Arritmia alperovichista

Arritmia alperovichista
Por Alvaro Aurane.

La protesta de los trabajadores de la salud tiene a maltraer al alperovichismo. Esta semana, el oficialismo se llamó a silencio. Prenden velas por la mediación eclesial .

El alperovichismo sufre taquicardia política. El conflicto con los trabajadores autoconvocados de la salud le ha provocado toda clase de palpitaciones internas, las que trajeron aparejadas intranquilidad, agitación, ansiedad, molestias y nerviosismo.

Espiando la plaza Independencia, oculto tras las cortinas, el funcionarato (con más angustias que certezas) trata de calcular, marcha tras marcha, si la cantidad de movilizados aumenta. En la última protesta, los acólitos del gobernador, José Alperovich, le dijeron que había menos casacas blancas y más estudiantes y sectores de izquierda, en comparación con hace siete días. Otros colaboradores, en cambio, advirtieron en las charlas de pasillo que la protesta está encontrando eco en la clase media.

Se cual fuere la lectura, lo cierto es que desde hace meses, todas las semanas, se vive un terrible día de miércoles en el palacio gubernamental. Dada esa cronicidad, el oficialismo empezó a mostrar en setiembre problemas para respirar tranquilo.

De hecho, hoy apostarán al poder sanador de la conciliación que ha emprendido el arzobispo de Tucumán, Luis Héctor Villalba, que reunirá con los autoconvocados y con los ministros de Salud, Pablo Yedlin, y de Gobierno, Edmundo Jiménez.

El Poder Ejecutivo mostrará, así, la unidad de dos interlocutores que manejan carteras entre las cuales hubo chisporroteos. En rigor, causó arritmia el planteo de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), que reclamó un aumento salarial de emergencia si se hace lugar a las demandas de los empleados de la salud.

Entonces se oyó del lado de los funcionarios de Salud preguntar si el Ministerio de Gobierno no debería tener "controlados" esos planteos de "efecto dominó" que atentaban contra cualquier acuerdo con los autoconvocados. Poco duró el reclamo.

Desde el ala política contestaron que, acaso, el mayor espaldarazo que recibieron los que protestan, paradójicamente, provino de la Casa de Gobierno: fue -dijeron- cuando el Ministerio de Salud accedió a recibirlos, a pesar de que carecen de personería sindical. Desde entonces -diagnosticaron-, los rebeldes recibieron un reconocimiento externo que los fortaleció internamente.

Aún en los sectores no "pirinchistas" del Ejecutivo reconocieron que, al menos hasta el momento, el ministerio político tiene razón. Debían haber mantenido el debate en el estricto terreno de la "organicidad", admiten. De la misma manera, reconocen que Yedlin se desespera por encontrar una salida al conflicto, síntoma (según un par de curtidos alperovichistas) de que no tiene "cuero" para aguantar las crisis.

Potenciados

Mientras el Gobierno debate teorías de negociación, la plaza Independencia es una caldera donde se cocina el descontento de un sector de los trabajadores públicos que se hartó de la política del "arreglo" de sus sindicalistas. Ya no surte efecto la tradicional anestesia que dormía con sumas "en negro" los reclamos de mejores condiciones de trabajo.

Precisamente, los compuestos de la protesta de los autoconvocados es bastante especial. Están amalgamados desde los camilleros hasta las enfermeras, pasando por los médicos. Consecuentemente, están reunidos los reclamos de mejores salarios para llegar a fin de mes, los de estabilidad laboral como manera de dignificar el ejercicio de la profesión y los de que se pague un adicional por trabajo insalubre.

Por eso, se escuchan los discursos de los que se formaron al calor de las protestas populares, con años de cultura en materia de medidas de fuerza; y el de los que se formaron académicamente, que quieren soluciones de fondo y no se amilanaron con los descuentos de los días de paro.

Como en química, esos componentes no sólo se sumaron sino que se potenciaron. El resultado es que el Gobierno se ve desbordado por un sector que no le teme y cuyo reclamo no suena descabellado para muchos estratos de la sociedad tucumana.

Desbordados

Uno de los hombres más influyentes del alperovichismo reconoce que la situación se está tornando cada vez más complicada. El gobernador, manifiesta, es un "hombre práctico", que no dudó en dar marcha atrás (y en dejar un tendal de dirigentes descolocados) para frenar protestas. Por ejemplo, hizo que la Legislatura sacara a remate los inmuebles del patrimonio cultural a fines de 2007: era eso o paralizar la economía tucumana, decían los discursos oficiales. Luego, dio marcha atrás a principios de 2008 y, tras una seguidilla de protestas, ordenó derogar esa norma.

Pero ahora, aseguran, no pueden ceder. Y, públicamente, ensayan el discurso de la carestía.

El propio Alperovich ha dicho que su gestión prevé la dolencia de un déficit de $ 157 millones, por lo que no puede atender ninguna demanda. El argumento tiene reminiscencias de sus años de ministro de Economía (de Julio Miranda), cuando su responsabilidad era administrar el erario. Por entonces, podía responder, simplemente, que no tenía recursos. Hoy le cabe una responsabilidad mayor: gobernar la provincia y solucionar las demandas, aunque su ministro de Economía le diga que hay poca plata.

