El arte de hacer vino en Chos Malal

Productores artesanales tejieron una estrategia para lograr afianzar su producción con el polo bodeguero de El Chañar
Los sinsabores del clima, el aprovechamiento de la experiencia centenaria del cultivo de vides y las expectativas de los chacareros de las orillas del Neuquén y del Curi Leuvú.

Neuquén> Cruzar el umbral de lo artesanal a lo industrial comenzó a dejar de ser un sueño y tiene visos de realidad para los pequeños productores vitivinícolas del norte de la provincia. La Provincia hizo un estudio de factibilidad que técnicamente aconsejó desarrollar la zona que ya había obtenido a fines del siglo XIX un incipiente polo de desarrollo con las cepas que trajeron los curas salesianos que arribaron después que finalizara la Campaña al Desierto.

"Tenemos muchas expectativas de fortalecer nuestro trabajo, nuestra experiencia para hacer un polo bodeguero en el norte de la provincia", dijo a este diario Luis Monsalve quien conduce el emprendimiento familiar Establecimiento Frutícola San Cayetano, junto a tres hermanos, en la margen izquierda del río Neuquén en Chos Malal.

La esperanza está fundada en compromisos oficiales de apoyo técnico, insumos y hasta créditos. Además, por primera vez conocieron las bodegas de El Chañar donde les ofrecieron colaboración para obtener asistencia técnica y hasta para poder comprar botellas que ellos deben adquirirlas o reciclarlas por su alto costo.

Monsalve junto a su par Arturo Rebolledo, quien produce Vinos Don Arturo a orillas del río Curi Leuvú, lograron encastrar en la estrategia macro a nivel provincial su experiencia en cuanto a la adaptación de ciertas variedades y formas de cultivo.

San Cayetano comenzó desde hace dos años con el cultivo de uvas en una fracción de tres cuartos de hectárea, en un plan de diversificación productiva dado que desde el 2000 poseen peras y manzanas. Como dato interesante se puede mencionar que al monte frutal le hacen casi la mitad de las aplicaciones de plaguicidas en comparación de sus pares del Alto Valle y además cobran el premio instituido por la Provincia por tener bajo porcentaje de carpocapsa. "Pero es difícil, a medida que pasan los años las plagas son más inmunes, los loteos se arriman a la chacras, y hay muchas chacras abandonadas", comentó Monsalve.

"En la bodega Familia Schroeder de El Chañar nos abrieron las puertas, no conocíamos esa zona, y para mí que soy productor y vivo únicamente de esta actividad, se imagina que fue algo muy favorable", comentó Rebolledo quien indicó que esta temporada produjo 4.600 litros de vino e indicó que tuvieron que vender uva y mosto que no vinificaron para poder comprar una prensa. De esta manera comienzan a capitalizarse.

La cara visible de Vinos Don Arturo quedó agradecido de la oferta que le hicieron en el polo bodeguero de El Chañar en cuanto a asesoramiento, posibilidad de comprar a precios más competitivos botellas –las que usan ahora las deben reciclar en forma constante- y hasta poder "heredar" las barricas de roble cuando dejan de ser usadas a nivel industrial.

El ministro de Desarrollo Territorial, Leandro Bertoya, tiene en mente que estos emprendimientos ayuden a la transformación turística. De hecho, en Don Arturo se desarrolla un plan de visitas en forma medianamente organizada, como así también San Cayetano que supo convertirse en una suerte de taller de aplicación de la escuela de Naunauco, distante 70 kilómetros de Chos Malal. El programa se interrumpió porque no cuentan con un medio de transporte para movilizarse.

En cuanto a la desatención del Estado, ambos productores tienen un historial interesante. La visita que hicieron a El Chañar les permitió que escucharan su reclamo del pago a un enólogo que está trabajando con muchos pequeños productores vitivinícolas del interior pero que hace un año y medio no cobraba.

Más allá de las circunstancias desfavorables, luchas contra las heladas únicamente con métodos naturales porque no poseen capital para adquirir métodos más efectivos, Rebolledo produce junto a su familia hace 17 años. Cultiva hortalizas que vende en la feria artesanal y a supermercados de la zona. "Eso que podemos trabajar seis meses, el resto, por el clima, no podemos hacer nada, por eso nos dedicamos a la uva, y ya tenemos un espumante brut rosado y blanco", contó Rebolledo.

La producción artesanal no impide el tinte comunitario que tienen las tareas. Sin olvidar que esta zona fue la primera de la provincia donde se cultivaron uvas y también trigo, la cosecha y tareas culturales se hace también como el método de la trilla. Es una reunión familiar y vecinal que está regada con una oferta gastronómica imposible de rechazar.

Comentá la nota