La UIA arranca 2009 más crítica y con miedo a una recesión

Turbulencias locales y externas provocaron una fuerte desaceleración en la industria. Persisten las quejas por el dólar y el miedo a la avalancha de importaciones
El conflicto con el campo, a comienzos de año, y luego la inesperada crisis financiera internacional, que derivó en un escenario recesivo mundial, no le permitieron a los industriales cerrar un 2008 como el que hubieran querido.

El balance, no obstante, es bastante mejor que la realidad esperada para el año que comienza. Se avecinan meses de fuerte retracción de las diversas actividades, con su consecuente impacto en el empleo y en ese contexto, comienza un año en el que las entidades empresarias dejarán atrás la condescendencia que las caracterizó durante los tiempos de bonanza del kirchnerismo.

La UIA estrena nuevo presidente en abril –el empresario plástico Héctor Méndez– y encarará la coyuntura mucho más crítica que en los últimos años. Lo mismo hará la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA), que decidió levantar el perfil en el actual escenario.

Frente a un crecimiento interanual en 2007 versus 2006 de 7,5%, la industria cerró 2008 con una desaceleración de dos puntos porcentuales respecto de esa tendencia. Hasta noviembre, según datos del Indec, la producción industrial registró una suba de 5,2%, con los sectores hasta ahora más pujantes en caída libre. Aunque en el balance del año continúan liderando el crecimiento de la industria, en noviembre, los rubros automotriz y de acero crudo se derrumbaron en términos interanuales 24,4% y 18,1%, respectivamente. Si bien todavía no están los datos de diciembre, la situación fue aún peor debido al adelanto de vacaciones y las paradas de las plantas. De acuerdo con fuentes de varios rubros industriales, la caída en las ventas ya alcanza 50% en comparación con el promedio que venían registrando en el año.

“En noviembre, la actividad industrial mantuvo su tendencia a la baja, al tiempo que presentó el primer estancamiento luego de 72 meses de alza ininterrumpida. Se intensificó así una realidad compleja que se fue forjando desde mediados de 2007, en un contexto de fuerte suba de costos, mayor incertidumbre y creciente restricción financiera”, dice el último informe del Centro de Estudios de la UIA.

Las principales preocupaciones de los industriales son los canales de transmisión de la crisis financiera internacional al sector real, como la depreciación conjunta de las monedas de los principales socios comerciales, suba de costos, baja en el precio de los commodities y un freno importante en la demanda externa de bienes industriales. Todos estos factores hacen a la pérdida de competitividad, que no se compensa con una depreciación del peso por el temor del Gobierno a provocar una corrida cambiaria. La estrategia oficial es ir permitiendo una suba gradual del dólar para evitar ese efecto, pero eso no convence a los empresarios, quienes preferirían un salto brusco en la cotización. La divisa debería valer $ 4, sostienen los industriales.

La fuerte suba en las importaciones también inquieta al sector y mucho más en este contexto de crisis, ya que los stocks que se están liquidando a nivel mundial podrían ingresar al país a precios irrisorios y atentar así contra la industria nacional. De todas maneras, el Gobierno prometió avanzar en mayores controles aduaneros para frenar la avalancha importadora.

“De cara al 2009, y con un mercado interno menos dinámico, resultará de vital importancia que la industria no pierda participación frente a las importaciones”, indican en el sector fabril. Adicionalmente, en los últimos meses predominó un escenario de escasez de liquidez que se expresó en tasas de interés reales positivas elevadas y que, en el caso de los préstamos para financiar capital de trabajo a pymes, llegan al 50%.

Ese escenario de menor demanda interna y externa, amenaza de las importaciones, caída de precios de los bienes exportables y restricción financiera pone a la industria en una situación preocupante. Las empresas suspendieron personal, adelantaron vacaciones y hasta comenzaron a despedir gente, pero sus directivos coinciden en que el verano será de transición y que lo peor se verá en marzo. El establishment todavía no avizora el piso de la crisis.

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