Los argentinos ya tienen bajo el colchón US$ 131.000 millones

Es la cantidad de dinero que está fuera del sistema financiero, ya sea en cajas de seguridad, cuentas en el exterior o guardado en las casas. Son US$ 22.000 más que en diciembre de 2006, antes del comienzo de la crisis financiera global.
Los argentinos ya tienen fuera del sistema financiero -ya sea bajo el colchón, en cajas de seguridad o en el exterior- la suma de US$ 131.036 millones. Fue una respuesta frente a la incertidumbre que provocaron los cimbronazos políticos y económicos del frente doméstico, a los que se sumó últimamente la crisis financiera global.

Según las estimaciones del INDEC para el tercer trimestre de este año, son casi US$ 22.000 millones más que en diciembre de 2006, cuando aún no había comenzado la crisis internacional.

Esa salida de recursos del sistema financiero fue financiada con los dólares que ingresaron por el superávit comercial, que creció como consecuencia de la fuerte caída de las importaciones.

Ahora, la plata fuera del sistema totaliza una cifra parecida a la deuda externa total -que suma la que tienen los privados y también la del sector público- que actualmente llega a US$ 123.807 millones. En este caso, la deuda aumentó casi US$ 15.000 millones respecto de fines de 2006.

A la fuga de capitales se agregó otro factor: hubo fuertes giros netos al exterior a las casas matrices de las filiales extranjeras por utilidades y dividendos. Por este concepto, en 2007 sumaron casi US$ 5.000 millones. En 2008, US$ 6.094 millones y en 9 meses de 2009 casi US$ 5.000 millones.

¿Qué pasó en estos dos últimos años? Si bien la caída de las Bolsas internacionales desvalorizó los patrimonios en bonos y acciones que los argentinos tienen en el exterior, por el otro continuó el proceso de salida de capitales de la Argentina. Y el balance da que hay más fondos afuera del sistema.

Esta fuga tuvo tres momentos, de acuerdo a los registros del INDEC: en la segunda mitad de 2007, por el impacto inicial de la crisis internacional se fueron más de US$ 4.000 millones.

Durante 2008 salieron unos US$ 9.500 millones. En la primera mitad de 2009 se fugaron unos US$ 6.700 millones. Pero esta sangría prácticamente se detuvo en el tercer trimestre de este año acompañando las primeras señales que marcaban que la crisis global había encontrado un piso.

A esto se agregó la decisión del Gobierno de Cristina Kirchner de "amigarse" con los mercados internacionales. Esto se manifestó en tres anuncios realizados en los últimos meses: la reapertura del canje de la deuda en default, la negociación con el Club de París para cancelar la deuda con ese organismo y la decisión de echar mano de las reservas del Banco Central para pagar los servicios de la deuda durante 2010, que representan alrededor de US$ 15.000 millones según las cifras que dio Economía.

Con este reaseguro en el pago de la deuda pública, muchos fondos del exterior ingresaron o reingresaron a la Argentina para aprovechar los bajos precios de los bonos y acciones argentinas.

La salida de capitales tuvo un pico durante la crisis de 2001/02. Luego se fue deteniendo -en especial durante 2004 y 2005- por el repunte económico, la estabilidad del valor del dólar y las tasas reales internas positivas, para volver a acrecentarse a partir de 2007 por razones locales e internacionales.

En el frente doméstico, uno de los ejes de la desconfianza de los inversores fue la polémica en torno de las estadísticas del INDEC. Justo a comienzos de 2007 se concretó la intervención política del organismo, de la mano del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. A partir de entonces, las cifras oficiales fueron perdiendo solidez y sus resultados dejaron de tener credibilidad entre los agentes económicos.

Los analistas lo atribuyeron a la intención del Gobierno de presentar índices de inflación más bajos que los reales para pagar menos intereses por los bonos ajustados por el CER que toma como base la inflación doméstica.

Después, las distorsiones en los índices se trasladaron al resto de los informes del organismo. Así fue como quedaron bajo sospecha indicadores como pobreza, salarios y PBI, entre otros.

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