El 40% de los argentinos dice que cometería fraude financiero si nadie lo descubriera

Por actividades como el robo de identidad, la falsificación de documentación para conseguir un crédito, la estafa con tarjeta o los delitos informáticos, los bancos argentinos perdieron $ 600 millones el año pasado. Las víctimas no son solo las entidades: un estudio muestra que todos los individuos están expuestos, más aún, los bancarizados y quienes residen en zonas urbanas
El caso es muy conocido. Sucedió un viernes 23 de septiembre de 1994: ese día, Mario César Fendrich, el subtesorero de la sucursal Santa Fe del Banco Nación, se llevó más de $ 3,2 millones (que en ese momento eran dólares) de la bóveda de la entidad. Lejos de generar el repudio de la sociedad, el delito de Fendrich despertó admiración: la gente llegó a aplaudirlo en la calle en 1995, cuando se entregó a la Justicia. “No me volvió a pasar una cosa así, que me feliciten y festejen por lo ocurrido” , dijo el ex subtesorero años atrás, en una entrevista con una radio santafecina.

La historia del ex banquero –que, dicen, conserva hasta hoy gran parte del dinero que se robó– es una muestra de que en la sociedad argentina los delitos financieros no sólo no se condenan, sino que hasta se ven con buenos ojos. Para aquellos que no están de acuerdo con esta afirmación, basta mirar estas cifras: según un estudio realizado por el consultor en seguridad de productos financieros, Raúl Fiori, el 41% de los argentinos admite que cometería fraude financiero si no fuera descubierto por la Justicia. “La condena social al defraudador está ausente en muchas ocasiones. En nuestro país, existe la percepción de que los bancos ‘algo habrán hecho’, y eso hay que revertirlo”, indicó el experto. Según Fiori, que trabajó más de 20 años en el área de seguridad transaccional de algunas entidades financieras, como el Santander Río, entre las actividades que se entienden como fraude financiero se encuentran el robo de identidad o la falsificación de documentación –recibos de sueldo, facturas de servicios, etc-.– con el fin de obtener un crédito; la estafa con tarjeta de crédito y los delitos informáticos relacionados con las finanzas.

En la Argentina, las pérdidas de los bancos por este tipo de actividades llegaron a los $600 millones sólo en 2007. “No son delitos extraños, ni poco frecuentes”, indicó Fiori. Por estos días, está en todos los diarios el caso del ingeniero electrónico de 29 años, que duplicaba tarjetas de débito tras robar datos de los clientes a través de un dispositivo especial que colocaba en los cajeros automáticos. “Todos estamos expuestos a este tipo de delitos. Hace un tiempo, con la usurpación de identidad teníamos el prejuicio de que los usurpados eran siempre personas que no estaban bancarizadas, que vivían lejos de los centros urbanos y que tenían entre 30 y 40 años, pero esto no es así”, dijo Fiori. De hecho, un estudio que realizó el profesional junto con María del Rosario Bruera, de la empresa Equifax-Veraz, sobre 27.700 casos de fraude durante el período 1998-2008, y sobre los bancos que conforman el Top Ten, muestra que casi el 63% de las víctimas de fraude están bancarizadas. Además, el 80% de ellos calificaba para obtener un crédito. Geográficamente, el 78% de las personas vive en Buenos Aires y áreas suburbanas. “No son tampoco personas de alto poder adquisitivo. Los 27.700 casos de estudio suman $229 millones, lo cual arroja un promedio de $8.262 por caso”, dijo Fiori, quien presentó este estudio en el Congreso de Tarjetas de Crédito que anualmente realizan Card Club y la Asociación de Marketing Bancario de la Argentina (AMBA). Las personas a las que se les usurpa la identidad, van desde los 20 a los 80 años. Es decir, que hasta los jubilados están expuestos a la falsificación de información personal. “Incluso conozco la historia de un abogado que se encargaba de reclutar ancianos en geriátricos, les daba documentos falsos y los mandaba a cobrar la jubilación de un tercero”, contó Fiori.

En cuanto al perfil de los defraudadores, el informe indica que el 29% no tiene antecedentes de consultas por crédito, mientras que un 70% sí los tiene. En tanto, el 46% de los defraudadores es de sexo masculino, el 37% femenino, y un 13% son sociedades. “Estos individuos son consistentes en su accionar. El riesgo podría ser menor si las entidades se comunicaran y se pasaran entre sí la información de fraudes”, indicó el experto. “De hecho, se podrían ahorrar hasta $128 millones anuales con una mejor prevención de estos delitos”, agregó.

Otra gran preocupación es el fraude informático, que crece a pasos agigantados en las entidades financieras locales. De hecho, en la Argentina una encuesta mostró recientemente que dos de cada diez empresas han sido víctimas de delitos como el phishing, una modalidad de estafa por correo electrónico, con el fin de robar datos financieros.

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