La Argentina del corto plazo

Por: Osvaldo Pepe

En el largo plazo estaremos todos muertos". La frase, referida a un debate sobre teoría monetaria, la dijo John Maynard Keynes, el hombre cuyas ideas hicieron posible la recuperación del mundo luego del gigantesco colapso de Wall Street en 1929, y que serían instrumentadas por Franklin D. Roosevelt en EE.UU. ante la profunda recesión de los años 30. Aquella hecatombe, entre otras de sus gravísimas consecuencias, significó para la Argentina una larga mishiadura que sirvió de inspiración a los juglares del desencanto, plasmadas en recordadas poéticas tangueras sobre el naufragio colectivo ("...cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer secándose al sol" o "¿dónde hay un mango, Viejo Gómez?")

Entrenados en la estafa de gobiernos y bancos, víctimas de las trapisondas institucionales de todo tipo, los argentinos hemos crecido bajo el arte sinuoso de la desconfianza. Acaso ese crónico desengaño influya en lo que ha detectado una consultora en un sondeo a personas de clase media mayores de 40 años, que hoy difunde Clarín. Del mismo surge que los argentinos nos llevamos muy mal con el largo plazo y que preferimos poner el foco en la coyuntura. Estamos condenados "a un eterno presente".

Tiene lógica: el pasado lastima, el futuro asusta. De allí que, según este estudio, nos cuesta tomar decisiones cuyas consecuencias impacten varias décadas después. Eso quiebra la cadena del progreso, el compromiso y la solidaridad intrageneracional. Hoy, en la crisis, el Gobierno apunta a sostener el consumo. Y su horizonte parece alcanzar sólo hasta las urnas de 2009. Después, Dios dirá. Acaso el genio Keynes nos siga asistiendo con sus ideas que, paradojas al fin y al contrario de su frase, fueron para el largo plazo. Tanto que hoy seducen al mundo entero.

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