La asamblea de Atilra terminó con cruces legales pero sin incidentes

Con conflicto pero sin violencia. No es poco cuando se trata de la interna del sindicato de trabajadores de la industria láctea (Atilra), que ayer realizó una riesgosa asamblea en El Trébol sin incidentes entre grupos antagónicos. El cónclave eligió la junta electoral que fiscalizará las elecciones de fines de junio en esa seccional, de la que dependen ahora los afiliados rosarinos. Lo hizo sólo con los votos del oficialismo ya que la oposición se retiró denunciando maniobras oscuras en la habilitación de los votantes.
  La oposición en Atilra es la agrupación 7 de Febrero, que dirigió la regional Rosario hasta que fue intervenida por la conducción nacional en diciembre, después del sangriento choque entre militantes de ambas líneas. Desde ese momento, sus afiliados dependen de El Trébol, donde a fines de junio se realizarán elecciones para renova la conducción.

   Los rosarinos decidieron dar batalla en esos comicios y ayer movilizaron unos 200 militantes hacia esa localidad para disputar en la asamblea la integración de la junta electoral, instancia clave en cualquier elección. Por antecedentes, la cita era de riesgo y, advertido, esta vez el gobierno provincial desplegó un eficiente operativo policial para garantizar la seguridad de los visitantes y la realización del encuentro.

   Móviles de la policía custodiaron el convoy que recorrió más de 150 kilómetros para llegar a El Trébol al mediodía. Allí, un centenar de uniformados, locales y de la capital santafesina, acordonaron la calle Libertad, en la cuadra de la sede de Atilra. En la esquina este se concentraron los visitantes. En la oeste, dos centenares de "amarillos" (la indumentaria que los identifica) llegados desde distintos lugares de la provincia.

   Lo primero fue una reunión en la sede de la policía local, donde el apoderado de los gremialistas opositores, Víctor Luna, y el secretario general del sindicato en El Trébol, el oficialista Jorge Alvarez, acordaron una serie de puntos para garantizar la asamblea. Entre ellos, la fiscalización conjunta de los afiliados que ingresaban a votar y la presencia de veedores del Ministerio de Trabajo.

   Por el "incumplimiento" de ese acuerdo, luego de dos horas de idas y vueltas, la oposición decidió no ingresar al recinto. "Nos cagaron, mientras a nosotros nos cacheaban y nos pedían documentos, carnés y recibos de sueldo, ellos hicieron entrar gente sin que nadie les pidiera identificación", denunció uno de los referentes opositores. Su abogado y los dirigentes expulsados de la conducción rosarina asesoraban tras el corralito policial, ya que no se les permitió el ingreso.

   Durante dos horas, entre miradas de odio profundo cruzadas de esquina a esquina, los rosarinos deliberaban y discutían con el jefe del gremio trebolense, mientras "los otros" ingresaban a la sede Atilra. La guardia de infantería, en el medio. "Tienen que salir todos de nuevo e identificarlos", reclamaron unos. "Muchachos, ¿hasta qué hora nos vamos a quedar?, los invitamos a la asamblea y, si no vienen, arrancamos", respondieron los otros.

   Los punteos cantaban una cerrada disputa en el nivel de los 140 votos. La duda era si todos pertenecían a la seccional en cuestión. Pero en media hora, la incógnita se zanjó fácticamente. Mientras los rosarinos reclamaban, los amarillos se encerraron en el sindicato y eligieron su junta electoral. "Habrán votado unas 150 personas", calculó el secretario general de Atilra El Trébol. También cerró la disputa legal: "Les dimos todas las garantías, los esperamos una hora y media y no quisieron entrar". Ambos grupos se fueron rápido y en silencio, en la dirección que a cada uno le marcó la policía.

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