"Los argentinos aún soñamos con el modelo alemán que nos prometió Cristina"

Cada vez más lejos de los Kirchner, Alberto Fernández admite que CFK defraudó las expectativas de cambio de la sociedad, se arrepiente de la pelea con el campo y pide un golpe de timón oficial
Los nueve meses que lleva fuera del Poder parecen haber parido un nuevo Alberto Fernández. Al superinfluyente ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner se lo ve hoy mucho más relajado y reflexivo que allá por julio de 2008, cuando agotado por enfrentamientos internos y la pelea con el campo, decidió pegar el portazo. El jamás lo admitirá, pero quienes lo conocen aseguran que su meditada renuncia se convirtió en inexorable el día que el matrimonio presidencial amenazó con irse del Gobierno, después de que aquel voto no positivo de Julio Cobos contra las retenciones les propinara su primera derrota política. Entonces, Fernández dejó el Gabinete sin demasiado ruido, aunque reclamando -sin éxito- un debate interno que permitiese un cambio de rumbo. Cada vez más alejado del matrimonio presidencial, mantiene esa demanda vigente y apunta contra "el discurso único" del ex presidente: "¿Quién dijo que en el peronismo sólo pensó Perón y que en el kirchnerismo sólo piensa Kirchner?".

Recientemente marginado del armado electoral del PJ porteño, Fernández reparte su tiempo entre su vieja consultora de la calle Callao, y su hobby favorito, tocar la guitarra. Recibe a El Cronista Weekend en el living de su departamento del piso 12, en una torre con vista al río de la Plata del exclusivo barrio de Puerto Madero. Es evidente que el hombre lleva un buen pasar, pero no hay en su casa ningún signo de ostentación. Una foto junto a su hijo en la Casa Rosada del día que asumió como jefe de Gabinete, allá por 2003, y una caricatura de Sábat publicada en Clarín son los únicos rastros que a simple vista delatan su paso por el Gobierno.

Paradojas de la política, el ex hombre fuerte del kirchnerismo, que jura que nunca necesitó pasar por un diván, encara esta entrevista, casi, como una terapia.

¿Qué análisis hace de sus cinco años en el Gobierno? ¿Tiene alguna autocrítica?

Para mí el tiempo en la jefatura de Gabinete fue una experiencia inigualable. Si yo volviera al 25 de mayo de 2003 y Kirchner me volviera a proponer ser jefe de Gabinete, volvería a decirle que sí porque yo ingresé a la política con la idea de poder llegar un día a un lugar como ése y articular cambios como los que efectivamente articulamos con Kirchner. Hubo muchos más aciertos que errores, aunque también los hubo.

Supongo que allí computa el conflicto con el campo

Me ha quedado un sabor muy amargo con el conflicto con el campo. Siento que nos equivocamos. Participamos de una discusión signada por la necedad de todos los actores que hizo que la Argentina durante cuatro meses viviera en ascuas. Me quejo de nuestra necedad.

¿Es cierto que la noche del voto no positivo de Cobos, Kirchner quiso renunciar?

Lo importante es que no hubo ninguna renuncia presentada.

Cristina llegó al Gobierno con promesas de cambio como mejorar la calidad institucional, recuperar al Indec. ¿No quiso, no pudo, no supo?

Creo que el inicio de su Gobierno estuvo signado por dos momentos cruciales. Apenas llegó se encontró con el tema de la valija de Antonini y casi inmediatamente después vino el conflicto del campo. Creo que después del conflicto del campo se abrió un debate político muy grande, que lejos está de terminar, y todo eso complicó su Gobierno. Demoró muchas decisiones porque el conflicto nos tuvo cuatro meses encerrados en ese tema. Había muchas expectativas de que cambien y mejoren muchas cosas. Kirchner fue un hombre que provocó inmensos cambios en la política y en la realidad argentina, pero había que dar paso a una etapa de mejor definición institucional, de una participación más activa del Congreso, de seguir adelante con designaciones de jueces y mejoramiento de la Justicia. Todas esas cosas quedaron postergadas. Cuando terminó lo del campo empezó la crisis internacional, hubo una mala visualización inicial del Gobierno, de que esa crisis no nos tocaba y después quedamos inmersos en ella.

Antes que eso la crisis local llevó mucha incertidumbre a los actores económicos

Con el conflicto del campo se armó un enorme debate que es inocultable. Yo con mi renuncia soy parte de ese debate, sobre lo que se debe hacer y debe dejar de hacerse. La pérdida de personajes tan importantes en nuestro espacio como Reutemann, Schiaretti y Solá son una prueba contundente de que hay un debate abierto todavía inconcluso. Lo que uno no entiende, y es lo que más reclama, es por qué no se puede dar. Si el kirchnerismo tuvo en 2003 la osadía entre comillas de plantear terminar con los discursos únicos, promover escenarios de debate superadores y a Kirchner lo escuché una y mil veces decir que "de tu verdad relativa y mi verdad relativa vendrá una verdad superadora". ¿Por qué no puedo tener mi verdad relativa? ¿Quién dijo que en el peronismo sólo pensó Perón y en el kirchnerismo sólo piensa Kirchner?

¿Qué tan cerca está hoy de Kirchner?

Desde lo afectivo, estoy y estaré siempre cerca porque le estoy muy agradecido por la oportunidad que me dio. Me doy cuenta que tenemos visiones distintas en muchas cosas del presente. Se nos hace más difícil compatibilizar nuestras visiones. Tenemos diferencias en los métodos.

