Areco: bajó el agua y muchas casas quedaron destruidas

El Comité de Crisis dijo que, si no llueve, el 98% podrá regresar a su vivienda el jueves.
Para algunos evacuados regresar ayer a sus casas fue tan dramático como esperar que la lluvia parara, mientras veían a sus pertenencias desintegrarse bajo el agua. Así se sienten los casi 3.000 vecinos de Areco afectados por la inundación. Dicen que la vida entera se les fue nadando. Con los pies enterrados en el barro que dejó la inundación récord de esta ciudad, repiten que tienen la esperanza de rearmar (algo de) su hogar con subsidios y créditos para arrancar el 2010 de cero. Ahora lo único que quieren limpiar antes del jueves cada rincón húmedo, para sacar el olor a viejo que dejó la inundación en sus casas.

Desde el sábado habían caído 320 milímetros de agua en total. Y ayer al mediodía se desató un diluvio y cayeron otros 30 milímetros más. Sin embargo, el agua bajó y dio un respiro a algunos de los 3.000 evacuados de los barrios Amespil, Conuglio y San Pancho -los más afectados-, para apilar los muebles rotos y colchones mojados (casi podridos) en la puerta de sus casas, que quedaron marcadas con una línea recta, por dentro y por fuera, con el nivel que alcanzó el agua hasta el lunes a la noche. En algunas, esa huella llega hasta las manijas, en otras, a las ventanas. Según Aldo Menconi, miembro del Comité de Crisis y presidente del Concejo Deliberante de esta ciudad, "si no hay más lluvias, el 98% de la gente podrá volver mañana a sus casas para pasar el Año Nuevo". El Servicio Meteorológico Nacional no prevé lluvias hasta el viernes.

En Amespil, Gloria Bezmalninevic (30 años) y su marido Hugo Nicotera (remisero, de 38) improvisaban una mesa con tablas de madera para almorzar las milanesas que habían repartido antes en el gimnasio municipal, donde hay 60 evacuados. Ellos todavía recuerdan como se subieron al techo el sábado con una escalera de madera que encontraron de casualidad en el fondo del jardín. Su hija, Abril (5), se fue sola en el camión de bomberos hasta la ruta 8 para encontrarse con su tío. La nena le preguntó a su madre dónde estaban su cama y sus juguetes. "Eso es lo que más te duele. No pegamos un ojo hasta ayer. Sólo salvamos un colchón, el lavarropas y la máquina de cortar pasto, ¿cómo salimos de esta?", dijo. Pablo García, un vecino de 35 años y cadete, que vive a dos cuadras, recordó que "antes cuando llovían 200 milímetros sólo se inundaba la calle, no pasaba esto". Ahora no le quedó nada: "Tengo que volver a empezar todo el esfuerzo que me llevó años".

El valor de toda una vida se veía en cada entrada de las casas vacías: ropa tendida, que seguía mojándose, muebles destruidos y cajones que servían de bancos. Y la imagen del Museo Güiraldes, donde se intentaba secar manuscritos y documentos originales.

Senona Odulía, una jubilada de 80 años, dijo que jamás en su vida vio tanta agua junta mientras su hijo Antonio Flores encontraba su documento cubierto de barro. Su hermana María, mostró como su casa se había convertido en un río. Los muebles viajaban desde el living hasta una habitación, y la cocina se había dado vuelta. Luís Gaitán, empleado rural de campo de 61 años, sacaba con un secador el agua acumulada.

Desde su despacho, también afectado por el agua, la intendenta Estela Lennon atendía descalza y reclamaba al gobierno provincial un proyecto hidráulico para evitar que esto se repita. Desde Provincia, se designó una partida de un millón y medio de pesos al distrito de San Antonio de Areco, y 500 mil pesos al de Arrecifes, para las familias afectadas por las inundaciones. Fuentes del ministerio de Desarrollo Social explicaron a Clarín que los fondos serán entregados a través de subsidios y que cada municipio definirá los montos según los daños que haya sufrido cada familia.

El último análisis físico, químico y microbiológico elaborado por el Club de Pescadores de esta ciudad del 16 de diciembre, al cual accedió Clarín, diagnosticó al Río Areco como "agua no apta para prácticas acuáticas directas porque se observa elevado el valor de coliformes y presencia de bacterias colifecales por el vuelco de líquido de materia fecal sin tratamiento previo".

El director de Salud local, Raúl Alonso, afirmó que aún no recibieron consultas con síntomas como fiebre o diarrea. Pero anoche una camioneta con megáfonos recorrió las calles para concientizar sobre el uso de agua: no tomar agua de la canilla, lavar los platos con una cucharada de cloro y tirar los residuos que contengan agua para prevenir enfermedades.

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