Una argentina , su pareja y su beba murieron en la tragedia de L' Aquila

Una argentina , su pareja y su beba murieron en la tragedia de L' Aquila
Andrea Passamonti, Antonio Centi y Ludovica, de 5 meses, vivían en Onna, que quedó devastada.
Andrea Fabiana Passamonti, una argentina de 38 años, murió en la madrugada del lunes debido al terremoto, junto con Ludovica Centi, su bebé de cinco meses, y su pareja Antonio Centi, según informaron vecinos de Onna a este enviado. En Internet figura un alcalde de Onna entre 1994 y 1998 llamado Antonio Centi, de nacionalidad italiana.

Clarín supo que el primer marido de Andrea Passamonti vive en Roma junto a su hija adolescente, cuya madre era la fallecida. El ex marido es también argentino con doble nacionalidad italiana, como la señora Passamonti.

Onna es el pueblo más arrasado por el terremoto que devastó a la provincia de L'Aquila. Sobre 450 habitantes de este centro situado a pocos kilómetros al este de la capital, L'Aquila, fueron alineados 40 cuerpos, cada uno dentro un féretro, en un parque bajo un árbol en el centro de Onna. El pueblo ha perdido todo el casco histórico y sus edificios. Ayer, cuando Clarín visitó el lugar, estaban descargando más carpas, comida y una cocina de campo junto con otras vituallas. "La situación va mejorando lentamente pero nosotros creemos que bajo los escombros hay mas muertos", dijo Vincenzo, uno de los viejos habitantes de Onna.

En Onna como en Partinica y en la misma L'Aquila hay un número imprecisado de los llamados "extracomunitarios", muchos de los cuales carecen de documentos. Estos clandestinos tratan de no hacerse ver, aunque saben que en los centros para evacuados todos son tratados igual. "Negros, europeos del Este, chinos y otros asiáticos, todos son iguales para nosotros", dijo un dirigente de la Protección Civil. "A todos los ayudamos sin discriminación".

Pero en Onna, dos nigerianos que hablaban en inglés y dijeron ser "obreros genéricos" señalaron a Clarín que "con el clima que hay en Italia contra los extranjeros, en cuanto podamos nos vamos antes de que nos denuncien. Total, a nosotros un alojamiento permanente no nos van a dar".

A Onna fueron traídos varias unidades especializadas en buscar seres humanos, vivos y muertos, entre los escombros. Los perros y sus instructores encontraron varios cadáveres, pero ayer fueron retirados porque se considera que en Onna no hay esperanzas de encontrar a nadie vivo.

La pequeña aldea era ayer la imagen de la desolación. El mortífero terremoto que conmovió Italia aplastó a los pobladores mientras dormían y mató a 40 de sus 450 habitantes. El resto apenas pudo huir desesperadamente para engrosar las filas de 50.000 desamparados en toda la devastada región. El fenómeno convirtió a esta pequeña villa en un pueblo fantasma poblado por un puñado de sobrevivientes azorados.

Algunos deambulaban confundidos con unas pocas posesiones en la mano. Otros lloraban con la mirada posada sobre montañas de escombros. Los rescatistas usaban grúas, topadoras y sus propias manos en una búsqueda desesperada de sobrevivientes, mientras helicópteros militares de transporte traían más ayuda y suministros.

Cristina Di Tommaso, alcalde del servicio de protección civil, dijo que había pocas esperanzas de hallar a más personas con vida debajo de las altas pilas de piedras, tejas y vigas de madera que se alzan en casi todas las calles de la vieja localidad. "El noventa por ciento de Onna está destruida, se vino abajo", dijo a un grupo de periodistas.

Había muchos indocumentados en la zona al momento del temblor, lo que ahora complica las tareas de identificación de víctimas. La mayoría de los inmigrantes indocumentados en Italia procede de Rumania, la ex Yugoslavia o el norte del Africa.

Muchos de los adolescentes de Onna se salvaron porque habían viajado a Francia en un tour escolar cuando se produjo el terremoto. Algunos hoy son huérfanos.

En el camino a la localidad de Onna, al cierre de esta edición, los refugiados se aprestaban a pasar otra noche frígida en sus automóviles. Otros habían armado carpas frente a sus casas, mientras temían que se produjeran más remezones.

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