"El arco de Boca es mío".

El pibe no se asusta por la llegada de un fuerte competidor y, desde las playas de Mar del Tuyú, avisa: "Si estoy bien de la lesión, le voy a dar pelea a quien sea".
Si yo hubiese sabido que Tigre no iba a patear más al arco en esos 20 minutos, yo me moría adentro de la cancha".

Todavía reniega. Se fastidia. "Fue muy injusto lo que me pasó. Por esa lesión no pude demostrar lo que yo sé que puedo dar", se queja. Pasaron 13 días. Pasó la vuelta olímpica, el brindis de Navidad y de Año Nuevo. También pasó su cirugía, la que por fin le sacó de encima la pubialgia que desde hacía casi 11 meses no lo dejaba dormir, literalmente. Y él, Javier Hernán García, aunque no se reprocha nada ni se arrepiente de sus decisiones, aún sostiene su pesar por su lesión, su bronca por no haber terminado el partido final en su primer torneo como titular. Por eso, dice, no lo piensa largar: "El arco de Boca es mío", avisa, a quien lo quiera escuchar, en España o en Colombia...

-Se habla de que va a llegar un arquero...

-Yo estoy disfrutando del campeonato que ganamos, así lo vivo. Siempre se habló, en los cuatro años y medio que llevo entrenando con la Primera. Aldo (Bobadilla) vino y ganó cosas. Caranta también. Mientras sea para sumar, está perfecto.

-Pero competirían con vos. Y con ventaja...

-Siempre se tiran mil nombres, hay que ver. El titular sigo siendo yo, el arco de Boca es mío. Si yo estoy bien de la lesión, sé que es mío. Y le voy a dar pelea a quien sea.

-¿Y por qué tanta seguridad?

-Porque sé lo que puedo dar, que no es lo que se vio. Si yo me recupero bien de la lesión, voy a poder tirarme sin problemas, sacar mejor del arco, salir con seguridad en los centros, jugar con los pies... Como fueron mis primeros partidos, como fue contra Liga de Quito... Después se empezó a agravar la lesión y ya no fue lo mismo.

El 26 de diciembre, 24 horas después del título, Javi pasó por el quirófano para operarse de la pubialgia. Jorge Batista, médico del plantel, se encontró con la zona en bastante peor estado de lo que se esperaba. Al día siguiente, el pibe que el 29 cumple 22 años, comenzó la recuperación. Le dieron permiso para irse cinco días a Mar del Tuyú, el mismo lugar en el que estuvo el año pasado, con la diferencia de que, ahora, todos lo conocen. "Me da risa la situación porque hace cuatro meses no me conocía nadie. Me piden fotos y autógrafos. Y me dan muchos mensajes de aliento. Me piden que siga en el arco", relata. Ese camino al retorno comenzará el miércoles 7, día en que le sacarán los puntos de sutura.

-¿Por qué no se dio a conocer tu lesión?

-Porque no me parecía tan importante. Al que me preguntaba cómo estaba, le contaba. A lo mejor mi error fue no vender un poco más de humo. Pero no quise darles de comer a los buitres, a los rivales y a los de afuera...

-Pero tuvo su precio.

-No, yo asumo mis culpas. El único gol en el que tuvo incidencia mi lesión fue con Tigre, porque el cuerpo no me respondió. Y por eso pedí el cambio, no podía arriesgarme a que me tocaran una pelota atrás y no poder patear. No podía ser tan boludo, tenía que pensar en el equipo. Y salí de la cancha llorando, pero del dolor. En los festejos, no podía saltar...

-¿No tuviste miedo de que perdieran el campeonato por eso?

-Nooo, para nada. El equipo estaba muy bien, me daban seguridad. Además, cada vez que yo hacía una cagada, el equipo metía tres goles, je.

-¿No era mejor parar?

-Yo no quería saber nada con perderme algún partido. No quería salir más. Lo charlábamos con los médicos y el cuerpo técnico. Yo venía con la lesión desde enero, pero como era suplente no me operé y se me hizo crónica. Y cuando empecé a atajar seguido, miércoles y domingo, fue empeorando, al punto que el día después de jugar me quedaba tirado en la cama. Vivía para la lesión.

-¿En qué sentido?

-No tenía recuperación. Después de los partidos, no podía ni festejar, al día siguiente me quedaba en cama. Cuando empecé a atajar seguido, no me podía bajar de la cama, me tenía que ayudar con las manos. No podía manejar ni estornudar. Los martes trotaba un poco, pero no me bajaba el dolor. Calentaba con el Gringo (Civarelli) y él me cuidaba, lo hacíamos largo para cuidarme. Después de la práctica me hacía masajes y por la tarde también.

Empecé con corticoides, pastillas, hasta que me empezaron a infiltrar. Hasta que el día de Tigre se me desprendió el tendón...

-¿Por qué llegaste a ese punto?

-No me quería perder nada. Pero en el último partido, un rato antes del gol, saqué del arco y sentí un ruido. Y la pierna derecha me quedó boba, como cuando me rompí los ligamentos. Se me empezó a poner dura. Hasta que vino la jugada del gol y entendí que no podía seguir. Se me rompió todo. Yo jugué hasta que el cuerpo me lo permitió. Sabía que podía pasar, era una posibilidad.

-Al final, ¿la cirugía fue un alivio?

-Uf, fue sacarme un peso enorme de encima. Ojo, ya estaba programada desde hacía tiempo, pero fue mejor aún que se haya desprendido el tendón. Me dejaron 0km, hasta me arreglaron el otro aductor, que estaba desgastado. Ahora me duelen los puntos, pero ya no la lesión.

Es la primera vez que García habla con tanta soltura de la lesión que no le permitió rendir como lo hubiese deseado, luego de 12 años en las Inferiores del club. Quizá por eso fue que sus compañeros siempre lo bancaron. Sobre todo, Juan Román Riquelme, quien públicamente hizo una defensa del pibe campeón. "Román es un amigo, me llama todos los días. Hablamos de todo, de fútbol, de la vida. Después de la vuelta, me dijo que lo disfrute, que tengo 21 años y hay tipos de 40 que nunca dieron una".

Se disculpa y se va a la playa. Le queda poco descanso antes de volver. Será el primero. No le quiere dar ventajas a nadie: quiere el arco para él solito...

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