Arrancó de nuevo la fábrica que se quemó hace un mes

Ya entregaron las primeras remesas de mercadería y tienen otro medio centenar de pedidos. Largaron con máquinas usadas y ahora esperan que le envíen una aspersora desde los Estados Unidos.
Su llan­to des­car­na­do que in­va­dió las pan­ta­llas, a tra­vés de imá­ge­nes que re­co­rrie­ron el país el pa­sa­do 3 de agos­to, aho­ra se trans­for­mó en una son­ri­sa. Da­niel Ber­gon­zi (42), su fa­mi­lia y sus cua­tro em­plea­dos pu­sie­ron de nue­vo en funcionamiento la fá­bri­ca de plás­ti­cos que ha­ce un mes vie­ron de­vo­ra­da por un arra­sa­dor in­cen­dio que lo des­tru­yó to­do. Ellos hi­cie­ron de la te­na­ci­dad un ar­ma y, co­mo el Ave Fé­nix, re­su­ci­ta­ron en­tre las ce­ni­zas.

Tal co­mo lo ex­pre­só el mis­mo día de la ho­gue­ra de­sa­ta­da en Go­ber­na­dor Guz­mán 1963, el em­pre­sa­rio se ató a la vo­lun­tad de co­men­zar otra vez y lo lo­gró: des­de ha­ce dos se­ma­nas tie­ne nue­va­men­te en mar­cha JU­CE­PI, la pe­que­ña in­dus­tria que bau­ti­zó con las pri­me­ra sí­la­bas de los nom­bres de sus tres hi­jos y que aho­ra fun­cio­na en el ki­ló­me­tro 7,5 de la ru­ta A005, en un lo­cal que ha­bía al­qui­la­do con la idea de tras­la­dar­se, an­tes del in­for­tu­nio que lo des­po­jó de la to­ta­li­dad de las he­rra­mien­tas, las ma­tri­ces de fa­bri­ca­ción y 250 mil pe­sos en mer­ca­de­ría lis­ta pa­ra en­tre­gar.

"Un lu­nes se que­mó to­do y el miér­co­les te­nía­mos más ga­nas de tra­ba­jar que an­tes.

No­so­tros la pa­sa­mos feo des­de que arran­ca­mos. Y re­cién tu­vi­mos mo­men­tos bue­nos en los úl­ti­mos años, por­que ha­bía mu­cho tra­ba­jo. Yo quie­ro te­ner la fá­bri­ca co­mo la te­nía. Y va a ser me­jor, con ma­yor tec­no­lo­gía. Que­re­mos lle­gar a pro­du­cir el do­ble de lo que ha­cía­mos. El in­cen­dio ya pa­só. Yo creo que Dios nos pu­so a prue­ba", afir­mó op­ti­mis­ta.

Es­te hom­bre, que co­men­zó arre­glan­do pa­ra­gol­pes en el gal­pón de su ca­sa y lo­gró ser pro­vee­dor de fá­bri­cas de las más gran­des del país, no se que­dó con los bra­zos cru­za­dos. Com­pró he­rra­mien­tas de ma­no, una má­qui­na as­per­so­ra usa­da y la re­pa­ró, y cam­bio el au­to de su hi­jo por un mo­to­com­pre­sor, con ena­re­na­do­ra, y arran­có una vez más, co­mo otras ve­ces, en las que de­bió ca­bal­gar por la ad­ver­si­dad.

Aho­ra, su pa­pá le es­tá fa­bri­can­do una má­qui­na pa­ra lus­trar, pu­lir y cor­tar, que es­pe­ra te­ner lis­ta en dos se­ma­nas. Es­tá cons­tru­yen­do un car­tel de gran­des di­men­sio­nes y pien­sa ha­cer un ce­rra­mien­to en el nue­vo lo­cal y una ofi­ci­na, mien­tras aguar­da que lle­gue des­de Es­ta­dos Uni­dos una as­per­so­ra de fi­bra de vi­drio, pa­ra la cual el Go­bier­no de Cór­do­ba le da­rá un cré­di­to a tres años, que le per­mi­ti­rá pa­gar el 50 por cien­to.

"Me es­tá ha­cien­do fal­ta una ter­mo­for­ma­do­ra. La que te­nía­mos cons­ta­ba de 18 cá­ma­ras de gas, que ca­len­ta­ba el plás­ti­co y mol­dea­ba por va­cío. Y una má­qui­na pa­ra ha­cer los co­lo­res de la pin­tu­ra", co­men­tó Ber­gon­zi, al tiem­po que con­tó: "Siem­pre fui un ti­po que me gus­tó pro­gre­sar, ir pa­ra ade­lan­te. Lo que te­ne­mos es nues­tro y se hi­zo tra­ba­jan­do. Arran­ca­mos ha­ce tre­ce años. Fue cuan­do na­ció mi hi­ja más chi­ca, que tu­vo me­nin­gi­tis. Mi es­po­sa tra­ba­ja­ba en un su­per­mer­ca­do y yo pu­se un ta­ller­ci­to. Con mi vie­jo hi­ci­mos una má­qui­na pa­ra ha­cer ter­mo­for­ma­do y re­pa­ra­ba pa­ra­gol­pes. Cuan­do arran­qué no te­nía pla­ta pa­ra la ma­te­ria pri­ma. Mi vie­jo me pres­tó unos pe­sos y cuan­do com­pré las pri­me­ras plan­chas, sa­lí a bus­car tra­ba­jos. Así em­pe­cé de la na­da y con la ne­na en­fer­ma. A ella ha­bía que po­ner­le unas in­yec­cio­nes que cos­ta­ban for­tu­na y mu­cha gen­te me ayu­dó pa­ra po­der sa­lir ade­lan­te".