¿Pero qué diferencia hay entre el Kirchner de 2003 y el Kirchner actual?

El Kirchner de 2003 ha sido impresionante. Fue un presidente único, inigualable.

¿Y el Kirchner ex presidente?

El Kirchner ex presidente está en un escenario muy complejo, donde es un actor central y muchas veces desubica a muchos de los que lo conocemos.

¿Con Cristina no hay relación?

No hemos vuelto a hablar. Dicen que está enojada.

¿Argentina tiene que volver al FMI?

Si Argentina necesita créditos, tomar créditos del FMI es mucho más ventajoso que tomar créditos del mercado, porque son créditos blandos. Tanto Nancy Lee, Tom Shannon como Dan Restrepo, funcionarios a los que ví en mi reciente viaje a EE.UU., están planteando la idea de tener otro FMI. El FMI se ha equivocado muchísimo en sus pronósticos.

¿Qué inquietud le plantearon sobre Argentina?

Reconocen que Argentina acertó en su diagnóstico. EE.UU. está en crisis y ahora ha vuelto a las lógicas de la diplomacia, una característica central de Obama. Se vio en Trinidad y Tobago. Si Argentina no logra una buena relación en la gestión Obama difícilmente pueda lograrla con alguien.

¿El hecho de que CFK no se haya podido reunir con Obama no está marcando que EE.UU. no nos registra demasiado?

Es anecdótico e innecesariamente potenciado por el gobierno y los medios argentinos. EE.UU. tiene en claro que tiene dos socios estratégicos, Brasil y México, y un socio al que le reconoce en el ámbito de América Latina cierto peso político.

Los economistas están advirtiendo que viene un segundo semestre difícil para la economía. ¿Vamos a sentir fuerte la crisis?

La Argentina no va a tener un problema financiero porque los bancos tienen mucha liquidez y además se ha dado una garantía importante con el ingreso de los 10.500 millones de dólares que el gobierno chino ha puesto en las reservas del Central. ¿Qué preocupa? Hay un problema de confianza en la economía que se manifiesta en la salida de divisas del sistema. Estamos a un ritmo de alrededor de 2000 millones de dólares mensuales. Pero el problema central es de tipo económico. El 96% de lo que exportaba Argentina estaba destinado a países que se han declarado en recesión y dejan de comprar.

¿Cómo leyó el fenómeno político que se produjo con la muerte de Alfonsín?

Yo tenía un cariño particular con Alfonsín. Yo fui funcionario, algo que me honra, en la época de Juan Sourrouille. Era Subdirector General de Asuntos Jurídicos, tenía 26, 27 años. Ahora, la sociedad argentina fue muy injusta en el maltrato desmedido que tuvo para con él en vida. Creo que hubo una acción para poner en Alfonsín los atributos que se le cuestiona al Gobierno que no tiene. Pero no sé si él los tenía. El Alfonsín dialoguista no existió en su gobierno.

¿Le gusta que Kirchner sea candidato en la Provincia?

Ni me gusta ni me deja de gustar. El piensa que esto puede ser una estrategia electoral y desde ese punto de vista es su pellejo lo que está en juego.

¿Imagina que asumira la banca?

No sé. Toda esa discusión es menor. Hay temas más acuciantes que deberían ser objeto de debate electoral. Quisiera escuchar (en la oposición) una oferta de salida frente a esta crisis de consumo, de producción, de tres meses consecutivos de caída en la producción del acero, en la construcción, en la industria automotriz.

Kirchner plantea esta elección en términos de "yo o el caos de 2001" ¿Qué piensa?

Nosotros al 2001 no podemos volver porque Kirchner le dio al gobierno una solidez que impide volver a aquella época.

Kunkel salió a cruzarlo duro por este comentario

Nunca he considerado ninguna palabra de Kunkel. En cuanto a sus críticas por mi gestión en el PJ porteño, lo que digo es que sigo pensando que el Progresismo en la ciudad debe ir unido.

¿Se va ir el Gobierno si pierde las elecciones?

No creo que se vaya y quisiera que razonemos de otro modo. Lula nunca gobernó con mayoría parlamentaria y tiene 75% de imagen positiva.

Kirchner demostró muchas veces saber leer la realidad. Por ejemplo, supo frenar a tiempo la cuestión reeleccionista en Misiones. Con el campo, ¿perdió esa capacidad?

Con la crisis hay que computar la caída de más del 30% de la producción agrícola. El campo de hoy no tiene nada que ver con aquel campo. Seguir sosteniendo la discusión en aquellos términos es un error conceptual inmenso. Uno debe reclamarle a Kirchner y a Cristina que lean adecuadamente lo que está pasando. Si es verdad que la política es el arte de cambiar la realidad, lo que no podes tener es una fotografía equivocada. No creo que la gente haya cambiado las demandas por las que eligió a Cristina. Sigue queriendo una mejor Justicia, mayor calidad institucional. Los argentinos seguimos soñando con el modelo alemán que nos prometió Cristina cuando asumió el 10 de diciembre de 2007.

¿Por qué Kirchner ve a los medios como adversarios?

Cuando uno empieza a enojarse tanto con los medios es como enojarse con el espejo. Puede ser que el espejo esté manchado y tengas que limpiarlo. Lo que no puede ser es que sea la causa central de tus problemas.

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