Arriesgar la vida como si nada

Por: Ricardo Roa

En la autopista Ezeiza-Cañuelas y sobre la ruta 3, una cofradía de motociclistas desenfrenados se desafían entre sí cada fin de semana y suelen acelerar hasta 300 kilómetros por hora, con total desprecio por sus propias vidas y la de cualquier otro que se les cruce

Encima se jactan: suben a Internet esas imágenes de imprudencia delirante como si fueran hazañas. Hacen zig zag todo el tiempo, cruzan la ruta y amenazan a automovilistas que se ven obligados a frenar o tirarse a la banquina. Todo a velocidades estrambóticas. Son proyectiles suicidas.

Un lector del blog Testigo Urbano de Clarín.com nos envío ese testimonio y ahora las picadas locas son conocidas masivamente. Dualidad de Internet. Sirve para mostrar como si fuera bueno el descontrol y la vanidad más letal: los motociclistas filman su propia velocidad con cámaras sobre los tanques de nafta. Pero al contar las cosas que ocurren, buenas o malas, la web genera conciencia. Y así es posible ponerle freno.

Esos motociclistas que juegan a la ruleta rusa involucran en ella a quienes no quieren arriesgar estúpidamente la vida. Ya hubo una primer denuncia hace dos años. En la zona, todo el mundo sabe lo que pasa. Pero sigue pasando.

La explicación del comisario de Seguridad Vial de Cañuelas es que con sus lentas camionetas la Policía no puede alcanzarlos. Es una justificación rara. Y más rara si hace dos años que está pasando. Las veces que pudieron detenerlos en operativos cerrojo, pagan la multa y vuelven como si nada a la ruta. Si le aplicasen la ley anti picadas podrían ir presos. Pero los tratan como a simples infractores a las normas de tránsito.

Todo sigue igual. A 300 kilómetros por hora. Aunque se sepa que en cualquier momento puede ocurrir una desgracia.

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