El 49% de los argentinos siente que no puede proyectar a futuro

El 49% de los argentinos siente que no puede proyectar a futuro
El porcentaje se duplicó el último año y es todavía más alto en el interior del país
Son suficientes seis meses de condiciones sociales adversas como para variar por completo el estado de ánimo de un país. Esto, que se demostró hace años, podría quizás explicar por qué en la Argentina se duplicó en el último año la sensación de no poder pensar ni planificar proyectos más allá del día a día. Especialmente, en el interior del país.

"Es un indicador psicológico que había mostrado una mejoría bastante grande entre 2004 y 2008, pero que este año creció muchísimo", señaló la licenciada María Elena Brenlla, investigadora jefa del Area de Psicología del Departamento de Investigación de la Universidad Católica Argentina (UCA).

La nueva encuesta del Observatorio de la Deuda Social Argentina, que desde hace cinco años evalúa con tests psicosociales a 2500 hogares en nueve centros urbanos del país, reveló que la percepción en los mayores de 18 años de no poder pensar cómo vivir más allá del día a día trepó fugazmente en un solo año del 25% sostenido desde 2005 al 49 por ciento.

Y la ciudad de Buenos Aires no fue la más afectada. En las provincias es donde más creció la incertidumbre sobre los proyectos personales a largo plazo. Así lo aseguró más de la mitad de los adultos entrevistados. "Mientras que en los dos estratos más altos [medio bajo y medio alto] el incremento rondaba en promedio el 50%, en los sectores más postergados de la sociedad la variación interanual superaba en promedio el 110%", indica el informe de resultados que acaba de difundir el observatorio.

Eso último significa que en ocho de cada diez hogares de nivel socioeconómico bajo y muy bajo no pueden siquiera pensar en proponerse proyectos a futuro.

"Por motivos culturales, carecemos de mecanismos para poder atajar esta situación -sostuvo Brenlla-. Es muy importante tomar conciencia de este clima psicológico que estamos viviendo. Casi el 50% de la población tiene esa percepción de incertidumbre. Además, cuatro de cada seis personas no sabe hacia dónde ir, que es algo que no le hace bien a nadie y menos al país."

Es que a la incertidumbre de los días por venir se suma otra sensación, la de la imprevisibilidad.

"Los humanos nos ponemos mal ante lo impredecible; naturalmente, se nos ha proporcionado cierta percepción de control, es decir, que algo podemos predecir -agregó la investigadora-. Todo el clima que se generó en el país en este último año, y en el que todos los sectores involucrados colaboraron echando más leña al fuego de la incertidumbre, no hizo otra cosa que aumentar la percepción de no poder controlar la propia vida."

Aunque la cantidad de personas seleccionada para evaluar el estado de salud de las capacidades psicológicas de la población se limitó este año a 466 mayores de 18 años, la muestra es representativa a nivel nacional. "Aun haciendo esa salvedad, es evidente que hemos construido en poquísimo tiempo un escenario de incertidumbre que se nota en todas las variables más duras, como el trabajo o la economía", explicó Brenlla.

La encuesta relevó también las condiciones laborales, de hábitat y de salud, como así también la confianza política y hasta la calidad del tiempo libre ( www.uca.edu.ar/observatorio ).

En general, en las poblaciones donde más cuesta encontrar un camino para poder mejorar las condiciones de vida o que viven en crisis cíclicas es donde más se instalan las ideas de que existe poca o ninguna posibilidad de evitar que factores externos "gobiernen" las propias acciones.

En el período 2008-2009, precisa el informe del Barómetro de la Deuda Social Argentina, "la adhesión a ese tipo de creencias en la población adulta se incrementó un 47%". La mayor variación se registró en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires (50%) y en el nivel socioeconómico más bajo (100%).

"El aumento del malestar psicológico unido a la imposibilidad de proyectar a futuro y la percepción de no controlar la propia vida es un cóctel peligroso del que los argentinos deberíamos tomar conciencia e intervenir, como bien lo hicieron en Chile y México con intervenciones psicosociales a gran escala", agregó.

Ira, irritabilidad, impaciencia, malhumor constante, desinterés y hasta enfermedades psicológicas que demandan ayuda terapéutica, como la ansiedad y la depresión, son algunas de las manifestaciones psicofísicas más evidentes de aquella mezcla peligrosa. Las mujeres son el grupo más propenso a desarrollar síntomas psicopatológicos en un contexto tan adverso, en especial si tienen además un bajo nivel de educación formal, son jefas de hogar y solteras. Y cuando el malestar psicológico se filtra en la educación de los hijos, la especialista señaló que ellos tenderán a replicarlo en sus conductas.

"El clima anímico de un país es fundamental porque se traduce en toma de decisiones que pueden serle contraproducente. Sin pretender ser alarmista, estamos viviendo en un clima psicológico que, de mantenerse, bastará un poco más de tiempo para ser aún peor. Lo positivo es que estos indicadores son sensibles a los cambios sociales, por lo que si entramos en una etapa constructiva, es posible modificar esas percepciones. La ciencia está muy avanzada como para seguir sin hacerle caso", finalizó Brenlla.

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