Argentina no importará carne, pero los precios aumentarán

El ingeniero agrónomo Daniel Rearte reconoció que el stock actual de cabezas vacunas es el más bajo en muchos años pero aclaró que la situación ya comenzó a revertirse. El principal estímulo, dijo, será el propio mercado. Desaconsejó las restricciones a las exportaciones.
El ingeniero agrónomo Daniel Rearte descartó que Argentina se vaya a ver obligada a importar carne en el corto plazo, aunque advirtió que los precios "van a aumentar" por lo que el consumo va a disminuir.

En diálogo con LA CAPITAL Rearte reconoció que el stock de cabezas actual es "uno de los más bajos en muchos años" pero aclaró que, a su criterio, el fenómeno no durará mucho. "Estamos justo al inicio de una etapa de recuperación de stock" dijo durante una extensa charla con LA CAPITAL en la que analizó los aspectos económicos, biológicos y hasta climáticos que influyen sobre el mercado nacional de carnes.

-¿Cómo definiría la actualidad de la producción ganadera nacional?

-La producción ganadera está justo, en estos momentos, en un proceso de cambio. El stock ganadero tuvo un crecimiento sostenido hasta fines de 2006 pero a principios de 2007 comenzó un período de liquidación abrupta motivado tanto por la menor rentabilidad de la actividad en comparación con la agricultura -principalmente el cultivo de la soja- y la sequía. Entonces se pasó de 58 millones de cabezas a principios de 2007 a 54 a principios de 2009.

-¿Cuántas cabezas hay actualmente?

-Todavía no tenemos los datos oficiales, pero debemos estar entre 51 y 52 millones. Porque el servicio de 2008 fracasó por la sequía y eso hizo que este invierno naciesen entre 2,5 y 3 millones de terneros menos. Es uno de los stocks más bajos en muchos años.

-¿Es un proceso irreversible?

-No, al contrario. Estamos justo al inicio de una etapa de recuperación de stock. En primer lugar, porque el último servicio, si bien no fue excelente, tampoco fue malo por lo que dentro de un año habría una recuperación. Nunca vamos a llegar a los 58 millones que tuvimos en 2007 pero sí es de esperar que lleguemos a los 53 o 54 millones.

-¿Hay que descartar, entonces, el fantasma de que la Argentina va a terminar importando carne?

-Totalmente. Eso nunca va a pasar. El tema va a estar, sí, en el centro de la escena porque va a haber carne pero un poco más cara y por ende el consumo se va a restringir. Va a haber cortes carísimos. Se van a exportar las cuotas Hilton, entonces el lomo va a ser carísimo pero el asado casi no va a aumentar.

-¿Cree que va a ser un cuadro preocupante?

-Preocupante quizás sí pero no terrible. Lo que hubo es un reordenamiento necesario de la industria, frente a las limitaciones naturales de la superficie. Argentina no es Brasil que desmonta el Amazonas y crece en el stock. Si decimos que la ganadería perdió 13 millones de hectáreas no podemos ser tan soberbios de pretender tener el mismo stock que antes.

-¿Qué hay que hacer frente a este nuevo contexto?

-Mejorar el promedio de preñez. Antes teníamos 24 millones de madres y se cayó a 21. Si queremos mantener la cantidad de terneros por año, tenemos que subir el índice de preñez del 60% al 75 u 80%. Y eso se mejora con alimentación y sanidad.

-Para mejorar el rendimiento el productor debe invertir en un contexto en que la soja requiere menos esfuerzos. ¿Cómo se logra que no abandone la ganadería y se vuelque directamente a la soja?

-En primer lugar, hay que tener en cuenta que el propio mercado va a hacer más tentadora a la ganadería. La producción de carne no es la que había antes, entonces el precio sube. Ahora mismo el ternero se está pagando a muy buen precio. Encima las terneras que antes iban a faena ahora las van a conservar, porque van a querer recuperar vientres. Quiere decir que ya hay un estímulo.

-¿Usted cree que con ese estímulo es suficiente para compensar la tentación de la soja?

