He aquí el Partido Nuevo

El líder del monoblock electoral Partido Nuevo-Frente Cívico, el ex intendente Luis Juez, acaba de declarar en la ciudad de Río Cuarto que "la honorabilidad, la decencia y la transparencia se defienden en la calle sin fueros ni privilegios (…) nosotros, a esas materias, las hemos rendido con diez".
Probablemente sean los autoconvocados de la UEPC quienes le hayan puesto esas calificaciones, pero la verdad es que la asimetría entre estas palabras con la realidad no puede ser más abismal.

El juecismo ha entrado en una decadencia inocultable, tanto en su faz electoral como discursiva. Las elecciones del pasado 28 de junio parecen haber señalado el inicio de tal declive. Las razones de la distancia entre las expectativas iniciales -cuando se proclamaba que "vamos a sacar casi un cincuenta por ciento de los votos"- y la magra cosecha finalmente obtenida, no deben ser buscadas en la metafísica de la política o en alguna conspiración de la sinarquía internacional, sino en cuestiones más prosaicas. Es inevitable mencionar, en este punto, el novelesco distanciamiento personal de Luis Juez con Daniel Giacomino, causa eficiente de la fatal municipalización de la campaña electoral y el estallido en la propia cara del candidato de las enormes contradicciones financieras en las que dejó sumido al municipio gracias a su alianza con Rubén Daniele. El mensaje de las urnas fue claro: no se puede dar un cheque en blanco a quien despierta un mar de dudas a la hora de gestionar la cosa pública.

Poco después de aquel traspié se sumaron nuevas desventuras institucionales, las que impactaron de lleno en el núcleo duro del discurso juecista. El presidente del bloque de legisladores del Frente Cívico, Miguel Angel Ortiz Pellegrini, fue acusado de "indignidad" por haber violado serialmente el artículo 88 de la Constitución Provincial, el que prohíbe a los legisladores patrocinar juicios de carácter patrimonial contra el Estado. Abrumado por las pruebas, presentó su renuncia para escapar a la previsible condena. Ahora se conoce que el concejal de esta fuerza, Fernando Machado, habría continuado litigando a favor de los choferes de la Tamse (es socio de Ortiz Pellegrini) sin renunciar a tal patrocinio luego de haber asumido como concejal, algo que también está prohibido por la Carta Orgánica Municipal. No hace falta ser demasiado perspicaz para anoticiarse que no son estos buenos ejemplos de la declamada "honestidad y decencia" que se supone encarna el Partido Nuevo y sus satélites.

Los ejemplos siguen. A finales de agosto, el legislador Eduardo Bischoff (un respetable gerente de una no menos respetable multinacional) reclamó la renuncia del gobernador Juan Schiaretti ante la advertencia que la Provincia debería emitir bonos si la Nación no cumplía con sus compromisos. Atónitos ante semejante irresponsabilidad, tanto el oficialismo como la oposición provincial lamentaron semejante exabrupto. El propio líder del fin del choreo de-

sautorizó sus expresiones. Nunca más se supo de este novel dirigente, otro de los "renovadores" introducidos a la arena política por el juecismo, pero los ecos de semejante intemperancia aún perduran. Todo indica que "las brevas no están maduras" para que este partido asuma responsabilidad alguna con la debida coherencia.

Como si todo esto no fuera poco, la semana pasada el doctor Miguel Tregnaghi dio a conocer las retractaciones que Juez se había comprometido a hacer públicas mediante solicitadas en diferentes medios de prensa, un compromiso que -huelga decirlo- jamás cumplió. Como se recuerda, el ex intendente había sindicado a Tregnaghi de ser un monstruo que utilizaba niños humildes para experimentación farmacológica de insensibles laboratorios internacionales dentro del Hospital Infantil. Como tantas de sus otras acusaciones, se demostró que todo era una vulgar mentira, pero el daño ya estaba hecho. La moraleja es que Juez no sólo injurió a una persona inocente durante cuatro largos años sino que, luego de reconocer su error, lo engañó diciendo que publicaría sus disculpas sin tener intención alguna de hacerlo. Curiosa conducta de quien dice ser la encarnación del honor y la ética.

Finalmente, una última desventura para esta fuerza redentora, también protagonizada por el concejal Machado. En la edición de LA MAÑANA de ayer se dio a conocer que el juecista es investigado por la Justicia de Santiago del Estero por la presunta compra de un bebé. El hecho, más allá de las aclaraciones de su esposa, está envuelto en un manto de dudas que el tiempo seguramente develará. Normalmente no nos ocuparíamos de un caso así, cercano al drama familiar y a la crónica policial, pero -en el contexto simbólico planteado por el Partido Nuevo- el tema no puede ser soslayado. Es inevitable evocar que esta persona integra, junto con Juez y Ortiz Pellegrini (entre otros), el conjunto más feroz de auditores de la honra y las conductas ajenas que la provincia de Córdoba recuerde.

Debe siempre recordarse que quien cree tener la autoridad moral para levantar cargos y sospechas con la misma naturalidad con que se toma el desayuno, debe ser consciente de que su vida pública y privada no puede tener fisuras, bajo el riesgo de caer en la hipocresía o la mera impostura. Esto es lo que está sucediendo con el juecismo desde el 28 de junio: un juego de doble moral, traiciones, mentiras, agravios y violaciones a la ley que hubieran hecho palidecer de envidia a los Borgia. Todo en nombre de la honestidad y la decencia, materias en las que -según Luis Juez- tienen un "10 felicitado". Sin duda, la calidad educativa está por el suelo.

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