La Argentina, lejos de las prioridades de la Casa Blanca

No fue suficiente haberlo apoyado abiertamente cuando todavía era candidato. Ni la carta que le envió apenas se convirtió en el primer presidente negro de los Estados Unidos y en la que le brindó su más "sincera amistad". Tampoco que lo haya llegado a comparar con Juan Domingo Perón, por querer sindicatos fuertes como los que alentó el General.
Si hay algo que quedó bien claro en sus primeros 100 días de gobierno es que para Barack Obama la Argentina de Cristina Fernández de Kirchner está muy por detrás del liderazgo de Brasil, y su presidente ‘admirado’ Luiz Inácio Lula Da Silva.

Desde que se inició el mandato del líder demócrata, el Departamento de Estado escogió a Lula como su único interlocutor e intermedario en América Latina, con excepción de México, país con el que Estados Unidos tiene una relación estrecha por su condición limítrofe.

Sólo hay que remitirse a los hechos. El presidente de México, Felipe Calderón, se reunió dos veces con Obama; y Lula también tuvo su encuentro a solas con el líder demócrata.

Pero en estos 100 días sí cambió la Argentina.

Y es que desde el comienzo del kirchnerismo en el 2003, el gobierno había llevado adelante una relación de explícita frialdad con Washington. Nunca hubo coincidencias con el ex presidente George W. Bush, lejano ideológicamente del progresismo que enarbolan los Kirchner. Y además, hasta hace apenas un año, la amistad entre Buenos Aires y Caracas era mucho más fluída, producto de los precios record del petróleo venezolano, y la billetera siempre dispuesta del presidente Hugo Chávez, justamente, el enemigo público de Bush. Hoy, uno de los objetivos diplomáticos de Cristina Kirchner es acercarse a Obama.

Aunque hasta ahora, los esfuerzos diplomáticos y la "admiración" de Cristina Kirchner no fue correspondida por Obama, quien mantiene también un diálogo constante con Michelle Bachelet en Chile y también con Alvaro Uribe en Colombia, dos países históricamente alineados con la Casa Blanca.

Es cierto que Obama contestó -como lo hizo con todos los mandatarios que le escribieron luego de su asunción- la carta de Cristina y que cuando la llamó por teléfono, según contó entusiasmada la propia Presidente, le habría dicho que tenía muchas ganas de conocerla.

Pero cuando llegó el momento de la agenda y los encuentros, la Presidente pudo comprobar primero que Barack no tenía tiempo en el G-20, la reunión en la que ambos coincidieron a principios de abril en Londres. Y sucedió lo mismo hace apenas unas semanas, durante la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago. Allí, a pesar de las gestiones de la Cancillería, de un encuentro entre el canciller Jorge Taiana y su colega Hillary Clinton, el gobierno no logró conseguir aunque sea unos minutos a solas con el mandatario norteamericano. Obama, estrella total de la cumbre tuvo encuentros con presidentes por región, y en la de Unasur, estuvo Cristina Kirchner.

En Buenos Aires también otra variable va a modificar la relación. Y es la partida del movedizo embajador Earl Anthony Wayne en julio. En su reemplazo, estaría confirmado con nuevo representante diplomático el actual subsecretario para la región en el Departamento de Estado, Thomas Shannon, quien ocupa ese cargo desde 2005 cuando el presidente era Bush. Esto es, cuando las relaciones con Washington eran más ríspidas.

Los primeros 100 días entonces, le sirvieron a la Presidente para saber a dónde está situada la Argentina para el Estados Unidos que gobierna Obama. Siempre detrás de Brasil. Y de Lula.

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