Aquella Revolución de Terciopelo

Hace veinte años, una marcha ritual que recordaba los cincuenta años de la violenta represión nazi del ’39 se desvió, giró consignas y terminó por tumbar al gobierno de Milos Jakes, fiel a los dictados de Moscú.
La plaza de San Venceslao ocupa varias manzanas anchas en el centro de Praga, a metros del río Elba. Es el centro político de la actual República Checa. Fue acá donde tuvo su auge la Primavera del ’68, fue acá donde después las tropas rusas entraron. Y fue acá también donde hace exactamente veinte años una marcha ritual, esa que conmemoraba los cincuenta años de la violenta represión nazi del ’39, se desvió, giró consignas y terminó por tumbar al gobierno de Milos Jakes, fiel a los dictados de Moscú. Primero los medios en el exterior, después los mismos checos llamaron a esas jornadas como "Revolución de Terciopelo".

El clima ya venía espeso en la Checoslovaquia de aquel entonces desde hacía ya varios meses. En enero, con masiva concurrencia, se habían conmemorado los veinte años de la inmolación de Jan Palach en plena plaza. Palach fue un estudiante que en 1969 se quemó a lo bonzo protestando contra la incursión de los cinco ejércitos del Pacto de Varsovia y el fin del "socialismo con rostro humano" que había florecido en la primavera. Así fue como, desde el 15 de enero del ’69, el muchacho se transformó en un símbolo para todo el arco opositor.

Pero a diferencia de los años anteriores, esta vez, por una razón u otra, las movilizaciones serían constantes. El gobierno respondía agresivamente y así el antagonismo se potenciaba. Todo en un contexto internacional en el que, desde Moscú, Mijail Gorbachov impulsaba reformas, tanto económicas como políticas. Los mismos manifestantes se apropiaban del slogan del ruso y exigían sus propias transformaciones al gobierno de Jakes: "¿Quién, si no nosotros? ¿Cuándo, si no ahora?".

El 4 de junio, el gobierno chino reprimió violentamente en Tiannamen. El hecho conmovió a Europa del Este, que veía un futuro similar para su propia realidad. "Hoy Beijing, mañana Praga", advertían. En octubre, las marchas continuarían, incesantes.

Pero la caída fue por un desvío. Era noviembre del ’89, y las juventudes socialistas organizaron junto a los disidentes universitarios una movilización que recordaba los cincuenta años de la represión nazi en el entierro del estudiante Jan Opetal. El nazismo era repudiado por unos y otros, así que en ese punto no hubo discordia.

El problema llegó cuando pretendieron fijar el trayecto de la marcha. Pero finalmente se pusieron de acuerdo en que concluiría en el cementerio de los próceres, en plena capital. Las 15 mil personas reunidas caminaron en paz hasta el lugar acordado.

Pero el desmadre no se hizo esperar y, al finalizar, hubo una reacción espontánea. La marcha giró y pretendió entrar a la plaza de San Venceslao. Hubo enfrentamientos, represión y detenidos. En los días posteriores, la cosa siguió. El 20 fue fundado el "Foro Cívico", plataforma política que exigía la puesta en libertad de todos los presos políticos, libertad de expresión, una investigación imparcial de la intervención policíaca en la Avenida Nacional, la dimisión de los dirigentes comunistas y reformas políticas. El 24 de noviembre debió renunciar la Secretaría General del Partido Comunista. El 25 y 26 de noviembre se dieron las mayores manifestaciones de toda la semana, casi un millón de personas se reunió en la planicie de Letná, donde pronunciaron un discurso varios disidentes, entre ellos el dramaturgo y cofundador del grupo "Carta 77", Vaclav Havel. El lunes, 27 de noviembre, las protestas terminaron cuando, ante la amenaza de una huelga general, el gobierno dimitió. El 29 de diciembre, sólo 42 días después, Havel fue elegido presidente de la República Checoslovaca. En julio de 1992, Checoslovaquia dejó de ser una unidad para volverse dos Estados: la República Checa y Eslovaquia. Havel seguiría comandando los destinos checos hasta 2003. Hoy, ambos Estados forman parte de la OTAN.

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