La Argentina no termina de asumir sus propios errores

Por Hernán de Goñi

En las próximas horas, la Argentina tendrá la oportunidad de hacer un gesto para congraciarse con los inversores. Lo curioso es que no tomará una decisión política excepcional, sino que volverá a cumplir una obligación que respetó hasta 2006

La normalización de las relaciones con el Fondo Monetario (el gesto en cuestión) fue una decisión a la que el Gobierno se resistió por todos los medios ya que la consideraba equivalente a un pacto con el enemigo. Ahora está haciendo un enorme esfuerzo retórico para justificarse y señalar que quien cambió es el FMI y no el gobierno argentino, argumento que en el mundo nadie se molesta siquiera en discutir.

El FMI es el organismo al que se le dio mayor poder de supervisión financiera para que contribuya a evitar una nueva crisis a través de la transparencia de sus controles, vitales para que los inversores juzguen la calidad de la política económica de cada país. Esa decisión es la que el Gobierno impugna, en contra del deseo del G-20, grupo que integra.

Chile se prepara para entrar a la OCDE. Brasil ya es acreedor del FMI. La Argentina se diferenció con su aislamiento del mundo. Su actitud transmitió la idea de que hay inversiones que no vale la pena atraer. Una extraña forma de ser "soberanamente" pobres.

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