Aseguran que la extrema derecha crecerá en las elecciones europeas.

Según las encuestas el preocupante giro es consecuencia de la crisis económica.
Al menos 375 millones de europeos están llamados a las urnas desde el jueves y hasta hoy para elegir la composición del Parlamento Europeo. De los resultados, si los sondeos no fallan, saldrá una cámara similar a la actual aunque con un ligero crecimiento de la extrema derecha.

Las tres grandes familias políticas -centro derecha, socialistas y liberales- controlarán más del 80% de los escaños. Los socialistas podrían aumentar ligeramente sus resultados si, como se prevé, los ciudadanos castigan a los partidos en el poder -21 de los 27 gobiernos de la UE son conservadores- por la crisis económica.

Se esperan crecimientos de extremistas como el British National Party y el FPO austríaco. La extrema derecha -con los votos de los conservadores británicos, que dejan el grupo político de centro derecha- podría acercarse a los 100 escaños. Verdes y extrema izquierda a unos 50 cada uno. La Eurocámara tiene 736 diputados que pasarán a ser 751 cuando se apruebe el nuevo tratado.

La campaña electoral fue muy poco movilizadora y la mayoría de la clase política la utilizó para ventilar temas nacionales: la corrupción en el Reino Unido; las próximas legislativas en Alemania; el desempleo en España; las desvergüenzas de Berlusconi en Italia y una especie de "todos contra Sarkozy" en Francia.

Tampoco favorece la movilización que los socialistas no tengan un candidato propio para el puesto de presidente de la Comisión Europea y dejen vía libre a la reelección del muy liberal -y muy adaptable- Durao Barroso, el hombre que en 5 años ha convertido al Ejecutivo comunitario en un mero secretariado del Consejo Europeo -donde se reúnen los líderes- y ha hecho perder a la Comisión la influencia y el poder de iniciativa que tuvieron sus antecesoras.

Durao Barroso -maoísta de joven, anfitrión de Bush, Blair y Aznar en las Azores hace seis años- es ideal para los líderes porque es moldeable. En pocos meses ha pasado de predicar las bondades de la autorregulación empresarial a ponerse a la cabeza de los que piden más regulación.

Además, se negó a hacer campaña con la excusa de que lo eligen los líderes y no los eurodiputados, aunque éstos tengan derecho a vetar su nombramiento. Barroso reconoce así que la Comisión no es democrática, pues no cambia ni de jefe ni de políticas sean cuales sean los resultados electorales.

El Parlamento que salga de las urnas será más poderoso que nunca si, como es previsible, en otoño entra en vigor el nuevo tratado, que le da nuevas y potentes competencias. Pero apenas se oyó hablar durante la campaña de temas europeos, como futuras ampliaciones -Turquía y los Balcanes esperan-, cambio climático, defensa de los derechos laborales que los británicos quieren recortar o coordinación económica.

La Eurocámara ya decide sobre más del 70% de la legislación aplicable en Europa, porcentaje que incluye aspectos tan sensibles como la protección medioambiental, la duración de la semana laboral, derechos de los consumidores, inmigración, industria, transportes, seguridad aérea o libre circulación de personas y mercancías. Con el nuevo tratado podrá decidir también sobre agricultura y aspectos de seguridad y defensa.

Para Thomas Klau, director de estudios del European Council on Foreign Relations, los votantes acuden menos a las urnas en elecciones europeas que nacionales "por la complejidad del entramado institucional de Bruselas y porque no creen que su voto impacté en la política de la UE".

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