Argentinos le sacó la sonrisa a Independiente en el final

Montenegro marcó de cabeza y sobre la hora selló el empate Andrés Romero tras una buena jugada.

Por: Adrián Casaccio

Se le escapó a Independiente cuando ya no quedaba nada. Se lo empató Argentinos, que ya parecía condenado a su derrota. Todo, al cabo de un partido que no quedará entre los inolvidables del Apertura.

Son días de transición para Independiente: este torneo dejó de ser, muy pronto, la pretensión de una consagración. Incluso ya se quedó sin técnico (se fue Claudio Borghi) y recurrió al mago de las situaciones, Santoro.

Y así suceden estos días para Independiente: bajo la impronta de Santoro. Con la simpleza como primer mandato; con el orden como objetivo. Así había ganado en Santa Fe ante un Colón en jornadas de necesidades. Así procuró afrontar anoche, en Avellaneda, su partido ante el bravo Argentinos.

Le agregó, necesariamente, un rasgo a su juego, debido a las circunstancias: de local, Independiente no puede resignar protagonismo. En consecuencia, la idea fue seguridad sin despreciar la búsqueda ofensiva. Y así, ante un oponente de prioridades defensivas, se mostró más profundo, más activo, más audaz.

Al menos, así lo demostró en ese primer tiempo en el que debió irse en ventaja a descansar. Pero no: no alcanza con intentarlo.

Independiente estuvo cerca, durante esa primera etapa, en cinco ocasiones (lo tuvo Lionel Ríos en dos oportunidades, también Leonel Núñez; Leandro Fleitas lo evitó sobre la línea y Sebastián Torrico se lo quitó a Daniel Montenegro). pero no pudo ante el azar y un impecable Torrico, quien venía de ser superhéroe bajo cielo paulista (en el 1-0 memorable de Argentinos frente a Palmeiras, por los cuartos de final de la Copa Sudamericana).

El equipo de Santoro (con la novedad de Damián Ledesma como marcador central en lugar de Leandro Gioda, lesionado) fue más prolijo también en el traslado. Y tuvo otro rasgo: su búsqueda ofensiva se volcó casi invariablemente por el lado derecho, donde arrancaba Ricardo Moreira, seguía Ríos y acompañaba --más adelante-- Montenegro.

Sin embargo, llegó al gol a través de un recurso que este grupo no había explotado en todo lo que se lleva jugado del Apertura: la pelota detenida. A los once minutos del segundo tiempo, tras un córner desde la izquierda de Hernán Fredes, Montenegro sorprendió a todos en el centro del área, le puso la cabeza a la situación y le agregó precisión para resolver.

Había salido con otra intensidad Independiente para jugar en la segunda etapa. Desde el primero de los minutos buscó, intentó, quiso. Quizá sin la lucidez suficiente para garantizar aplausos, pero sí con el deseo de mejorar, de crecer.

Le alcanzó con eso para generar un nuevo grito feliz. Lo que continuó a ese gol no resultó, sin embargo, una sucesión de bellezas futboleras. Casi todo lo contrario: Independiente se escondió detrás de su victoria parcial. Y lo pagó del peor de los modos...

Lo de Argentinos estuvo, recién al final, a la altura de las circunstancias de un equipo con alma internacional. Porque todo lo bueno que exhibió en Brasil ayer se desvaneció durante casi una hora en la cancha de Racing. Fue un equipo primero inhibido, luego conformista y finalmente, ya en desventaja, corajudo. Intentó, en el último tramo, ir tras los pasos del empate. Estuvo cerca de igualar Fleitas, con un cabezazo. Entonces, Argentinos insistió incluso hasta el tiempo de descuento. Y entonces, Andrés Romero sorprendió, definió y empató. Un castigo para un Independiente que no se animó a más...

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