Los argentinos hacen culto de la disciplina partidaria

La crisis que detonó la derrota del kirchnerismo en el Congreso tras el debate sobre la resolución 125 que aplicaba retenciones móviles para las exportaciones de granos no sólo expresó la incapacidad de los partidos para alcanzar consensos, sino que evidenció que el principio de la disciplina partidaria rige la cultura de la representación criolla. Ese rasgo distintivo de la política doméstica fue reflejado en un estudio realizado por la Universidad de Salamanca que advierte que los diputados y senadores argentinos lideran el ranking de obediencia de los legisladores iberoamericanos a la hora de pronunciarse en el recinto.
Según el estudio, el 62,5 por ciento de los parlamentarios piensa que se debe exigir siempre disciplina en el voto. Y apenas el 10 por ciento considera que cada diputado o senador debe actuar en función de sus propios criterios. El restante 27,5 por ciento afirma que la subordinación a los edictos partidarios depende del tema que esté en discusión. En el otro extremo del ranking se ubican los representantes chilenos: sólo el 2,2 por ciento cree que siempre se debe exigir disciplina de voto.

El debate sobre el sentido de las opiniones que emiten los legisladores en el recinto es motivo de batallas permanentes en la Argentina. No por los que se pliegan a las directivas de los jefes de los bloques, sino, precisamente, por los que renuncian a la disciplina. Los desprendimientos afectan tanto al oficialismo como a la oposición. En la era kirchnerista, donde cada debate parlamentario es presentado como la elección entre la salvación y el abismo, el desafío al mandato es el elemento capaz de desbalancear.

Los reproches ante la indisciplina también fueron abordados por el estudio del OIR. El 61,2 por ciento de los legisladores argentinos consideran que se debe expulsar al diputado que vota en contra de su partido. Los brasileños se acercan a los locales: el 57,4 por ciento coincide con esa opinión. Los demás países del continente no creen que deba apartarse al representante que disiente con su voto.

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