Argentina, camino a la recesión

Por: Alcadio Oña

Cada vez más economistas creen que la Argentina no logrará zafar de la recesión. Nada, al fin, muy diferente de lo que pasa en otros países. El punto es el sacudón que significa venir de seis años de crecimiento sin pausa, con tasas al borde del 9%, y retroceder a menos del 0%. O al magro 1,5% que estiman analistas más cautos.

En enero, la producción de acero cayó 32% respecto del mismo mes de 2008 y 47% la de hierro. La de cemento, 12,8% en febrero. En autos, el desplome es todavía mayor: 55,7% el mes pasado. La capacidad ociosa en la industria metalúrgica llega ahora al 45%. Se calcula que las ventas de equipos de aire acondicionado bajaron 30%, lo cual implica acumulación de stocks y menor producción futura, algo parecido a lo que ocurre con televisores y línea blanca.

Ninguno acusó recibo de los programas oficiales de estímulo a la demanda, morosos y burocráticos, ni el impacto del crédito financiado con fondos de la ANSeS. Se flexibilizó el plan canje de autos, porque no se habían patentado ni 50 unidades.

Sin embargo, hay economistas que no perciben un horizonte oscuro parejo, sino un panorama heterogéneo. Dicen que en otros sectores el bajón no es tan pronunciado, que hay algunos, como la alimentación, en signo positivo u otros, aunque muy escasos, donde existe cierta inclinación a arriesgar inversiones.

Hasta apuestan a que la Argentina "está en condiciones de bancarse una recesión normal". Casi un paraíso, si se mira la seguidilla de bancarrotas sin fin a la vista en el centro del mundo.

Pero en este cuadro también ponen una condición que consideran crucial: que el poder político maneje la circunstancia prolija y racionalmente, o sea, que no cometa torpezas como la increíble, costosa pelea con el campo. Hay mucho clima de incertidumbre, y las expectativas están ahora en un punto más sensible que nunca: toda una ciencia siempre compleja que, evidentemente, el Gobierno no domina.

Decisiones tomadas sin medir los efectos o sólo atendiendo a aquello que aparecía más próximo -la caja, en el caso de las AFJP y las retenciones-, provocaron el año pasado una salida de capitales calculada en más de 20.000 millones de dólares. Dice un economista que no milita entre los gurkas nativos: "Nadie le pide al Gobierno que no gobierne, sino que lo haga y que lo haga calibrando bien las consecuencias. Pues los tiempos ya no son los mismos".

Parece de este tiempo que el kirchnerismo haya pinchado el globo del superente estatal para el mercado de granos. No porque resulte innecesario mejorar el sistema comercial o equilibrar los beneficios entre quienes producen y quienes exportan, sino porque el proyecto habría desatado otro temblor interno. Además, habría acentuado la dispersión de fuerzas propias y terminado en una nueva derrota, si se pretendía aprobar una ley en el Congreso: sólo por este lado, puro costo político.

Más de un funcionario admite que las cosas no están como para agregar sofocones propios a lo que viene de afuera y que el margen de error resulta muy estrecho. Esto es, que aunque la posición de reservas del Banco Central sea sólida, la presión sobre el dólar es un factor siempre al acecho: se vio estos días, cuando el BCRA y el Nación salieron a vender para frenarlo.

Es bastante más que obvio, pues, que sería intolerable una fuga de capitales como la de 2008; justamente, en un mundo que se dolariza. Y está claro que el espacio del Central para hacer política cambiaria y monetaria también se ha estrechado.

Según estimaciones privadas, este año las exportaciones caerían entre 10.000 y 13.000 millones de dólares. Traducido: menores ingresos a la economía, menor oferta de divisas y mayor dependencia de las ventas del sector agropecuario, apretadas por el bajón de la cosecha y el derrumbe de los precios internacionales. Se dirá que lo último en resentirse en el mundo es la demanda de alimentos, pero la tonelada de carne de primerísima calidad que la Argentina vende en Europa bajó de US$ 18.000 a US$ 12.000, casi 40%.

Sea porque se quiere sostener el superávit comecial, proteger a algunos sectores, frenar la demanda de divisas, o todo a la vez, lo cierto es que se están pisando las importaciones. Igual, ya venían en baja por la retracción económica

Sin que nadie piense seriamente en una ola de despidos, es cada vez más ostensible que el mercado laboral ya percibe el impacto del repliegue, bajo la forma de suspensiones, achicamiento de la jornada de trabajo y pérdida de ingresos. Y son también evidentes los esfuerzos del Gobierno para regular la situación. Al menos en los grandes centros urbanos y en los casos más sonoros, porque en el interior y en las pymes pérdida de empleos sí que hay.

Con todas las variables en estado de miráme y no me toques, la consigna kirchnerista es remar hasta las elecciones, en la creencia de que, así como están las cosas, se puede ganar en octubre. No es algo que dependa de la voluntad propia. Pero es obvio que también cuenta mucho lo que Olivos haga en la economía.

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