-No es suficiente si se deja todo al mercado. Sin ningún tipo de regulación vamos a tener el monocultivo de la soja como está el monocultivo del aceite de palma en Ecuador, el de la caña en Colombia cuando el etanol es bueno o de la forestal y el arroz en Uruguay. Siempre que hay un cultivo agrícola de alta rentabilidad es indispensable una planificación para ponerle un coto. De lo contrario, no hay opciones.

-¿Las retenciones a la soja cumplen ese rol?

-Si no existieran las retenciones a la soja, sería imposible frenarla. Es indispensable que la rentabilidad creciente de la ganadería sea acompañada por una sujeción de la rentabilidad del otro cultivo.

-Pero el cultivo de la soja se extendió aún desde que se implementaron las retenciones. ¿Hacen faltan más estímulos?

-Sí, es verdad que creció. Pero principalmente porque el mercado de los terneros no era atractivo. Ahora eso cambió. Lo que sería un error sería poner restricciones a las exportaciones.

-¿No se corre el riesgo de que se dispare el precio en el mercado interno?

-No, hay instrumentos para regularlo. Otra medida indispensable para la ganadería argentina es modernizar el sistema de comercialización, porque tenemos la suerte de que los cortes que se exportan no son los que más demanda el mercado interno. Hay que terminar con la comercialización de la media res, pero esa es una cuestión más política que técnica.

-Algunos sostienen que hay que aumentar el peso de faena. ¿Usted coincide?

-Sí, hay que hacerlo, pero ahora no se puede. El momento hubiese sido en julio o agosto del año pasado, cuando en el marco de la sequía se produjo una sobre-oferta de carne. Si se hubiese tomado la decisión ahí, el mercado no se hubiese dado cuenta. Ahora es crítico, porque hay faltante de carne. Lamentablemente para este tema ya es tarde.

Crecimiento paradójico

Para el ingeniero agrónomo Daniel Rearte, el crecimiento del stock de cabezas ganaderas que se vivió hasta fines de 2006 fue "paradójico" por cuanto se produjo al mismo tiempo que la superficie destinada a la ganadería se reducía en 13 millones de hectáreas. "Lo lógico -reflexionó- hubiese sido que se hubiese ido achicando el stock. Pero subió y se pasó de 54 a 58 millones de cabezas a fines de 2006".

-¿Había algún factor tecnológico o científico que permitiera ese uso más eficiente de la superficie?, lo consultó LA CAPITAL.

-No, simplemente había amontonamiento de hacienda. No era sustentable. Y eso quedó en evidencia con la sequía: dado que de los 4 millones que se perdieron, entre 800.000 y 1 millón de cabezas fueron por muertes.

-¿El impacto de la sequía hubiese sido menor si no hubiese existido esa saturación de las superficies?

-No es posible saberlo pero sí está claro que las regiones donde más mortandad hubo fueron aquellas donde más había crecido el stock. Zonas como el Chaco, el Norte de Santa Fe, el sudeste de Santiago del Estero, Corrientes y Entre Ríos habían aumentado casi el 50% de su stock en los últimos 10 años. Quiere decir que la sequía hizo estragos en donde más sobrecarga hubo. En la Cuenca del Salado, en cambio, no se veían las imágenes de vacas muriéndose como en el Norte de Santa Fe. Sí estaba el problema de que no había pasto y las vacas no se preñaban, pero no era esa mortandad masiva y trágica.

Con el viento a favor

Para el especialista en carnes del INTA Daniel Rearte el cambio climático no es especialmente perjudicial para la industria ganadera. "Obviamente afecta a todas las actividades, pero mucho más a la agricultura que a la ganadería" afirmó y reafirmó sus palabras graficando que "la sequía puede matar 2 de cada 10 vacas, pero el campo de trigo se pierde entero".

Según Rearte, la anterior es una realidad que ya están asumiendo los hombres de campo. "Ya hay una cambio" dijo y añadió: "No es que vayamos a recuperar los 13 millones que se perdieron, pero si algo de ellos. Porque el productor argentino -añadió- nunca se va a ir totalmente de la ganadería: si bien no deja tanta plata como la agricultura, es una inversión más segura".

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