Por cierto, el déficit -según los mismos alperovichistas-, es bastante menos alarmante de lo que anuncian las sirenas del mandatario. Explican que, si se hace una proyección de las erogaciones, el "rojo" será, efectivamente, de $ 157 millones. Pero en ese esquema faltan proyectar los ahorros: esos que el Gobierno aplicó desde septiembre pasado y durante todo este año. Y cuando se "blanquea" ese ahorro, el resultado arroja los $ 60 millones que Alperovich le dijo a LA GACETA, en agosto, que debía "juntar" para terminar bien 2009.

Los mismos $ 60 millones que en esa misma entrevista dijo que creía que lograría "reunir", porque estimaba que la Nación le mandaría los recursos que, hasta ahora, le ha estado enviando.

Contrastados

Cuando el argumento del déficit se desangra, los operadores del Gobierno tratan de ponerle un parche político. Y repiten hasta el hartazgo que si acceden al planteo de los empleados de la salud, el miércoles siguiente no habrá 4.000 médicos sino 40.000 estatales pidiendo lo mismo.

Es decir, algo así como que el Gobierno, en realidad, sí tendría para acceder a los reclamos de los autoconvocados pero no para afrontar la misma demanda de parte del resto de los empleados públicos. Lo verdaderamente cierto de este postulado político es lo de "político".

El alperovichismo, en rigor, ha tomado la decisión de dar la pelea a los autoconvocados. Porque a la par de la invocación de austeridad, este Gobierno -como ya se ha mostrado- acumula centenares de millones para otorgar subsidios discrecionales o para engordar el rubro "transferencias" en las abultadas cuentas del Presupuesto 2009. Y en contra de la pública declaración de pobreza de las arcas estatales, aparece promoviendo la expropiación de una casa para que las cocheras del Tribunal de Cuentas tengan salida por San Lorenzo. O aumentando el sueldo de los choferes y de las secretarias privadas del Ejecutivo. O montando 10 stands en la Expo Tucumán (con independencia del subsidio a esa muestra y de los gastos en rebacheo de la caminería del predio de La Rural) para mostrarle al NOA las bondades de su gestión. O prometiendo sobresueldos a los empleados de la Dirección Provincial de Vialidad (con los que luego dio marcha atrás), a cambio de que asfalten 60 cuadras por mes, tan necesarias para la salud de la democracia pavimentadora.

Pero, claro, las obras cotidianas de los hombres y las mujeres de la salud pública no se pueden anunciar con cortes de cinta.

Silenciados

En el Gobierno, todavía, apuestan a que su resistencia será mayor que la de los autoconvocados. Sin embargo, el oficialismo no fue, por estos días, la viva estampa de la fortaleza política.

El gobernador estuvo dos días en Buenos Aires y eludió toda mención ante la prensa sobre el conflicto de la salud.

Para qué hablar de la Legislatura. De los 42 miembros del bloque Tucumán Crece, nadie vio, oyó ni mucho menos habló sobre el asunto. El jueves, hubo un parlamento que no parló: no hubo "manifestaciones generales". Evitaron, así, hablar del incómodo planteo efectuado por Oscar Godoy (sacado a la luz en el último Enfoque del Domingo) referido a que, en la bancada, todos son iguales, pero a la hora del manejo de los recursos, algunos son más iguales que otros. Pero también eludieran pronunciarse sobre el conflicto entre el Ejecutivo y los agentes de la sanidad.

En rigor, fue una sesión en la que las "espadas" oficialistas que acostumbran defender los proyectos polémicos se fueron a la vaina. Sólo unos pocos salieron a intentar una chicana mientras Ricardo Bussi descuartizaba el convenio para construir un hotel cinco estrellas de 38 millones de dólares en el ex Abasto, que le costará 9 millones de dólares (en crédito fiscal) a la Provincia. El titular de FR mostró que es más barato comprar un hotel de 400 habitaciones en el caribe dominicano (con playa propia, casino, bares, restaurantes, cines, teatros, discotecas, canchas de golf, piscinas y jacuzzis...) antes que levantar un hotel de 100 habitaciones en la Ciudadela.

Los que sí hablan, en cambio, son los médicos. Por el megáfono de los autoconvocados se escuchó en la plaza que los reclamos de la salud pública eran ignorados por quienes tenían garantizada su prosperidad por varias generaciones. Y se denunció que hay municipios del interior donde ya se preparan contramarchas acicateadas con bolsones.

Mientras el oficialismo prende velas para pedir por el éxito de la intervención de la Iglesia, el conflicto exhibe, como en una radiografía, que hay dos clases de alperovichismo: el que nada en la abundancia y el que trastabilla ante la primera adversidad financiera. Porque así como "billetera mata galán", solamente "estadista conjura crisis".

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