La Argentina no tiene atraso cambiario.

Utilizaremos varios indicadores para analizar si existe atraso cambiario definido como un tipo de cambio real (TCR), por debajo de su valor de equilibrio, que conduzca a déficit externo y pérdidas de reservas internacionales.
Debemos distinguir entre tipo de cambio nominal que el banco central puede administrar y tipo de cambio real que determina el mercado.

En ese sentido, la fuerte devaluación de 2002 produjo una importante suba del TCR, pero en los años posteriores prevaleció la apreciación real mediante subas de precios internos, superiores a la depreciación nominal.

1. El indicador monetario se basa en la igualdad entre oferta y demanda de base monetaria y define al tipo de cambio nominal (TCN) como el cociente entre base monetaria más pases netos (en pesos)/ reservas internacionales menos deuda Bis (en dólares).

Este indicador arroja un TCN de 2,87 pesos a fines del año pasado, de modo que el fuerte respaldo en dólares de la base monetaria permitiría una hipotética apreciación del peso de hasta un 22% sobre la paridad actual.

2. El gasto público se destina principalmente a la compra de bienes y servicios no transables, excepto el gasto en infraestructura, que mejoran la capacidad de exportación.

El aumento sostenido del gasto público deteriora el saldo de la balanza comercial, y subir impuestos no resuelve el problema porque produce un estrujamiento del sector privado.

En 2008, el gasto primario que efectuó el gobierno nacional alcanzó a US$ 60.000 millones. De esta manera, duplicó su nivel en dos años y al promedio anual que hubo desde 1992 hasta 2008. Es decir, el indicador "gasto público en dólares" alerta la presencia de un atraso cambiario.

3. El salario mide el costo de un importe factor de producción. Considerando el salario en dólares del sector formal, con base 100 en el cuarto trimestre de 2001, el índice alcanza a un nivel de 94 en el último trimestre del año pasado, es decir, se dio una importante recuperación del salario en dólares luego de la brusca caída del año 2002. Esto brinda una señal de apreciación del TCR porque el salario en dólares se aproxima a los niveles de la convertibilidad en que se produjo una falta de competitividad.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la productividad laboral, medida por el producto bruto interno (PBI) por ocupado, aumentó un 13% desde 2001.

De este modo, el salario medido en dólares, ajustado por productividad, resulta un 19% más bajo a que fines de la convertibilidad y no sería causa determinante de atraso cambiario.

4. La definición clásica de tipo de cambio de equilibrio es cuando la cuenta corriente de la balanza de pagos resulta nula (si se tiene en cuenta la inversión directa sostenible, se menciona el déficit en cuenta corriente "tolerable").

Este año se agotaría el ciclo de superávit en la cuenta corriente, afectado principalmente por la fuerte contracción de las exportaciones por menores cosechas y caídas en los precios de los granos, pese a que aún siguen elevados en términos históricos.

Es decir, la cuenta corriente neutra sugiere que el tipo de cambio real se encuentra en equilibrio.

5. Pero en la Argentina no pueden ignorarse los fuertes movimientos de capitales de modo que hay que considerar el resultado de toda la balanza de pagos -antes de ajustes compensatorios-, y ello equivale a monitorear el nivel de reservas internacionales, cuya caída sistemática alertaría sobre atraso cambiario.

Presión a la baja

Este año, la cuenta capital presionaría a la baja de reservas por dos canales: el sector público, al carecer de financiamiento internacional en el mercado voluntario de deuda, debe comprar dólares para pagar el servicio de deuda nominado en esa moneda.

Además, es probable que el sector privado vuelva a registrar una salida de capitales, pero de menor intensidad que la del año pasado. Los choques negativos de 2008, impulsados por el paro agropecuario y por la estatización de los fondos que manejaban las AFJP, originaron una mayor intervención cambiaria del Banco Central (BCRA) respecto a la actual coyuntura. En este marco esperamos una moderada caída del alto nivel actual de reservas internacionales, sin que ello presione a un brusco salto en el tipo de cambio.

6. El índice de tipo de cambio real multilateral (Itcer), base uno en diciembre de 1991 y donde la inflación interna de los dos últimos años se la aproxima por el índice de precios al consumidor de una muestra de provincias, arroja, a diciembre del año pasado, un nivel de 1,86, según datos del Servicio de Estudios Económicos del BBVA Banco Francés. Este nivel de Itcer resulta un 5% más alto que el promedio histórico entre 1980 y 2008, de modo que no habría desvío sobre su valor de equilibrio de largo plazo, aproximado por el promedio histórico.

Aun así, se podría argumentar que actualmente se necesita un tipo de cambio real más elevado, debido a la crisis internacional y a la reciente caída del precio internacional de las materias primas, lo cual ayudaría a licuar el nivel de gasto público medido en dólares.

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