El Arzobispo remarcó las "alarmantes desigualdades económica

Monseñor Héctor Luis Villalba, remarcó que tanto en la política como en la economía hacen falta "hombres rectos" y cuestionó que mientras existen grupos que gozan de un "superdesarrollo derrochador".
El Arzobispo de Tucumán, Héctor Luis Villalba, rodeado de productores tucumanos, habló del don de la tierra y de la responsabilidad del hombre en trabajarla y crear riqueza con sentido social al tiempo que remarcó la preocupación de la Iglesia por las "alarmantes desigualdades económicas no resueltas". El mensaje eclesiástico fue dado durante la noche del sábado, ocasión en la que Monseñor Villalba inauguró la Expo Rural 2008 en los predios de Cebil Redondo. Con gran atención, siguiendo la homilía los ministros de Desarrollo Productivo Jorge Gassembauer, de Economía Jorge Jiménez y el titular de la cartera del Interior Osvaldo Jaldo, además de las autoridades de la Sociedad Rural de Tucumán, productores, funcionarios municipales y público en general.

"La Iglesia honra el trabajo, lo alienta y lo bendice porque en él ve el instrumento de la colaboración humana y la expresión visible de los vínculos de fraternidad. El trabajo, en efecto, constituye una elevada misión para el hombre que colabora con Dios, del que recibió los bienes de la tierra para cultivarlos y hacerlos prosperar. El trabajo es un derecho humano fundamental. El hombre y la mujer, mediante el trabajo, transforman la naturaleza, colaboran con Dios Creador, y, a la vez, se transforman a sí mismos, creciendo en humanidad. Pero, muchas veces, el trabajador queda excluido del bienestar, de la seguridad social, hay alarmantes desigualdades económicas no resueltas. La Iglesia está preocupada por los que no tienen una ocupación estable y están expuestos a angustiosos interrogantes sobre el porvenir de su familia", expresó el jefe de la Iglesia Católica tucumana.

Recordó lo manifestado por el Papa Benedicto XVI en la Encíclica Social Cáritas in Veritate, donde afirma que la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende "de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados". No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación.

En este sentido recuerda los grandes principios que resultan indispensables para construir el desarrollo humano integral y remarca que las esferas de la economía y de la técnica deben estar vinculadas al bien común y reguladas por la ética. "La crisis que ha golpeado a la economía mundial confirma la necesidad de una relación entre ética y economía.

Un modelo en el que los operadores consideren lícito cualquier movimiento éticamente intolerable no puede ser modelo para el crecimiento del mundo. Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. Un desarrollo de larga duración no es posible sin la ética", reiteró Villalba durante la noche del sábado.

Haciendo propia la propuesta del Papa, llamó a una auténtica conversión social: "Se trata de asumir solidariamente la responsabilidad por el bien común, porque tanto en la economía como en la política hacen falta hombres rectos, que estén sinceramente atentos al bien común".

El Prelado fue más profundo aún con su mensaje al tener presente el llamado que hizo el Papa para tomar conciencia de que se sigue produciendo "el escándalo de las disparidades hirientes".

"Por ejemplo, allí donde algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Muchas veces las empresas, con el objetivo de obtener mayores ganancias, han llevado a la reducción de la red de seguridad social en detrimento de los trabajadores.

Benedicto XVI también llama la atención sobre el hecho de que estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves daños en el plano psicológico y espiritual.

Y recuerda a todos que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad, pues como dice el Concilio Vaticano II: "El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social", señaló.

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