Los argentinos, disconformes con la marcha de la democracia

Apoyan mayoritariamente el sistema, pero muestran insatisfacción por sus resultados
Veintiséis años después de volver a regir la vida institucional en la Argentina, luego de una prolongada noche de gobiernos de facto, la democracia sigue gozando de buena salud entre los argentinos. La vocación democrática nacional, sin embargo, viene acompañada de una profunda decepción en relación con las expectativas básicas de salud, educación y sustento para todos, ejes de las promesas electorales de 1983.

Son éstas las principales conclusiones de la investigación "los argentinos demandan un proyecto de país", desarrollada por la consultora Knack el mes pasado.

Los números de la encuesta son concluyentes y expresan una sensación ambivalente: mientras siete de cada diez argentinos creen que la democracia es "preferible a cualquier forma de gobierno", un 83% de los consultados están poco o nada satisfechos con el funcionamiento concreto de las instituciones democráticas en el país.

Otras tres tendencias entrega el trabajo, basado en 750 encuestas telefónicas a ciudadanos mayores de 18 años residentes en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires. Las afirmaciones son, por cierto, no menos preocupantes: la Argentina es un país cíclico, faltan conducción estratégica y un proyecto nacional concreto, como sí lo tienen países vecinos, como Brasil y Chile.

Para Gerardo Adrogué, director de Knack, las cifras de adhesión a la democracia son auspiciosas, más allá de que a tres de cada diez consultados les da lo mismo cualquier sistema o directamente creen que un gobierno autoritario es preferible "bajo ciertas circunstancias" a uno democrático.

"El nivel de apoyo a la democracia es superior al promedio de la región. No estamos para nada en situación de peligro", afirmó Adrogué. Según datos de la consultora Latinbarómetro, el punto más alto entre los países vecinos es Uruguay (el 79%), y uno de los más bajos es Costa Rica (67 puntos porcentuales).

Insatisfacción

Los números que denotan la insatisfacción de los argentinos para con la democracia, sí, son llamativos. Sólo un 16% dice estar bastante o muy satisfecho con sus beneficios, veinte puntos menos que el promedio latinoamericano. El porcentaje subió dramáticamente si se lo compara con 1995: un 44% de los consultados ese año por Latinbarómetro estaban disconformes, poco más de la mitad de quienes hoy protestan contra los tres poderes del Estado en estos días.

La crisis económica y social que explotó en diciembre de 2001 parece haber dejado una huella muy profunda. Un 77% de los consultados creen que la Argentina es un país cíclico, en el que "todo cambia cada cinco años".

Un porcentaje similar acuerda con la falta de un proyecto nacional al estilo de los brasileños o chilenos, mientras que un mayoritario 87% cree que cada gobierno "arranca de cero", sin reconocer lo bueno de las gestiones anteriores.

"Las críticas son compartidas a todos los gobiernos sin excepción", afirma Adrogué, para quien el trabajo deja en claro un cambio de humor social.

"Hay un reclamo general de liderazgos unificadores que busquen consensos. No se trata de suprimir los partidos políticos, sino de armonizar las diferencias", afirmó el director de Knack. Esto explicaría, según los datos de la encuesta, por qué el liderazgo de Néstor Kirchner tiene hoy muchos menos adeptos que durante su mandato como presidente. "La gente quiere acuerdos sociales, técnicos capacitados, pero manejados por políticos. Hay una idea clara de lo que se quiere, un primer paso importante para crecer como país", evaluó.

Comentá la nota