Argentina tiene una brisa de cola y el Fondo Monetario, de frente

Por: Alcadio Oña.

Según analistas locales y externos, la última cumbre del Grupo de los 20, en Estados Unidos, lejos de debilitar el poder del Fondo Monetario lo reforzó: "Fue el que salió mejor parado", dicen algunos.

Tanto que se le encomendó trabajar en la prevención de los riesgos sistémicos, como el que desencadenó la crisis internacional, y en la coordinación de las políticas que sirvan a este fin.

Puesto de otra manera: con este FMI fortalecido por obra y gracia de las potencias deberá lidiar la Argentina. Con el mismo organismo que acaba de cuestionar, aunque con cierto cuidado, el índice de precios y la tasa de crecimiento de la economía que cuenta el INDEC.

Es visible, por donde se lo mire, que el kirchnerismo busca un acercamiento con el Fondo. Más oscuro resulta que pueda lograrlo en sus términos, así haya cambiado mucho los modales.

También es notoria la predisposición del FMI por tener a la Argentina adentro. Pero parece excesivo pretender que emita un informe complaciente sobre las cuentas nacionales. O saltee observaciones a las estadísticas oficiales más explícitas que las que puso al pie de una página, en su reporte sobre la economía mundial. Esto es, sin tanto cuidado por las formas.

¿Es posible, además, que el Gobierno logre zafar del indeseable en una negociación por la deuda con el Club de París? Impensable, por varias razones.

En cualquier arreglo así el FMI está presente, aún en aquellos, como el de Nigeria, cuando el deudor paga una montaña de dólares al contado. En principio, porque es garante para los burócratas que negocian en nombre de sus gobiernos.

Luego: si las potencias del G-20 le han asignado al organismo un papel relevante en la supervisión de las economías y las finanzas internacionales, ¿justo con la Argentina van a aflojar? Significaría barrer con una consigna que ellas mismas remacharon en Estados Unidos.

Por regla general, el acreedor siempre quiere cobrar. La Argentina adeuda al Club de París alrededor de 7.000 millones de dólares. Aquí es un monto considerable, pero demasiado poco como para que los países que mandan en la organización acepten una excepción a la regla. Y es nada comparado con los 4 o 5 billones que se gastaron en la crisis.

China volverá a crecer al 9 % el año que viene. Brasil ya sale de la recesión y va para cerca del 4 %. El FMI calcula que Estados Unidos pasará de caer 2,3 % a crecer 1,5 %. Que Chile se recuperá al 4 % y la India avanza hacia un robusto 6,4 %.

Y aun cuando el repunte de la economía europea sea leve, esta es la brisa de cola que puede beneficiar a la Argentina. No será el fuerte viento a favor que acompañó al kirchnerismo hasta que se desató la crisis, pero es una nueva oportunidad.

El gran interrogante es si el país aprovechará el cambio de clima.

Probablemente, aumentarán la demanda y el precio de los alimentos. La Argentina podrá sacar partido de la denostada sojización, pero las cosechas de trigo y maíz se han desplomado. Y el repliegue de la producción de carne ya potenció a otros competidores, como Brasil y el mismo Uruguay.

El repunte de la economía brasileña y la revaluación del real, que mejoran el perfil exportador de algunos sectores, también representan una buena veta.

Aunque limitado, ese es el costado comercial de la brisa a favor. El lado oscuro asoma clarito en las urgencias financieras, que explican los contorneos del ministro de Economía con el FMI, el Club de París y los díscolos bonistas que no entraron al canje de 2005.

En el mundo sobran ofertas de plata, pero el Gobierno tiene cerrado el acceso al crédito internacional. Por culpa de cosas que no se hicieron y de otras que se hicieron: al fin, porque domina la desconfianza en la gestión oficial.

Los dólares que ahora entran son movimientos de ocasión: expectativa de ganancias, bicicleta financiera pura. Si hasta aflojó la salida de capitales.

Es confianza. Confianza en que el tipo de cambio seguirá controlado, que no hay devaluación a la vista y será posible realizar la ganancia. También, en que los riesgos de impagos de la deuda están despejados al menos a corto plazo.

En cambio, el apretón financiero del Estado se ve todo el tiempo en las páginas del Boletín Oficial. En las operaciones con la ANSeS, la AFIP, el PAMI o cualquier organismo público donde haya fondos disponibles; además, de los que bombean el Banco Central y el Nación. El Gobierno no tiene otras fuentes de crédito: así de sencillo.

Todo eso anima los afanes de Amado Boudou. Y tanto trajín lleva implícito que el kirchnerismo quiere hacer de apuro lo que antes demoró.

El FMI calcula que este año la economía argentina caerá 2,5 % y crecerá 1,5 % en 2010. Parecido a las estimaciones de algunos consultores nativos: de allí finalmente provienen los datos del Fondo, porque no cree en los oficiales.

Si así fuese, en 2010 el país apenas remontaría parte del bajón de 2009. Y el correlato es la oferta de trabajo: casi por definición, el empleo tarda en acompañar la mejora en la economía. En algunos países centrales esperan el pico de desocupación para mediados del año que viene.

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