Argentina pierde el tiempo y demora el regreso a los mercados

Por: Daniel Fernández Canedo

Dentro y fuera del Gobierno hay expertos que creen que la Argentina está perdiendo un tiempo valioso al demorar el regreso al mercado de crédito.

Sacan a relucir que desde octubre Brasil consiguió dinero a 30 años de plazo a una tasa menor al 6%.

Algo impensado para la Argentina. Pero también consiguieron crédito países no tan calificados como nuestro vecino y a un costo al que difícilmente el ministro Boudou pueda acceder.

El Salvador, por caso, logró US$ 800 millones a menos de 8% a 10 años.

Pero todo eso ocurrió antes que una empresa estatal de Dubai anunciase que no podía pagar una deuda y que el fantasma del default volviese a sobrevolar el panorama financiero internacional.

Ahora es el caso de Grecia, que anunció un fuerte déficit fiscal y le bajaron la calificación crediticia.

Pero, lamentablemente, no parece ser un caso aislado. Ayer, España sufrió una merma en su calificación en la perspectiva financiera.

La idea de que el mundo ingresó en una autopista financiera sin escollos se desvanece. El baño de dólares que EE. UU. realizó para surfear la crisis no logra tapar todos los problemas.

Es por eso que la Argentina estaría perdiendo un tiempo precioso que aún puede aprovechar. Pero que también puede perder definitivamente.

El acuerdo con los bonistas que aún están en default parece postergado hasta fin de enero.

La Presidenta no se muestra apurada en concretarlo. La otra porción de la demora correría por cuenta de la impericia de algunos hombres de Economía.

Por otra parte, Néstor Kirchner se mantiene en la posición de evitar un acuerdo con el Fondo Monetario. Busca no aparecer cediendo frente a ese organismo internacional.

Cuentan funcionarios del área económica que el ministro Boudou había logrado un compromiso del jefe del FMI para que el Gobierno pudiese conocer antes de que fuera publicado el diagnóstico del Fondo sobre la marcha de la economía argentina. Ese es un requisito indispensable para poder normalizar las relaciones.

Pero el ex Presidente no confía en Strauss- Kahn. Y sigue postergando una definición clave para que la Argentina pueda mejorar su relación con el mundo financiero, que no sería poco.

Una muestra de donde está parado el país es que la Argentina hoy podría conseguir dinero al 10% anual, una tasa muy superior a la de casi todos los países de la región.

Por otra parte, sin acuerdo con el FMI, tampoco se lograría uno con el Club de París. Así, el Gobierno seguiría con las puertas cerradas para obtener financiamiento a largo plazo, por ejemplo, para obras de infraestructura.

El financiamiento que el Tesoro necesita de afuera es poco. Si lograse US$ 3.000 millones en el mercado de crédito voluntario, tendría prácticamente lo necesario para cubrir el 2010. El pago más importante lo debe afrontar en agosto, cuando por los bonos Boden deberá desembolsar US$ 2.000 millones. Los números son alcanzables, pero dependerán del contexto y de la cosmética contable que pueden no rendir tantos frutos como este fin de año.

Este mes, seguramente el Tesoro mostrará un superávit primario del orden de los $5.000 millones.

Pero si llegasen a excluir los aportes del Fondo de Garantía de la ANSeS (la plata de la jubilación privada) y de parte de las ganancias del Banco Central -entre los dos sumarían $ 10 mil millones- el déficit sería de $ 5.000 millones.

Las cuentas públicas parecen al límite y la apuesta a que la economía se reactive rápido se hace cada día más palpable.

La suba de la soja en el mercado internacional (ronda US$ 390 la tonelada en Chicago), junto al aumento del área sembrada y el fin de la sequía en muchas zonas del país, abren sin duda una perspectiva interesante.

Según un estudio del Banco Central, el índice de los precios de las materias primas que la Argentina exporta subieron 28% en el año, un porcentaje que debería dejar frutos en términos de divisas.

Por otra parte, el Gobierno le sumó a la capacidad de consumo de la gente el aumento de las asignaciones familiares, un adicional de fin de año $ 300 para los jubilados que ganan la mínima y la asignación de $ 180 por hijo.

Diciembre debería marcar una mejora en el consumo, pero la mala noticia podría venir por el lado de la inflación.

Los economistas pronostican que la inflación del año próximo estaría entre 15% y 20%.

Hugo Moyano ya adelantó que para la discusión salarial tendrán en cuenta los "precios de los supermercados" y no los del INDEC. En otras palabras, a la hora de los aumentos el porcentaje en cuestión estaría más cerca de 20% que de 10%.

La economía se encamina a la reactivación y los precios, a tonificarse.

La Argentina dio muestras de poder bajar picos de inflación enormes, pero lo que todavía no sabe es cuánto tiempo podrá transitar si los aumentos anuales de precios rondan el 15% y se hacen permanentes. Es un gran desafío.

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