In­ven­ti­va pa­ten­ta­da

"Di­se­ña­mos una pla­ca, que he­mos pa­ten­ta­do. Son la­te­ra­les pa­ra los ca­mio­nes, aco­pla­dos, ca­rro­ce­ría, to­do eso. En el 2001 em­pe­cé a tra­ba­jar con em­pre­sas im­por­tan­tes, pe­ro se­guía en el gal­pón de mi ca­sa. Y ha­ce cin­co años pu­si­mos la fá­bri­ca en la ca­lle Go­ber­na­dor Guz­mán", di­jo Da­niel.

"Al­gu­nas co­sas no po­de­mos ha­cer por­que nos fal­tan ma­qui­na­rias. Pe­ro los clien­tes nos han di­cho que nos van a es­pe­rar. Es­ta­mos ha­cien­do lo más ur­gen­te. Te­ne­mos más de 50 pe­di­dos", afir­ma, mien­tras sa­ca una pi­la de pa­pe­les con la de­man­da. "Te­ne­mos tra­ba­jo ase­gu­ra­do has­ta mar­zo del año que vie­ne", se ilu­sio­na. Y agre­ga: "La se­ma­na pa­sa­da man­da­mos mer­ca­de­ría a Gua­le­guay­chú. Y el mar­tes se van a lle­var es­to -mues­tra las cha­pas que es­tán en pro­ce­so de pro­duc­ción-. Lo pu­di­mos ha­cer por­que los pro­vee­do­res man­da­ron ma­te­ria pri­ma, sin que yo tu­vie­ra pla­ta".

Res­pec­to de aquel fa­tí­di­co día del in­cen­dio, Ber­gon­zi re­cuer­da: "Es­tá­ba­mos con­ten­tos, por­que era la pri­me­ra vez que ha­bía­mos ter­mi­na­do el tra­ba­jo y las car­gas tem­pra­no. Ha­bi­tual­men­te, se ter­mi­na­ba en­tre las 7 y las 9 de la no­che. To­do ha­bía que­da­do lis­to a las 5 de la tar­de. Y nos fui­mos ca­da cual a su ca­sa. De no ha­ber si­do así, hu­bié­ra­mos es­ta­do en la fá­bri­ca y no se ha­bría pro­du­ci­do tan­to da­ño".

"Per­dí cer­ca del mi­llón de pe­sos. Las má­qui­nas cos­ta­ban unos 400 mil pe­sos y ha­bía 250 mil en mer­ca­de­ría. Y todo lo que es la matricería. Hubo que hacer todo de nuevo".

"Me llamaron para decirme que se incendiaba todo"

An­drea Ma­goia (38), des­de los 19 años es­tá ca­sa­da con Ber­gon­zi, con quien com­par­tió el es­fuer­zo de ha­cer la em­pre­sa que des­pués vio de­rre­ti­da, en un par de ho­ras. Di­jo:

"Cuan­do se in­cen­dió la fá­bri­ca te­nía­mos mu­cha mer­ca­de­ría pa­ra en­tre­gar, con lo que íba­mos a pa­gar a los pro­vee­do­res. Y lo po­co que te­nía­mos guar­da­do hu­bo que in­ver­tir­lo pa­ra em­pe­zar de vuel­ta"

Y si­guió: "Nos di­mos cuen­ta de cuán­to ha­bía y se per­dió. No­so­tros pen­sá­ba­mos cuán­tas ho­ras de tra­ba­jo le ha­bía­mos pues­to a es­to. A ve­ces eran las 3 de la ma­ña­na e íba­mos a car­gar".

"Yo sa­lí a las 5,30 y no al­can­cé a lle­gar a mi ca­sa que me lla­ma­ron pa­ra de­cir­me que se in­cen­dia­ba to­do", re­cor­dó es­ta mu­jer, que a los cua­tro días de­bió so­me­ter­se a una ci­ru­gía pro­gra­mada pa­ra sa­car­se el cue­llo del úte­ro, por lo cual re­cién aho­ra se es­tá rein­cor­po­ran­do al tra­ba­jo.

"Aquel día fue te­rri­ble, pe­ro tu­vi­mos el op­ti­mis­mo de dar­le pa­ra ade­lan­te. Esa mis­ma no­che di­ji­mos que íba­mos a vol­ver a em­pe­zar", di­jo Juan Ca­bre­ra (31). "Nun­ca pen­sé en que me po­dría que­dar sin el em­pleo. Es­ta­ba se­gu­ro que po­dría­mos arran­car otra vez", en­fa­ti­zó.

Fa­cun­do Ro­ble­do (24) es otro de los em­plea­dos y di­jo: "Es­toy ago­ta­do, pe­ro hay que la­bu­rar. Es­ta­mos atra­sa­dos, se nos com­pli­có mu­cho to­do".

"Yo sa­bía que íba­mos a em­pe­zar de nue­vo y rá­pi­do, por­que co­noz­co a la gen­te con la que es­toy".

"Es­toy or­gu­llo­so, por­que sa­li­mos a flo­te. Es­ta­ba con­ven­ci­do de que iba a ser así, por­que co­noz­co a las per­so­nas que ha­cen es­to", di­jo Fer­nan­do Cá­ce­res (20). "Gra­cias a Dios te­ne­mos to­do de vuel­ta. Fue al­go tris­te. Pe­ro, aho­ra nos reí­mos. Se hi­zo con el es­fuer­zo de to­dos".

Comentá la nota