La Argentina, fuera de la agenda del mundo

Por Joaquín Morales Solá

Cristina Kirchner no se reunirá con Barack Obama en Nueva York ni en Pittsburgh. La reunión con José Luis Rodríguez Zapatero será un encuentro de cuatro presidentes (ellos dos más los mandatarios de Brasil y México). Es evidente que la presidenta argentina tiene problemas para concertar sesiones bilaterales con los líderes más importantes del mundo en uno de los momentos de mayor aislamiento de la Argentina desde 1983. Es una consecuencia casi lógica de la política exterior del Gobierno: la Argentina se olvidó del mundo y el mundo se olvidó de la Argentina.

Nunca hubo un pedido formal de reunión a Obama por parte de Cristina, pero todos saben el interés de la presidenta argentina por un encuentro bilateral con el carismático jefe de la Casa Blanca. Viene anhelando ese encuentro desde enero, cuando Obama reemplazó a George W. Bush. Nunca pudo ser, aun cuando se vieron en varias reuniones multilaterales.

En Pittsburgh, Obama será anfitrión del G-20. Demasiados presidentes y jefes de gobierno como para darle un encuentro a solas a cada uno de ellos. En Nueva York, en la asamblea anual de las Naciones Unidas, el presidente norteamericano se ocupará del cambio climático y de la paz en el mundo. La Argentina no figura en esa agenda. Son las razones de la diplomacia que los diplomáticos siempre encuentran.

Pero ¿qué pasa para que siempre existan argumentos formales para explicar la distancia entre Washington y Buenos Aires? Un alto diplomático argentino lo describió así: "Una mala relación con Obama sería el colmo. Es el primer hombre de color que llega a la Casa Blanca, le ha dicho sus verdades a Wall Street en Wall Street y, encima, está promoviendo un innovador sistema de salud en los Estados Unidos. Si los Kirchner se llevan mal con él, entonces su problema es con los Estados Unidos y no con una política en particular".

Fuentes en Washington han relativizado que el encuentro de Cristina Kirchner con Hugo Chávez, al regreso de su gira norteamericana, hubiera sido un factor determinante para obstaculizar un encuentro con Obama.

Pero otras fuentes, menos oficiales, han subrayado la incidencia que tiene esa insistencia de Cristina Kirchner en terminar en Venezuela casi todos sus viajes internacionales. Hillary Clinton acaba de hacerle serias advertencias a Chávez por su decisión de introducir en América latina los negocios armamentísticos rusos.

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El Washington de Obama no se lleva mal con la Argentina de los Kirchner, pero se lleva mucho mejor con otros países. Esa es la verdad. Obama se ha visto a solas con el mexicano Felipe Calderón, con el brasileño Lula y con el colombiano Alvaro Uribe. Nada de eso fue tan expresivo de cierta distancia con Buenos Aires como la invitación especial que le hizo a la chilena Michelle Bachelet para que lo visitara en Washington. "Chile es el mejor ejemplo latinoamericano de una democracia que hizo progresar a su país", explicaron en Washington. Y Bachelet es "una presidenta ejemplar, experimentada en su trato con el mundo, moderada en sus posiciones y con buena cintura política", dicen esas fuentes.

Hay que decir lo que ellos callan: los Kirchner carecen de todos esos atributos. En Washington se está siguiendo el actual y frontal enfrentamiento del kirchnerismo con los medios de comunicación, aunque sus funcionarios siempre evitan pronunciarse específicamente sobre el proyecto de ley de radiodifusión. "Esa es una cuestión interna de la Argentina", puntualizan, pero agregan: "El presidente Obama se ha interesado mucho por la evolución de la democracia en América latina, y la libertad de expresión forma parte de la democracia. Eso está en la agenda de la relación con todos los países del continente. Siempre hay formas para hacer coincidir la pluralidad informativa y la libertad de expresión", recalcan.

¿El problema es sólo con Washington? Veamos. La Argentina ha sido sede en los últimos años de muchas reuniones regionales. Importan, en las relaciones internacionales, las visitas de Estado, porque expresan una voluntad particular de acercamiento entre dos países. La Argentina sólo tuvo tres visitas de Estado en los dos últimos años y medio. En marzo de 2007, estuvo aquí la reina de Holanda; en febrero de 2008, Lula visitó el país, y en noviembre de 2008 lo hizo Calderón. Es el listado más breve en el más largo período desde 1983.

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La relación con España está en estado vegetativo. Los españoles tienen la impresión de que en ninguno de los dos países existe la intención de trabajar juntos.

Hubo dos decisiones impulsadas por los Kirchner que marcaron el final de cualquier paciencia en el gobierno español. Uno fue la expropiación de Aerolíneas Argentinas, que lastimó la relación de Rodríguez Zapatero con el jefe de la principal central empresaria hispana, Gerardo Díaz Ferrán. A pesar de las innumerables promesas del gobierno kirchnerista, nunca se llegó a una solución sobre la salida de la aerolínea de sus dueños españoles.

El otro hecho fue la estatización de los fondos de pensión. El mundo creyó que la Argentina caminaba hacia otro default. Las empresas españolas vieron caer sus acciones un 6 por ciento en un día en la bolsa de Madrid; YPF cayó un 15 por ciento. Se explica: la Argentina es el lugar del mundo donde hay más inversiones españolas, según la relación entre inversión y PBI. La bolsa de Madrid debió cerrar ese día ante el derrumbe de sus empresas. Punto final para los intentos del gobierno español de una relación previsible con los Kirchner.

El propio Brasil ya no es lo que era. ¿Cómo podría seguir insistiendo Lula en una aceitada relación con Buenos Aires si, al final de cuentas, es Guillermo Moreno el que define esa relación? Moreno es el que abre y cierra las puertas de las importaciones.

La paciencia brasileña está a un solo paso de colmarse. Por eso, el Mercosur está más debilitado que nunca. Los motores del Mercosur son Brasil y la Argentina. Pero Brasil se ha convertido en un imponente actor global, mientras la Argentina se ha encerrado en sus pobres, aisladas y mezquinas peleas internas.

¿El motivo de tanto aislamiento es, acaso, el carácter incalculable del matrimonio presidencial argentino? ¿Qué sienten los gobiernos extranjeros frente al gobierno de los Kirchner? Un diplomático extranjero demora la respuesta. Medita. Busca la palabra justa. Al final, la encuentra: "Hartazgo".

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