las colectoras. Y hace falta, también, un mayor recorrido de Insúa por izquierda. Pocho lo hace, lo intenta, pero su cabeza está puesta en ir para adelante, en el área rival. Y sin volantes que pasen la línea de la pelota, la otra parte de esta historia recae en los laterales. Es preciso que sean veloces, que tengan resto y que equiparen la línea de los medios: hay que cerrar filas. Pero el tema es que hoy Boca no tiene a esos hombres en el nivel que supieron tener. Ni a uno ni a otro. Y tampoco, claro, parecen fáciles de reemplazar. Sobre todo el Negro, a quien Alfio -entre otros- convenció de seguir cuando el lateral ya preparaba la despedida. Del otro lado, Fabián Monzón es rápido pero también está lejos de su mejor rendimiento. Así, la solución pasa por ajustar este punto, tener otra presencia y marca en el sector.

Por eso, tampoco fue casual que en la práctica de ayer el DT haya hablado especialmente con los laterales. Les pidió a Ibarra y a Morel que presionaran sobre el que tiraba el centro. Y también les encargó cerrar por atrás, cubrir esos envíos cruzados que tanto peligro generan a espaldas de los centrales. Para eso, puso tres cabeceadores fijos (Viatri, Rosada y Philippe), uno adelante, uno en el medio y el restante atrás, como para ensayar cómo cubrir toda el área. Para no volver a tener dolores de cabeza...

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