Argentina, entre los tres países con mayor inflación en el mundo

En base a las mediciones privadas que marcaron un alza de precios de 15%, quedaría en ese puesto del ranking mundial, detrás del Congo y Venezuela. Para 2010 las perspectivas no son muy buenas: se espera una inflación cercana al 18%.
Argentina llegó en 2009 al podio mundial de la inflación. Según el consenso de las mediciones privadas -ya que nadie, ni siquiera un aliado del Gobierno como Hugo Moyano, toma en serio las cifras del INDEC- el año pasado la inflación fue del 15%. En base a ese dato, el país registró en 2009 la tercera inflación más alta en el mundo, sólo detrás de la República Democrática del Congo (ex Zaire) con 31,2% y Venezuela, con 28%) según el ranking de 186 países del FMI.

Acotando la tabla a los países de América latina, Venezuela y Argentina se cortan solos, lejos de países como Uruguay (7,5%); Brasil (4,2%), Colombia (3,8%); Perú (1,2%) o Chile, que sufrió una deflación del 0,5%.

Así, la inflación en Argentina, que se esfuerza en mantener al mismo tiempo controles de precios y un "tipo de cambio competitivo" aparece como una rareza entre los países con desarrollo mediano o emergentes.

De hecho, Ecolatina subraya esta excentricidad argentina: "Solamente nueve de los 186 países que conforman el FMI tuvieron índices de inflación más elevada que Argentina en los últimos cuatro años, y en la región el país es superado sólo por Venezuela". Para la consultora, la suba de los precios al consumidor en el país promedió 17,8 por ciento entre 2005 y 2009. "La historia argentina está signada por la inflación: la suba generalizada de los precios parece ser la regla y no la excepción", concluyó.

El consultor Miguel Bein señala en su último informe que la entrada o salida de dólares es lo que puede marcar el ritmo de la inflación. "Sólo un freno abrupto del nivel de actividad -shock externo mediante- logró moderar a fines de 2008 el recalentamiento de los precios, pasando la inflación de tasas mayores al 28% anualizado en pleno conflicto con el campo, a tasas más cercanas a 12% anualizado en el bimestre mayo/junio de 2009." Ahora, los dólares están entrando, lo que significa que la presión inflacionaria está en alza.

La aceleración de la suba de precios, que se registró a la par de la recuperación económica en el último trimestre del año, anticipa un recrudecimiento del problema en 2010. En contra de lo que opina el Gobierno, que proyectó una inflación de sólo el 6%, las estimaciones privadas apuntan a que la suba de precios de este año rondará entre el 18% y 20%. Es la cifra en la que coinciden, punto más, punto menos, las proyecciones de los consultores Bein, Miguel Broda, Ricardo Delgado, Ecolatina y Miguel Kiguel, entre otros.

En el Banco Central comparten esas proyecciones, de ahí la inusitada crudeza con que Martín Redrado planteó el problema inflacionario la semana pasada, cuando emitió el programa monetario para 2010 y volcó allí duras críticas hacia varias áreas del Gobierno, por no acompañar al Central en una política consistente para enfriar los precios. (Ver página 4).

Aunque suene raro, el Central, a ojos de los privados, logra zafar de las culpas. Para los analistas, Redrado tiene poco margen de maniobra, tanto por la escasa dimensión del mercado financiero como por la "dominancia fiscal", es decir, por el hecho de que el Tesoro es el que marca el ritmo de la economía y, de paso, financia sus necesidades con fondos del Banco Central, cuya mentada "independencia", pasó a un segundo plano.

Así, los análisis responsabilizan por la inflación a la política de incremento constante del gasto público que están llevando adelante los Kirchner para impulsar un crecimiento económico que les dé alguna chance en las presidenciales de 2011.

Las últimas señales oficiales no son auspiciosas para la mirada de los analistas. El financiamiento de la Asignación Universal por Hijo con fondos de la ANSeS y el pago de la deuda con reservas del BCRA liberan fondos del Presupuesto que ahora podrían orientarse discrecionalmente a otros gastos.

El aumento constante del gasto público, a un ritmo del 35% anual, con una recaudación que este año creció nominalmente apenas un 12%, está en el centro de todas los argumentos que explican la suba de precios. Al menos de los privados. No para el Gobierno, y algunos de sus aliados de centro izquierda, que piensan que "los precios suben porque el empresario formador de precios busca agrandar su porción en el reparto de la riqueza".

Lo cierto es que ante ese panorama, la Argentina parece asegurarse un lugar en el podio mundial de la inflación de 2010.

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