YPF arma una cámara para acotar el poder de lobby de la UIA y el campo

YPF arma una cámara para acotar el poder de lobby de la UIA y el campo
La empresa impulsa una nueva entidad que integre a todo el sector energético, con la que busca tener mayor peso en la definición de ciertas políticas, como los subsidios de energía
El cruce que protagonizaron la semana pasada las petroleras YPF y Shell podría cambiar el mapa de la representación empresaria local.

Luego de su salida de la Cámara de la Industria del Petróleo (CIP), la compañía que comandan la familia Eskenazi y Repsol impulsa la creación de una nueva organización vinculada con el sector energético, con anhelos de tener tanta representatividad –o más– que la propia Unión Industrial Argentina (UIA).

La idea es agrupar a toda la cadena energética en una sola cámara para contrarrestar las presiones que la UIA y del sector agropecuario realizan ante el Gobierno para obtener mejoras y que habitualmente incluyen el otorgamiento de subsidios energéticos.

Fuentes de YPF advirtieron que el problema actual radica en que dichos subsidios terminan siendo pagados por las compañías petroleras y energéticas, y que existe la necesidad de equilibrar estos reclamos.

Shell como rival

Quien está llevando adelante las negociaciones para la creación de la nueva cámara empresaria es Teodor Krecler, director Institucional de YPF y ex ejecutivo de Pan American Energy.

Si bien las fuentes sostienen que el objetivo es conformar un centro de poder por afuera de las petroleras internacionales, que tienen otros intereses, el verdadero enemigo es Shell.

De hecho, la intención es sumar no sólo a Pluspetrol y a Corporación América (Eduardo Eurnekian) una vez que concrete la sociedad con Cristóbal López, sino también a Petrobras y a Esso.

Aunque YPF hoy tiene una buena relación con el Gobierno, la intención es continuar cultivando ese perfil y fortalecerlo junto a empresarios locales, como le gusta al kirchnerismo.

Según los conocedores, la CIP era un organismo "bastante" democrático, pero los cortocircuitos comenzaron a surgir por la negativa de algunas petroleras como Shell a acoplarse a la política oficial en general. Incluso el presidente de la filial local de la angloholandesa, Juan José Aranguren, habló de la salida de YPF en duros términos.

En una carta enviada a Sebastián Eskenazi, vicepresidente ejecutivo de YPF, sostuvo que "la petrolera invirtió en sus operaciones (no todas destinadas a la Argentina) la suma de $ 27.208 millones y remitió dividendos a sus accionistas por la suma de $ 27.185 millones, es decir un flujo neto de caja entre ambas cuentas de $ 23 millones".

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